domingo, 15 de noviembre de 2015

Cuando se bajaron del tren ella le preguntó cuál era la dirección de su casa, él se la dio y expresó su duda sobre si la volvería a ver. Ella dijo que no.
Una implacable ausencia ocuparía el sitio que Nina nunca ocupó, que no debía ni quería ocupar (que incluso ya estaba reservado sin siquiera saberlo). No debía importarle porque no la conocía, sólo la había visto unos segundos y nada más.
Y ella no se enamoraba desde hace rato.
Sin embargo, cuando llegó a su casa se dispuso a escribirle una carta que luego enviaría a su dirección.
"No más melancolía ni poesía de estación.
Sos más que rutina y monotonía pero te dejás consumir por eso.
Si vas a dormir en el sillón que sea por un buen motivo y si tenés que irte, también.
Yo también me voy, siempre me voy. No encajo en ningún diagrama.
Acordate de la ruptura.
Besos,
Nina."

jueves, 24 de septiembre de 2015

Ya había algo raro en el aire, lo percibí mientras caminaba para mis clases de violín. Era ese viento que hacía temblar los árboles, que arrastraba las hojas hacia un precipicio, que sacudía las antenas de los autos y  enmarañaba el cabello con una avidez temerosa.
Era ese viento mensajero de malos augurios el que me avisaba entre siseos ásperos que estaba por morir.
Estaba por morir. Sí.
Y realmente no me importaba.
Podría haber sido el sol, la luna u otra cosa lo que me percatara de mi desfallecimiento, sin embargo fue el viento. Será, quizás, que siempre me enamoro de lo pasajero y alguien deseó que mi muerte fuese igual de efímera, pulcra, como un corte rápido en el tobillo (de esos que sangran después).

Tarde

"A veces escribo sobre cosas que no valen la pena" así empecé diciendo, pero después pensé "no valdrá la pena pero sí las palabras". Y acá estoy, llenándote de letras.
Podría hablar de tu postura desgarbada, de lo bien que te queda ese cigarrillo en la boca, de esos ademanes soberbios (y un tanto divertidos) que hacés cuando alguien contradice tu discurso. Podría mencionar que caminás con altanería cuando sabés que te estoy mirando y agachás la cabeza cuando creés que no te observo.
Te gusta impresionar, te gusta sentirte inteligente. Necesitás demostrarlo. También necesitás tener el control de todo, de las personas, de mí. Nunca pedís, siempre demandás.
Tengo la obligación de escribir de tus expresivos ojos color oro, lo firme que es tu mano en mi cintura o tu boca en mi cuello. También de lo angelical que parecés estando dormido, encerrándome torpemente entre tus brazos  e intentando resguardarme entre espasmos oníricos.
Y lo más lindo: la manera en la que me tocás. Llegás a mí a través de las palabras.

¿Llegaste bien a casa?

Dejo el vaso medio vacío sobre la mesa, muerdo mi labio inferior que todavía tiene gusto a vino tinto. Me pregunto si lo que me mantiene inquieta es lo que significó en contraposición a lo que yo puedo significar. Si es que soy alguien. Si es que algo de sentido me queda (o si existe el sentido independientemente).
Quizás nunca signifiqué nada fuera de mi círculo. Cuando yo armé mi mundo ya había gente dentro, después de eso, ¿alguien más ingresó? ¿alguien más se quedó? qué estúpida por no llevar un registro.
Cuesta dejarme conocer y no sé si eso me alegra o a caso, me asusta.  También cuesta que alguien me importe y que me empatice (como dice Pessoa: "sentí demasiado como para seguir sintiendo").
Me moví incluso cuando estaba estancada y soñé incluso cuando tenía insomnio. Odio la metafísica y a veces no hago más que seguirla.
Pero qué sé yo. Fui muy abstracta y ahora no estoy más que resumiendome a lo concreto, a esto: al vaso de vino.
No quiero hablar de mis lirismos. Ni de sus lirismos. Ni de los de nadie.
Escribir un poema es encarnarse o esfumarse. No quiero que eso se me impregne ni quiero que se espante.
Yo, siempre tan efímera, busco lo estático. No, más bien, lo seguro.
Busco, quién sabe, que me pregunten: "¿llegaste bien a casa?".

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cristal y cenizas.

Llovía y sonaba Franz Liszt.
Estaba sentada en mi cama estéril mirando fijamente un panel blanco en el que algún momento alguna de mis yo decidió inscribir el final de The Raven de E.A. Poe: "Y mi alma, de la sombra que yace flotando en el suelo, no se levantará, nunca más".
Caigo en la cuenta de algo: nada de lo que soy es suficiente. Y en verdad, ¿qué soy?
Hay muchas voces gritando dentro de mi conciencia y ninguna es la mía. Mi vida transcurre entre liturgias pero en ninguna logro consagrarme. Porque así se siente el espacio cuando uno ya no quiere sentir: todo y a la vez, nada.
Me busco entre los cantos de los ahogados, me busco entre las risas festivas y joviales y sólo me encuentro en el eco de unos ojos melancólicos que siguen mis pies amarrados a las baldosas frías. Y así, con los tobillos ensangrentados, logro huir de aquella amalgama de tentaciones antropomórficas.
Me escondo tras un muro negro y beso el tiempo, que es tangible como el aire y el viento. Busco esa mirada que emana represión y martirio, sí, esa, la que me cita de madrugada en el espejo.
Y ahí está la chica de cristal. La encuentro débil arrodillada y temblando, enroscada entre cigarrillos consumidos por las ansias. Tiene una sonrisa agrietada, expectante ante un nuevo sentido (mueca que sólo gesticulan las criaturas rotas).
Abrirme al significado y que el significado se cierre sobre mí, verla mirándome y mirarme a la vez. Porque así se siente el espacio cuando uno ya no quiere sentir: ella y a la vez, yo.
Todo y a la vez nada.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Año y medio.

"Todas las cosas que me regalaste, todas las cosas que algún día pudiste darme, están ahora en una caja buscando el sentido de porqué están guardadas.
Durante un tiempo ni siquiera era consciente de lo que significabas en mi vida. No, no hablo de un carácter fundamental, hablo de un eslabón perdido, complementario y no tan necesario, pero igualmente bonito. Eras un detalle, le dabas un poco de color a mis días. Y cuando te alejaste, y te llevaste todo aquello que me diste en su momento, me quedé sumida en una escala de grises, me quedé en ese recoveco del olvido en el que me dejaste.
Y quizás algún dia vuelvas, algún día el interés regrese y pienses "¿qué será de la vida de aquella idiota?" y vengas a mi casa y me encuentres convertida en otra. No dudo de que sea así, no dudo de que en algún momento voy a encontrar a alguien con el que sí me funcionen las cosas, no lo dudo en lo más mínimo, como ya te dije. Lo único que sos en mi vida es una suma de colores cálidos y sonrisas, como a la vez, colores fríos y lágrimas. Algún día se me pasará, en realidad, algún día ambos decidiremos que se me pase, yo por un lado, a través de la resignación, y vos, por el otro, a través del olvido.
Y cuando ese momento llegue, y vos seas olvidado, ya nada será lo mismo, ya no voy a sonreír al ver tu nombre, ni voy a sentir vértigo al verte, ni te voy a escribir, ni voy a cantarte o hablarte o leerte. Y ahí, la página del libro se pasa, una vez más y yo ya voy a estar perdida entre versos, imposible de encontrar e impertérrita a lo que tengas que decirme.
Claramente, esto sucedería en el caso de que estés seguro de que no querés nada conmigo porque como bien sabés, soy la que se aferra hasta la última promesa y esperanza, soy así, "de las buenas" ¿te acordás?
Y mientras vos te decidas, o mientras yo pueda aceptar la evidente decisión, mi vida va a pasar entre discos que me recomendaste, poesías que te escribí y en la esperanza que la vida me dá cada viernes y cada 28 y 14 del mes.
Te quiere.
Valentina."
29-4-14 (Un día después de mi cumpleaños nro 14)
Me sentiría orgullosa al decir que ese día le dí fin, pero en realidad, no estaba más que comenzando. Y recién ahora, después de más de un año y medio, puedo decir que logré pintar el diagrama con mis propios colores.
Los matices son míos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Ensayo sobre la capa de desconsuelo.

Se denomina desconsuelo, a la frontera metafísica que contiene una concentración relativamente alta de dolor y desasosiego producido por los golpes de la vida que se van padeciendo desde que nacemos. Esta capa de aflicción se extiende desde la partícula más ínfima del ente y absorbe el 90% de la monotonía y pesadumbre cotidiana engrosándose cada vez más y aislando la parte central, o mejor dicho, la zona recubierta: la ternura y empatía de la persona.
El desconsuelo es un decaímiento ante una pena o angustia producida por diversos factores que son atribuídos, generalmente, al entorno del individuo que está envuelto por esta cubierta tan particular.
La concentración de esta capa es mayor en casos de soledad, depresión, abandono, baja autoestima, pérdidas, ausencias o problemas de perspectiva. Si todo ese desconsuelo fuese comprimido gracias a la contención de los afectos, esta capa tendría sólo tres lágrimas de espesor.
Este revestimiento actúa como filtro, o escudo protector, de la realidad nociva y del desamparo que llegan al punto débil del alma permitiendo que ingresen otras sensaciones de igual potencia putrefacta llegando a la superficie del ser. Esta capa conformada por sufrimiento le da una opción a la persona de aislarse y pensar que estará mejor bajo aquella zona de confort inexisistente y utópica.
Al margen de este desconsuelo, cabe mencionar que el 10% de aflicción restante está contenida en las relaciones afectivas, es peligroso para estas personas que conforman este círculo por su fuerte carácter destructivo. Elevadas concentraciones de estrago a nivel relación forman el denominado espanto que suscita en el entorno dejando como efecto colateral una ausencia irrebatible e incuestionable que deja a la persona bajo el amparo de una soledad absoluta. El origen del desconsuelo se explica en un 25% como procedente de los pensamientos lúgubres y melancólicos de la víctima y el resto es creado a partir de diversos procesos angustiosos que va presentando la vida misma, como por ejemplo los corazones rotos que oxidan y mutilan el alma: puede verse algunas veces esta tristeza consecutiva que sigue aproximadamente la misma trayectoria (protocolo del dolor idílico).
El seguimiento observacional del desconsuelo, llevado a cabo de una eternidad, ha llegado a la conclusión de que dicha capa puede considerarse seriamente amenazada por los amores, cariños y preocupaciones ajenas. Este es el motivo principal por el que se reunió la Asamblea de los Fantasmas del Pasado (ADFP) el día Viernes 13 de 666 A.C, firmando el Protocolo de Martirio. Luego de tres siglos, la ADFP proclamó el día domingo como el Día Internacional del Desasosiego.
El desgaste grave del desconsuelo provocará el aumento de alegrías, relaciones amistosas y/o amorosas, supresión de llantos, aumento de la fortaleza y autoestima, entre otras cosas. También afectará a los cultivos sensibles de las fibras del corazón.
Para preservar la tristeza hay que disminuir las salidas, las expresiones, las pasiones, la resiliencia y el cero uso de actividades creativas que destruyen la capa a un ritmo acelerado.
Por otra parte, se define como "agujero del desconsuelo" a la zona vulnerable y absorbente de felicidad donde se producen las charlas con otras personas y la desnudez del alma, fenómeno eterno observado durante noviembre (lapso de tiempo que engloba bellos colores y aromas, garantizando una recuperación de la persona). El contenido de la tristeza puede medirse en Unidades Heridas e Impulsos.
En las mediciones realizadas desde tiempos prehistóricos, se descubrieron importantes reducciones de la concentración del desasosiego de dicha capa con especial incidencia en los noviazgos. Se atribuyó este fenómeno a los aumentos de motivación y valoración interna debido a las emisiones de cariño de la otra persona.
Luego de un tiempo, se hizo un Protocolo de Resiliencia que consiste en que cada persona que esté bajo la jurisdicción del desconsuelo pueda comprometerse a reducir la mitad de la producción de tristeza a través de esperanzas cotidianas y valoración de los detalles triviales.

Valentina B. M, Licenciada en Ciencias del Dolor. Disidente del desconsuelo.

726 semanas.

Llevo 726 semanas de vida. 2 arcoiris vistos. 136 libros leídos. 78 poemas escritos. 3 cuerdas de violín rotas. 7 recitales. 13 años de colegio. 7 años de pintura y también 7 años desde mi primer libro. 0 noviazgos. 5 auriculares fallados. 1248 canciones descargadas. 5 premios de mejor alumna. 2 colegios distintos. 3 pruebas desaprobadas. Más de 1000 sonrisas y quién sabe, lágrimas. 100 tardes divertidas. 53 sábados melancólicos. 1 relación. 1 corazón roto. 17 corazones mutilados. 6 personas que me conocen a mayor escala. 4 flaqueos. 2 amarguras que parecieron interminables. 1 martirio intolerable. 5 motivos para seguir. 6 cartas escritas y no enviadas. 2 poemas regalados y también 2 cajas de recuerdos. 4 anillos. 2 pulseras. 7 vestidos. 0 decepciones. 0 esperanzas sobre alguna persona. Más de 20 libros que me regalaron. 3 años de tango. 1 viaje con el cuerpo fuera del auto y los brazos extendidos.
Muchas felicidades y también tristezas.
Y sólo me sale eso después de 726 semanas. La vida es larga y vivimos poco.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Junio II.

Creí que si modificaba esa cuestión mi vida cambiaría pero sigo siendo la misma miserable acostada en la misma cama rota.
Ya me cansé de irme lejos de mí y perderme en habitaciones oscuras con cortinas cerradas, paredes agrietadas y estanterías vacías.
Me gustaría poder encontrar una fórmula maestra para exonerar todo este dolor que se acumula en mi pecho un miércoles a las ocho de la noche. Ya no sé de dónde viene ni qué hacer, sólo me recuesto y miro hacia arriba a la espera de las lágrimas.
¿A dónde escapo si el peligro soy yo? ¿cómo puedo defenderme de mi sombra?
Me miro a los ojos. Dos planetas negros que hablan muy claro: ya no estoy acá. Me fui, lejos.
Todo lo que no me di era todo lo que tenía y ya la insuficiencia no es suficiente. Ya correr no me sirve. Ya viajar no hace nada. El lenguaje me ignora, no encuentro las palabras.
Estoy buscando las alas que nunca me entregaron. Quiero dejar de estar tan hundida y aprender a volar.

Viernes de Junio.

No hizo falta hundirse bajo el agua porque la vida real ya se encargaba de ahogarla. Ahora, aquella sustancia grisácea e insulsa estancada en una bañera sólo sirve para amortiguar los gritos desesperados que larga un sábado a las siete de la tarde, cuando el sol la apaga y la lluvia decide empaparla de nostalgia.

Junio.

Me abrazo el dolor. En estos casos no hay nadie que lo haga por mí, no dejo que nadie vea mi lado oscuro o muerto (si es que algo de vida me queda).
"Basta, Valentina. Dejá de joder y lavate la cara" me digo. Soy fuerte y puedo matarme todas las veces que quiera. Resisto el ahogo, el poco pulso, los golpes y ataques. No soy como mis hojas de poesía. No me rompo ni me deshago.
Sí, soy distante, fría. Estoy destrozada y hecha cenizas, ¿y qué? soy y estoy sin importar cómo.
Soy la pared fría de la ducha, la caja que guardo con un dibujo suyo y una entrada de cine que maltrato cada vez que recuerdo, soy mis daños, soy The Dark Side of The Moon escuchado bajo un agua gélida y estancada. Soy una nena lastimada, una traga libros, una escapista, una rencorosa, estúpida, rebelde adolescente de quince años. Soy hija, soy hermana, prima, amiga, enemiga. Víctima. Agresora. Indiferente.
Soy tantas cosas que no se qué soy.
Soy todo menos yo.
Soy más de lo que era y menos de lo que quiero ser. Mi modelo es una utopía.
Me da miedo perderme. "No me dejes ahora" le escribo a alguien aunque no lo envío.
Escribo porque no quiero llorar. Sería mentira si digo que nunca lloro, porque lo hago, pero no quiero. Miro la lámpara para que se me sequen los ojos. Suena Karma Police. Entra el frío por la ventana. Lunes, medianoche exacta.
Mejor me voy a dormir. Ojalá pudiera hacerlo por siglos hasta que mi cuerpo se desintegre.
En mi lista de tareas pendientes anoto " — Conseguir una espera cercana" justo debajo de "— Comprar pasta dental y completar la carpeta de biología".
Bueno, ahora sí. Me levanto 6 am. Espero estar mejor. Igual no estoy mal... simplemente estoy.
Ah y si de casualidad vos me estás leyendo, estuve pensando en que quizás entenderías lo que me pasa. Igual no quiero hablar de ello.
Nos vemos.

jueves, 6 de agosto de 2015

Invierno.

Aprender sobrevivir a mí, a mi pellejo, a mis palabras. A veces quiero arrancarme la piel y correr a otro cuerpo. Renovarme cual serpiente.
Mirame nada más ¿qué tan lástimada estoy? no sé qué fue esta vez. Y me pregunto, devuelta: ¿qué querés tomar? ¿Clonazepam o café?
"Parecés un 'ente' como si nos vieras a todos como fantasmas", "dormiste catorce horas, ¿cómo hacés?", "¿no pensás salir de casa estas vacaciones?".
Estoy ahogada.

Invierno II.

Viernes 14:41. Afuera llueve, adentro también. Parece que nunca va a parar.
Me pregunto si tendrás frío allá donde estás, si pensaste en mí aunque sea una vez.
Me acuerdo que una vez me dijiste "sos un laberinto, tenés demasiados pasillos oscuros que no llegan a ninguna parte".
Ahora nos encontramos vacíos, ahora ya nos conocemos mejor. Ya no sos más ese deshumanizado Irreversible de 21 años que sólo aspiraba a la muerte. Ya no soy la dura Vórtice a la que nada le importaba, la que sólo tenía rebelión.
Te veo y sólo encuentro ausencia. No venís de otro mundo, sólo sos patéticamente poético. Sos literatura y un conjunto de clichés.
Y yo ¿qué decir de mí?
No pude ser distante con vos, ni siquiera fría. Me encontraste vulnerable, sensible y débil. Ya no me ves como la que recibe los golpes con la mente en alto, aunque lo haga. Aunque todavía sufra en silencio.

Invierno III.

Hoy es un día en el que me puedo dejar morir y no va a pasar nada. Hoy es un día en el que me consumo en cenizas y no hay viento que logre volarme.
 Hoy se va.
Los domingos tienen un tiempo inerte, espeso, húmedo. Cae sobre los hombros con una pesadumbre insoportable que te deja tendido en la cama sin ganas de respirar. Es denso como las primeras notas de Invierno Porteño de Piazzolla. 
En su anterior vida, el domingo fue un viejo amargado, medio alcóholico, medio poeta, sin hijos y con mucho por hacer pero sin ganas para concretar ninguna tarea. Murió una tarde con un vino tinto en la mano y un cigarrillo en la boca. Logró renacer en este día.
Pobre Domingo, qué miserable y tan poco querido. Me haría amiga de él y le preguntaría por qué está tan solo.

Invierno V.

Soy ese ser que parece tener un paso efímero, el primero en darse la vuelta y marcharse. Ausente.
Pero la realidad es que estoy petrificada en el tiempo.

Invierno IV.

"Para que las palabras no basten hace falta una muerte en el corazón" A.P.
Yo estoy muerta. Ya no existo. Sólo respiro por compromiso.
La muerte es un acto poético (yo quiero morir desangrada en el poema).
Mirate —me dicen— siempre usando enormes remeras negras con las mismas zapatillas todos los días. Y ese pelo alborotado, siempre sin peinar. Por eso estás sola, porque no tenés onda.
Soy esas líneas negras sobre un pálido papel, por eso nadie me quiere. Porque convulsiono bajo sábanas que me ahogan para que nadie sepa que soy corporea.
Quiero desaparecer, esfumarme. Seguro nadie lo nota.
Antes de nacer tuve siete vueltas de cordón al rededor de mi pequeño cuello. Quizás mi destino era morir pero mi moira decidió que respirara a último momento. Decidió que sufriera. Esta vida no es para mí.
Es probable que estas células, esta sangre, este cuerpo tan inútil no me pertenezca en absoluto. Existo por equivocación (realmente creo que soy un boceto que Dios no desechó por pena).
Nací rota, ya me faltaban partes ni bien llegué a este mundo.

Invierno VI.

No soy yo quien escribe sino la oscuridad. Dejé de ser yo hace mucho, me consumí por el estar y por la monotonía (y por monotonía me refiero a tristeza, porque el dolor se convirtió en mi rutina)
No soy yo quien escribe sino ella, la que amortigua la caída, la que pone música y hace bailar a mis angustias.
Ella no es más que otra yo porque en mi lado oscuro sólo existe el primer pronombre. No hay testigos ni compañeros.
Me pregunto si esta cama vieja algún día significará algo para mí. Me cansé de abrazar la almohada imaginando que alguien me arrulla y pone la mano en mi espalda ¿cuándo llegará?
Yo no espero su rescate, yo lo espero. Yo lo espero para poder salvarlo para poder salvarme para lograr exorcizar dos demonios con una única plegaria.
Yo lo espero porque es lo único que puedo hacer con mi tiempo inerte. Sé que no hay otro como él. También sé que no hay nadie tan muerto como él.
Y también por eso lo espero, para poder compartirle la poca vida que me queda.
Supongo que lo espero para terminar de hundirme.
"Las cosas deben hacerse bien, sino no se hacen" por eso si voy a estar mal, tengo que estar bien mal.

Escribo contra la ausencia, contra esa quimera de largos brazos que me arranca. Sólo con palabras escritas logro pronunciarme. Lo demás es inexistente.
Ahora, acá, en esta tinta logro decir: Estoy presente.
Después, ya no.

Invierno lo que sigue.

Maldigo la hora de tu partida desde febrero.
04:10 te despertás
04:35 te despedís
05:00 los demonios me llaman para ahogarme en lo profundo de mi bañera repleta de espejos.
Tu uniforme yace tendido sobre tu cama, tu desagrado se incrementa y me deja sola.
Sola. No quiero estarlo pero lo estoy. Silencio cuasiperfecto el que dejás tras tus pisadas encendidas.
Nunca conocí tus ojos pero sé que están muertos. Nunca llegué a tu alma pero sé que no me quiere y no te culpo.
No te culpo por ser todo lo que necesito pero sin vida, no te culpo por cuidarme y no querer lastimarme, no te culpo por no entender que el dolor y yo somos amigos.
Ojalá pudieras soplar la poca vida que me queda. Antes que nada prefiero la pena, antes que el silencio prefiero oir mis desgarraduras.
Rompeme (es fácil, es rápido) soy frágil. Soy un bloque de cemento que resguarda una placa de cristal muy fina. Desmoronaste todos mis muros y llegaste.
No, perdón, me corrijo. A veces me olvido que sos un fantasma: no derribaste mis paredes, las traspasaste. Sí, así, caminando tranquilamente.

19:00 hora de la espera.

Últimas palabras de Irreversible y Vórtice

Lo miró con todo el miedo del mundo contenido en sus ojos, lo miró y abrió la boca mientras encerraba a la ansiedad en un baúl bajo llave, en lo recóndito de su alma.
— Yo te quiero y sé que no es conveniente, pero nunca me interesó saber qué es bueno para mí. Creo que toda cosa linda en esta vida acarrea como efecto colateral al dolor. La vida es un coexistir entre la angustia y la alegría.
Él se quedó callado jugando con el borde del mantel. Siete años más grande al pedo, pensó ella, ni siquiera  sabe qué hacer.
— No me querés lastimar, lo sé — continuó diciendo — pero también tenés que entender que tomando esta decisión me estás dejando en la nada y eso, para una persona como yo, es peor que el dolor.
Entonces él se levantó y dejó caer sus manos a los costados.
— Estoy cansado de lastimar gente, reconozco que soy una mierda.
Ella suspiró, agotada, saturada del tema y de intentar modificar las cuestiones. El orden de los factores no afecta al producto, lo sabía pero no lo tenía en cuenta.
— Si a mí no me importa cómo salgo de esto a vos tampoco debería importante. No sé, Irreversible.
Él frunce el ceño, intentaba buscar las palabras adecuadas.
— Sos masoquista y tenés alma de poeta, poesía que se escribe con la sangre y no con la tinta. Y que no te importe lastimarte me da el doble de responsabilidad porque a mi sí me interesa, no es algo que yo quiera. Vórtice, no quiero que te rompas.
— Ya estoy rota. Y yo creí que en eso estábamos igual pero hay algo que nos diferencia: a mí algo de vida me queda. Yo todavía siento y respiro. Vos, en cambio, estás muerto.
Y como dandole la razón, la miró a los ojos por primera vez en toda la conversación. No había rastros de vida en esas dos esferas negras, ella lo sabía, y por eso quería darle de la suya. Quería enseñarle que no todo se trataba de destruir y en el intento, cayó destruida.
— Perdón, V. Sé que no es la respuesta que esperás, pero es la que tengo.
El silencio definitivo de la chica le puso fin a todo. Internamente pensó que este no sería su momento y que ojalá, cuando lo fuese, sepa volver.
Después de todo, el tiempo y la distancia no le molestaban.

lunes, 27 de julio de 2015

05:19 a.m

Rostro anónimo, rostro que no se da a conocer ¿quién velará mis penas cuando ya no estés? ¿y quién le echará sal a mis heridas?
Tus pies descalzos pisan mi arena mojada, inexistente. Te lloro con lágrimas lejanas, te llamo con palabras indecibles. Todas mis yo te buscan desesperadamente, todas mis caras se ocultan en las sombras esperando a ser descubiertas.
El dolor es algo inevitable, la partida es algo irremediable y yo.Y yo soy el vórtice de un huracán de violencia. Yo corro por laberintos oscuros, yo estoy presente en el nacimiento de mi autoboicot y muero en la realización de mi esencia.
Muero en mis palabras. Estoy rota y no entiendo el lenguaje, estoy rota y la música no me envuelve.
No, ni Piazzolla, ni Camille Saint-Sëans ni nadie sabe cómo hacerme dormir.
Insomnio, maldito insomnio, maldita hora de perecer.
Barato epitafio el que escribo: "Aquí yace el cadáver de una niña ausente, olvidada".
El agua me traga, me drena, me asfixia. Ya nada sirve, ya ningun orden altera nada. Ya te vas. Ya me voy. Ya nos vamos.
Tus labios muertos no me buscan, te falta vida, te falta candor, te falta espíritu. Y yo me desvanecí en tu silencio.
Quiero quedarme pero debo irme, estúpida costumbre de encapricharme con ideas poco convenientes.
Ojalá encuentres el momento adecuado.
Ojalá visites mi tumba y me dejes una margarita.

No me interesa el tiempo ni la distancia, sólo soy existencia. Soy atemporal. Soy Valentina, tu chica ojos de planeta.

sábado, 18 de julio de 2015

Domingo 03:29
El lenguaje no alcanza las zonas carentes de significado, no logra correr este velo grisazulado que cubre mis cruces negras, no exorciza las quimeras que me toman por el cuello con sus manos frías, no arrulla a esta niña inocente que llora a los pies de un señor infartado en la arena. El lenguaje no me entiende, no me describe, no sabe dónde buscarme.
Yo tampoco sé dónde buscarme.
No me gusta presentarme, ¿qué puedo decir? si yo tampoco sé quién soy.
¿Dónde estoy? parece mi habitación pero para que exista el mi tiene que haber un yo y en este mundo no hay ningún yo. En este mundo no existe Valentina Blanco Martins. Sólo hay un cuerpo vacío en una cama rota, que solloza mientras se atrae para sí con una canción de Piazzolla de fondo.
Piazzolla. Pizarnik. La similitud es impresionante. Quizás las letras estén designadas a un sentimiento. Quizás la P, la I, la Z y la A signifiquen dolor.
Yo tengo una I y una A ¿eso explica mi tristeza?
Me gustaría conocer a Alejandra para que me acaricie el pelo y me tenga como pupila. Le preguntaría si pudo hacer algo con el dolor. Sí, ya sé que se mató en 1972, pero ¿quién sabe?
A veces pienso que nací  en el tiempo equivocado o estoy enferma de otra generación ¿por qué todos me miran raro?
Estoy encerrada en un tiempo real y tangible que tiene una alta capacidad de manipulación y violencia.
V a l e n t i n a.
¿Podré encontrarme entre valores?
I, A = dolor  V = Violencia (Vigilia)   T = Tiempo (Ahogo)
I = Inconexa (Inútil)  INSOMNIO N = Noche (soledad)   A = Aislada (abierta)

¿Entre fórmulas?
Valentina = (Dolor . Violencia) ² / (Tiempo : Soledad) + (Insomnio + Soledad)

miércoles, 15 de julio de 2015

Creí que si modificaba esa cuestión mi vida cambiaría pero sigo siendo la misma miserable acostada en la misma cama rota.
Ya me cansé de irme lejos de mí y perderme en habitaciones oscuras con cortinas cerradas, paredes agrietadas y estanterías vacías.
Me gustaría poder encontrar una fórmula maestra para exonerar todo este dolor que se acumula en mi pecho un miércoles a las ocho de la noche. Ya no sé de dónde viene ni qué hacer, sólo me recuesto y miro hacia arriba a la espera de las lágrimas.
¿A dónde escapo si el peligro soy yo? ¿cómo puedo defenderme de mi sombra?
Me miro a los ojos. Dos planetas negros que hablan muy claro: ya no estoy acá. Me fui, lejos.
Todo lo que no me di era todo lo que tenía y ya la insuficiencia no es suficiente. Ya correr no me sirve. Ya viajar no hace nada. El lenguaje me ignora, no encuentro las palabras.
Estoy buscando las alas que nunca me entregaron. Quiero dejar de estar tan hundida y aprender a volar.

Alas

A las personas que nacen sin alas les enseñan a correr rápido, pero ¿qué tal si su destino no era volar ni correr ni moverse en absoluto?
El ser humano tiene esa compulsión por llenar espacios y tapar ausencias. Está compuesto por deseos neuróticos, por anhelos resquebrajantes que gritan "vamos por lo que nos falta". Se preocupa por lo que no posee, por lo dificultoso. Es tanto así, que al frustrarse con esos obstáculos nublan el brillo de lo mejor de ellos mismos. Prefieren gastar su tiempo intentando hacer algo que, en esencia, no lograrán culminar porque el "esto no es para mí" no está en sus reducidos vocabularios.
Quizás con voluntad todo se logre. O quizás decir esto es demasiado optimista porque hay veces que ni los mejores intentos son suficientes.
Se encuentran con carencias e intentan llenarlas con lo que sea. Se conforman con mínimos, saben que no van a llegar a ser lo ideal y se mienten diciendo que lo promediado no importa.
Los que no tienen alas intentan ir tan rápido como los que vuelan. Llegan a estar cerca pero nunca en el cielo y dicen "está bien para lo que soy".
Vos podrías ser mucho más que la ausencia de una capacidad, que un "para mi condición lo que hago es aceptable". No vivimos para determinarnos eternamente.
En vez de intentar correr rápido podrías cantar y tener la voz más linda del cosmos.
Yo nací sin alas pero aprendí a escribir y eso, seres humanos, es mi presente.

Eslabón temporal perdido

Soy un vestigio.
Soy lo que queda de una niña alegre, ensimismada, creativa, ilusa e inocente. Soy esos restos, esas cenizas que están en el fondo de una caja, esa foto escolar gastada.
Soy un indicio de existencia, un boceto de persona, algo casi materializado, a medio despejar, a medio construir.
Fui, seré. No soy.

jueves, 9 de julio de 2015

'Ellos'
personificados,
teñidos de tiempos pasados,
de trenzas y rostros agrietados,
de ironía y proverbios ignorados,
de análisis y apuestas a los dados
de agua y pensamientos oscuros,
de jazmines mustios y rodillas lastimadas,
de amores y noches corrosivas,
de llantos y caricias curativas.

miércoles, 8 de julio de 2015

La caja

Soy una enamorada de lo simbólico, de las significancias. No es causante de asombro ver que intenté capturar esos meses en los que evitaste que mi mente funcionara.
Y sin darme cuenta, es lo único que me queda: una caja bordó en lo alto de una estantería. Ya no hay vestigios de nada más. Ni siquiera de tu ausencia.
Mientras la desempolvaba entendí que ya no tenía sentido seguir conservandola, ni siquiera terminé de entender por qué la había armado. Sólo sé que un 14 de febrero te olvidaste una moneda arriba mi mesa y que yo la guardé en mi bolsillo para dejar reminiscencia, demostrar que fue real. Y así fui, acumulando entradas de cine, cartas que no entregué, un dibujo que me regalaste, poesías que inspiraste, tickets.
Y tantas cosas que no recuerdo por miedo a abrir esa caja de nuevo y que tu memoria me golpee. Estamos bien, así, lejos.
Aunque si lo pensamos bien, nunca estuviste cerca. Siempre a siete años de distancia, siempre otras mujeres dividiendonos, siempre mi silencio e inocencia escondiendome.
Intenté ser lo que buscabas y me perdí (me pegaría tanto hasta lograr borrar esas acciones que, lamentablemente, me pertenecen).
Rogué y esperé tanto tu "no te vayas" que mi ilusión agonizó bajo el agua aquella tarde. Agonizó junto con tantas otras cosas.
Ahí estaba, empapada,  abrazando la caja bordó mientras el agua estancada de la bañera drenaba. Me sentí vacía porque por primera vez la soledad me molestaba. No me enseñaba. No estabas.
Y pasó un año, ya era 31 de diciembre. Cuando fueron las doce miré al cielo y te extrañé.
Qué literario, ¿no? y así fue. Así de patético. Como yo.
Me pediste perdón y te encontraste con un muro, en eso decidí convertirme. De nada sirve lo demás.
Ojalá ella te quiera tanto como yo lo hice. De verdad deseo que logres hacer muchas cosas. Dejame realizarme a mi también.
No me arruines.
Ya me cuesta demasiado así.
Te lo devuelvo todo,
inclusive lo que no me diste.
Valentina.

viernes, 3 de julio de 2015

No puedo sentir nada,
o lo reprimo.

Estoy mirando por la ventana,
el cielo está gris,
una canción de rock suena,
¿qué se supone que tengo que hacer?

Cierro los ojos,
me aferro a lo que tengo,
dejo que las ideas se suiciden,
se vayan, emigren.

No será él quien cure mi mente incesante.

sábado, 27 de junio de 2015

Sábado

No hizo falta hundirse bajo el agua porque la vida real ya se encargaba de ahogarla. Ahora, aquella sustancia grisácea e insulsa estancada en una bañera sólo sirve para amortiguar los gritos desesperados que larga un sábado a las siete de la tarde, cuando el sol la apaga y la lluvia decide empaparla de nostalgia.

7

"Mirame a los ojos y no te olvides de mí, que de vos depende mi existencia."
Esas siete almas lo único que buscaban era reminiscencia. Sólo querían ser inquilinos de una mente pensante, una oración recurrente e inconexa entre la monotonía aplastante. 
A veces es tan complicado ser abstracto, ser idea, ser palabra... la rutina atarea a la muchedumbre y nadie puede pensar en nada que no sea en lo que está haciendo. Vos no podés pensar en mí, yo no quiero  pensar en vos; pero no me olvides, sueño mío, no me olvides que podría desaparecer, podría desvanecerme entre tus manos (soy la sal que se diluye en el agua, desmaterializándose, convirtiendose en una partícula ínfima, casi invisible).
No me olvides que estoy en el aire, ingrávida y no tengo alas para aprender a volar. Soy una niña que vive a base de proverbios.

jueves, 25 de junio de 2015

Pesadilla

Todas mis historias empiezan con un sonido porque me gusta acostarme con lo pronunciable, lo perceptible y lo explícito. A veces todo sucede a partir de un ruido que se encuentra en mi cabeza reclamando ser pensado y otras veces las raíces se revelan en una voz tormentosa que dice una verdad innegable. Hay muchas variantes de sonidos en mi vida (no importa que mi persona esté más reflejada en el silencio que en la armonía) pero esta historia comienza con un rasgueo de un lápiz sobre un papel. Yo lo escuchaba, parecía lejano, como de otra dimensión. Bueno, ¿quién sabe?, quizás sí era de otro mundo. Lo importante era que mis oídos hacían un esfuerzo sobrehumano para lograr captarlo, era suave, constante y áspero. Parecía provenir de una persona que sabía lo que hacía porque el rasgueo jamás flaqueó. Me dispuse a seguir ese sonido, atravesando habitaciones laberínticas y pasillos inmensos llenos de oscuridad. Cada vez se escuchaba más cercano y mi alma lo sabía porque de alguna manera, lo conocía. Conocía esa sensación de volver a respirar cuando estaba cerca, esa ausencia tan presente en la habitación, la dispersión que emanaba, sus ojos ciegos y su mueca suicida. Nunca lo había visto pero lo conocía a través de mis sueños, nos habíamos citado en nuestros subconscientes. Y ahí estaba, tras esa puerta de roble, acostado en el suelo de madera moviendo con ligereza un lápiz negro logrando retratar la tristeza. Lo hubiera dejado así, ido y solo en esa lúgubre esquina desnuda de cualquier mueble. Me daba miedo acercarme, no quería romper su catarsis, no quería privarlo de su derecho a soñar. Pero ahí estaba él, un fantasma que me había ayudado a ahuyentar mis espectros en mis noches de pánico eterno, ¿cómo contener mis deseos de recostarme a su lado?
Este debate no se dio durante mucho tiempo, puesto que él se percató de mi presencia y me hizo una señal con la mano para que me acercara. Y ahí fui, tragandome todos mis miedos, mirándolo a los ojos y viendo todo ese dolor contenido, esas palabras asfixiadas que se ven encerradas en un tiempo inerte. Me acosté y apoyé mi cabeza en su pecho, estábamos juntos superando cualquier distancia y obstáculos. Los dos, ajenos al exterior, siempre caminando en la banquina, cansados de tanto cansarnos. Yo lejos de mi casa, incluso lejos de mí, estaba logrado escapar y dejar de pensar en formas para consumirme. Y él, fuera de ese lugar innombrable, podía mirarme a los ojos y verme realmente. Me observaba al desnudo, dándose cuenta de cuántas tardes pasé bajo el agua, ahogada en Pink Floyd y café oxidado. Podía sentir mi sangre sus manos, podía besar mi autodestrucción y definir lo impronunciable. Podía sostener a mi yo de once años que lloraba en un colegio abandonado.
Sin darse cuenta, sin prejuicios y siendo perceptivo, estaba reconciliando toda la violencia que había en mi interior. Me estaba conociendo en todos mis aspectos y yo lo estaba dejando entrar.
Y cuando me tomó la mano y una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo, logré abrir los ojos.
Ahora estaba en la melancolía absoluta de mi habitación y la soledad me arrastraba hacia mi lado oscuro. Estaba arruinada.

Luna nitrogenada.

Ella vivía entre las sombras, escondida en una celda con barrotes helados, paredes hechas con trozos de glaciar y piso líquido del océano atlántico norte.
En su mundo no existía el oxígeno, por eso se respiraba hidrógeno. Tampoco existían las voces y para comunicarse usaba el irrebatible, irremediable e imponente silencio.
Ella; la de ojos Venus, el asteroide desviado hacia el lado izquierdo del cosmos, la presencia ausente, la melodía desentonada y caótica, liberaba lágrimas de nitrógeno en cada cuarto menguante y le rezaba a la luna para que la exonerara de su martirio. Y en un eclipse a las tres de la madrugada, hablando con los astros, lo entendió. La solución era dejar de existir.
La epifanía fue tan clara que de un impulso logró romper los barrotes de la celda. Sin saberlo, se había convertido en un alma libre, pero decidió consumirse por la tristeza en vez de escapar y presa del pánico supermasivo tomó los barrotes y se los clavó en la yugular.
Esa noche la luna lloró.

Jueves cinco de la tarde

Necesito que vengas a prometerme que no lo vas a hacer, que me quisiste y que todavía valgo. Necesito que me recuerdes cómo me llamo, quién soy, necesito tu beso en la frente.
Nada mejoró desde la última vez que te ví. De hecho, todo se desbarrancó aún más.
Me gustaría poder mentirme, pero sé que de alguna forma extraña te importa mi estado.  Quizás me abrazarías una vez más si te lo pidiera. De todas formas, no sirve, me fui muy lejos y no tengo ganas de volver. Encontré una miseria más cómoda.
Ojalá vos seas feliz al lado de esa esperanzada, al lado de mi antítesis tan alegre y llena de fe. Yo decidí seguir sin vos hace mucho, lo sigo eligiendo, aunque haya jueves a las cinco de la tarde en los que tu ausencia me golpee.

martes, 23 de junio de 2015

23 de Junio


Martes, 23 de Junio. 00:25 (al parecer medianoche es el horario de mi muerte).
Hoy descubrí algo. A mí no me atrae su persona en sí, a mi me resquebrajan sus ideas, me embelesan sus aspiraciones literarias y su culto oscuro por la muerte. Sus misterios me cortejan, su enigma me llama y me ofusca. Sus palabras llevan ímplicitas el deseo de ser salvadas.
Él no me gusta. Yo no lo conozco, no sé nada de su persona pero si de sus lirismos. Sus ideas calladas me arrastran, ¿existe en esta tierra más miseria de la que sus palabras logran esconder?

_

De nuevo Martes, 16:29
Almorzamos juntas y charlamos. Estamos mal en el buen sentido, es increíble lo agridulces que somos. Nos reímos, parecemos casi risueñas y después nos ponemos serias, me cuenta de su vida, de cómo la está pasando... yo le digo "mírame... y decime la verdad". Nos abrazamos y me dice "está todo en tu cabeza, querete un poco".
Lloramos, lloramos por lo que pasó, por lo que pasa, por vernos, por el mundo, por las personas de mierda, por las buenas. Lloramos porque estamos solas. Lloramos porque nos tenemos. Lloramos porque ya nos cansamos de reírnos irónicamente y nos abrazamos. Ambigüedad.
Después vemos la hora y empezamos a correr. Y ahí todo es perfecto, ahí tenemos quince años y corremos cagadas de frío en plena avenida porque llegamos tarde a clases.  Ahí nos reímos porque pasa un auto fúnebre con muchas flores. Nos reímos de la muerte porque somos jóvenes y está lejana, ni nos mira.
Nos reímos porque ya no hay nada por lo que llorar. Nos reímos porque estamos para eso.
Coexistimos.

sábado, 13 de junio de 2015

Cronología inconexa a la madrugada

Sábado de Junio (o en teoría Domingo)  00:50. Sólo quería recordar la hora, quizás. Está todo en mi mente.
————
Lunes de Junio (o en teoría Martes). 00:00 exactas.
Me abrazo el dolor. En estos casos no hay nadie que lo haga por mí, no dejo que nadie vea mi lado oscuro o muerto (si es que algo de vida me queda).
"Basta, Valentina. Dejá de joder y lavate la cara" me digo. Soy fuerte y puedo matarme todas las veces que quiera. Resisto el ahogo, el poco pulso, los golpes y ataques. No soy como mis hojas de poesía. No me rompo ni me deshago.
Sí, soy distante, fría. Estoy destrozada y hecha cenizas, ¿y qué? soy y estoy sin importar cómo.
Soy la pared fría de la ducha, la caja que guardo con un dibujo suyo y una entrada de cine que maltrato cada vez que recuerdo,  soy The Dark Side of The Moon escuchado bajo un agua gélida y estancada. Soy una nena lastimada, una traga libros, una escapista, una rencorosa, estúpida, rebelde adolescente de quince años. Soy hija, soy hermana, prima, amiga, enemiga. Víctima. Agresora. Indiferente.
Soy tantas cosas que no se qué soy.
Soy todo menos yo.
Soy más de lo que era y menos de lo que quiero ser. Mi modelo es una utopía.
Me da miedo perderme. "No me dejes ahora" le escribo a alguien aunque no lo envío.
Escribo porque no quiero llorar. Sería mentira si digo que nunca lloro, porque lo hago, pero no quiero. Miro la lámpara para que se me sequen los ojos. Suena Karma Police. Entra el frío por la ventana. Lunes, medianoche exacta.
Mejor me voy a dormir. Ojalá pudiera hacerlo por siglos hasta que mi cuerpo se desintegre.
En mi lista de tareas pendientes anoto " — Conseguir una espera cercana" justo debajo de "— Comprar pasta dental y completar la carpeta de biología".
Bueno, ahora sí. Me levanto 6 am. Espero estar mejor. No estoy mal... simplemente estoy.
Ah y si de casualidad vos me estás leyendo, estuve pensando en que quizás entenderías lo que me pasa. Igual no quiero hablar de ello.
Nos vemos.

martes, 9 de junio de 2015

La distancia es el espacio.

Siempre en el momento equivocado, diciendo las cosas equivocadas y sobre todo, haciendo las cosas equivocadas. No es raro en mí.
Y sé que está mal, los intentos van a ser inútiles y la incertidumbre es inexistente si ambos sabemos cómo va a terminar esto: alejados. Vos no estás. Ni vas a estar. Y yo no quiero esperar sentada a que llegue la ausencia porque ya me cansé de aprender de la soledad, necesito entender algo que vaya más allá de mí, necesito sentir algo y dudo que vos puedas dármelo, no en este  mundo ni en este tiempo.
Sin embargo, no voy a negarlo, sin mirarme ni tocarme estás llegando a mí.  Estás superando leyes metafísicas.

martes, 2 de junio de 2015

Crisálida

Soy un insecto,
algo insignificante,
un alma transitoria,
un extracto de melodía,
un verso de una estrofa,
una canción inconclusa.

Soy un submarino,
me hundo,
me ahogo,
resisto presiones,
 y cuando todos duermen,
emergo a la superficie.

Soy nieve
tan desolada  y serafín,
tan ingrávida y colisionada,
fría y subversiva

Soy una hoja en blanco,
expectante a la llegada de nuevas palabras,
inocente ante lo impropio,
perdida entre renglones y monotonía

Soy una puerta cerrada y ventanas abiertas,
una ecuación simple para quien sepa despejarme,
 un ejercicio complejo para quien intente resolverme.

No hay respuesta,
no hay coherencia,
soy un libro inconexo,
contradictorio y firme
(No intentes leerme, te encerrarías en el acertijo)

Soy algo más de lo que era, y algo menos de lo que quiero ser;
una crisálida.

miércoles, 29 de abril de 2015

Esta ahí, en el espejo

Mi autodestrucción es hipócrita,
ella pacta con lo que me hace mal,
y después lo apuñala por la espalda con mi birome.

Mi autodestrucción me quiere,
me quiere tanto que no se despega,
y yo me había acostumbrado,
a acercarme un poco más a ella,
a alejarme un poco más de mi.

Pero hoy siento,
que en esta noche,
estoy a una luna más de dejarla,
estoy un paso más lejos,
porque me cansé de que me quiera,
porque me cansé de su pasado,
de las miserias que arrastra,
de las cricatrices que marcan sus pisadas,
de su corroer lento y suspicaz,
tan degradante,
tan imperceptible,
que parece óxido.

Me cansé de odiar,
si hay tanto para dar,
tanto para recibir,
¿de dónde viene el enojo?

Por eso me animo,
de mirarme al espejo,
y llamarla,
y ahí aparece la muy puta,
asoma su cabecita por mi ojo,
se desliza como una lágrima,
y se convierte en una sombra a mi lado,
me susurra,
como siempre hace,
me dice esas cosas horribles,
me muestra esas imágenes que no quiero recordar.

Esta ahí,
en el espejo,
¿no la ves?,
me sonríe con una mueca suicida,
me asusta,
pero ¡si es tan parecida a mi!
tiene mis ojos,
la auto destrucción tiene mis ojos.

Pero no pienso tardar más,
entonces rompo el espejo,
el punto de encuentro,
y la llevo a la bañera,
lugar en el cual tanto me hizo llorar,
la agarro por el cuello,
y presiono,
presiono hasta que la sangre no me llega a los dedos,
presiono hasta que me entumezco,
presiono hasta que me quedo sin fuerzas,
presiono como si mi vida dependiera eso,
y ella está ahí,
bajo el agua,
mirándome sonriente,
¡pero si está feliz por morir!

Se ahoga,
libera el poco oxígeno que tiene,
y yo sonrío triunfante,
¡la maté!,
me digo,
¡la maté a la malparida!

Pero de repente,
me siento presionada,
me siento ahogada,
liberando el poco oxígeno que me queda

Era lo que ella esperaba

Y no,
yo no había matado a la auto destrucción,
ella me había matado a mí

Y lo último que veo,
es esa mirada de suicida,
esa mirada de muerte,
a través de mis ojos.

viernes, 24 de abril de 2015

Hace un tiempo,
conocí la historia de un oficial bastante peculiar,
se da a conocer como ausencia,
o como un fantasma,
pero puedo jurarles que es un ser humano.

Quizás ese sea su problema,
ser una persona,
(no sé si es mi imaginación),
pero es más idea que cuerpo,
más abstracto que concreto,
más sideral que terrestre.

Para una persona como yo,
que intenta ponerle palabras y descripciones a todo,
el oficial es una paradoja,
un acertijo,
o una ecuación que probablemente daría infinito.

Es una presencia ausente,
es un contenido tan lleno que se vacía,
es una galaxia,
aunque probablemente sea el cable a Tierra de alguien,
se mantiene al costado del mundo,
aunque probablemente alguien se centre en él.

sábado, 4 de abril de 2015

Indulto

Te ví durante estos tres días caminando taciturno, cabizbajo y orando tristemente. Fue casi imposible contener esas ganas de abrazarte que parecían intentar controlar mis brazos, tan complicado me resultó, que por un momento pensé que mi corazón no estaba preparado para soportar aquella tortura. Sentí que me hacía cenizas. Después me acordé que vos no valorás esos gestos de amor genuino que siempre quise demostrarte, entonces me alejé (nuestra historia, ¿no?. Vos manejado por la auto-destrucción y yo por el desamor).
Supongo que no me imaginé que estabas tratando de encontrarme. Por eso, cuando estaba saliendo por la puerta y me agarraste la mano mientras me decías (algo avergonzado): "¿Te parece si te llevo a tomar algo?" me mostré sorprendida. No te esperaba ahí parado, con una invitación entre manos y una media sonrisa tan dulce.
Ya sé, pensarás "si tan dulce fue, ¿por qué no me dijiste que si?". Rechacé tu invitación porque ya aprendí que nosotros dos no vamos a llegar a ningún lado nunca y que me hacés tanto mal que prefiero mantenerme a una distancia en la cual no alcances a lastimarme.
Entonces pasó algo que me sorprendió aún más y me dejó anonadada. Dijiste algo que pensé que jamás lo escucharía de tu boca: "Perdón. Realmente la pifié con vos".
No es enteramente tu culpa, es de los dos. Yo idealicé algo que no eras, y vos no me quisiste lo suficiente para decir "no".
Pero está bien, yo te perdoné desde el primer momento en el que te concí.



viernes, 3 de abril de 2015

Exonerarme

Hoy me dijeron cuatro palabras con un tono de dulzura y me derrumbé.
"¿No querés ser salvada?"
Todo el mundo busca la redención y claro que la quiero, pero ¿existe para mí?

Retiro y vuelvo

Durante estos días de mi vida estuve buscando incansablemente la fórmula para dejar de pensar. A veces me siento como si estuviese en constante funcionamiento, sin parar un minuto, sin descanso ni quietud.
Suscitó en mí las ganas de ir a un retiro espiritual, para probar nuevas experiencias, para sentir algo nuevo y obviamente, para alejarme de todas esas cosas que no tienen un cese en mi cabeza.
Llegué a aquel lugar sintiendome unn poco desentonada porque hablaban de Jesús y mi Fe es muy poca. Logré reparar en todas las personas que estaban, sin embargo no me percaté de tu presencia, le hice caso omiso inconscientemente y de repente, cuando era tiempo de meditar, te ví y me reí, porque sentí que la vida me estaba haciendo un chiste irónico.
 Pensalo así; cuando estábamos juntos, sentía que todo lo demás no existía, que el tiempo no transcurría y que las preocupaciones quedaban en ´stand by´. Vos eras mi cable a tierra, mi gravedad y el sosiego en el que siempre quería adentrarme. Después, cuando nos alejamos, vos seguiste tu camino y yo el mío, me volví una máquina incesante de ideas y pensamientos vacíos buscando a una persona como vos que me haga olvidarme de todo.
En fin, no quería encontrarte pero eras todo lo que estaba buscando.
Y no, no le hice caso a esa señal de la vida. Simplemente te saludé y seguí con lo mío.
Acá viene lo que no me animé a decirte y por eso lo plasmo en este papel para que con suerte algún día de alguna forma un tanto extraña llegue a tus manos.
No quiero volver a involucrarme con vos, no quiero volver a hablarte ni quiero volver a exigirte. Mi vacío te convirtió en un punto reconocible para mi dolor. No infectemos viejas heridas.
Sin embargo, mi tibieza vulnerable flaqueó. Nunca te ví tan débil y con la guardia baja.
Vos, tan seguro de tu persona, tan carismático y desenvuelto, ¿quién diría que te encontré con la cabeza escondida entre tus piernas orando una solución? ¿quién diría que tus facciones soberbias creadas únicamente para sonreír estarían ahora amargadas y taciturnas?.
Y cuando fue el momento de levantarse hacia la redención, te quedaste sentado. No explicaste el porqué, pero yo creo saberlo. Pensás que no merecés la salvación.
Rechazás cualquier cosa que te beneficie de manera profunda.
¿Cuándo vas a dejar de ser tan auto-destructivo?
(no importa que sea yo la que habla)
Te quiero, siempre te quise y siempre te voy a querer porque hiciste algo que nadie más logró: me conociste en todos mis aspectos.

martes, 24 de febrero de 2015

Vacio

Creo que debería avisarte que estoy tan rota que dificilmente mis fracturas puedan convertirse en un entero en este momento.
No me siento preparada para volver a intentarlo porque cuando él me dejó en el umbral de mi puerta y se fue, no me devolvió ni un atisbo del amor que existía en mí. Me quedé vacía, totalmente hueca de devoción y calidez para el próximo inquilino.
Soy incapaz de cerrar los ojos, me resulta imposible decirte que me la juego. Y la culpa es totalmente mía. 
No tengo energías para abrirte las puertas y dejarme querer. Y ojalá te baste besar a este simple caparazón sin sentido, aunque ambos sepamos que no soy lo mejor para vos.
Aunque ambos sepamos que no soy lo que merecés y que me hace mierda que no se pueda elegir a quién querer.

sábado, 21 de febrero de 2015

Hablando conmigo misma

Hay tardes en las que charlo conmigo misma. Sí, ya sé, estoy loca.
Pero a veces puedo charlar conmigo y empezar a recordar quién era. Y me dí cuenta de algo, toda mi vida fui lo que la gente decía de mí.
De chica era la marginada, la nerd, la traga. De más grande fui la rara, la pensativa, la profunda, la pasional. Y yo me hacía cargo de esos roles como si fueran míos. Como si la gente pudiera convencerme de quién ser o establecerme un prototipo de las cosas que tenía que hacer o decir.
Pasé a ser un títere de gente a la cual no le interesaba. "Tenés que soltarte más" me decían algunos, "Tenés que hablar menos" me decían otros. "Empezá el gimnasio nena, a ver si hacés algo" me ordenaban.
Y yo me callaba, intentando ser alguien pero logrando ser nadie.
Porque la gente no quiere que cambies, la gente quiere romper las bolas.
Y hoy en día, estoy tan segura de quién soy que no necesito a nadie que me diga su opinión. Sencillamente, no me interesa.
Porque yo elegí ser así y porque a mí me gusta ser así.
No me hago cargo de títulos que no son propios.
Charlando conmigo misma, me dí cuenta que ya no soy la misma a la cual le hacían eso. Que ya no necesito que nadie venga a confirmarme cómo tengo que caminar si yo me armé una banquina al costado del mundo.
Si yo soy quién soy porque me armé mi propio rol. Y lo que digas de mí va a cambiar mi visión sobre vos.

Me contaron

Una vez tomando un café alguien me contó:
"Me preguntó si le estaba echando 'fly'; y yo le dije la verdad, que ya no quería rogarle más para verlo, que ya no quería ser yo la que insistiera porque simplemente quería estar si él quería que estuviera.
Le comenté que si necesitaba algo, iba a ayudarlo porque lo quería pero que no iba a permitir que me volviera a lastimar.
Y no me contestó.
Y no dolió ni lloré."

Ese día entendí que a veces el corazón puede auto inyectarse  una dosis racional de clonazepam y anestesia para alejar ciertos dolores.
Porque a veces es elegir qué roles tomamos y dejar de ser estúpidas. A veces es tomar la decisión de querernos un poquito más.

lunes, 9 de febrero de 2015

Insulsa

Insulsa.
Insulsa mi palabra,
Insulsa mi voz,
Insulsa yo,
perdida entre tanta gente,
perdida en un tumulto sin sentido,
que sólo lo tiene,
cuando estás vos.
V.O.S,
razón de mi apogeo.

sábado, 7 de febrero de 2015

Tiempo

Pasaron dos meses y 29 días.
8 de febrero de 2015. 03:47 am.
Te sigo extrañando, me seguís doliendo. ¿Cuánto tiempo se va a seguir tomando el tiempo?.

Regalo de cumple años.

Regalame veinte poesías,
para no perder mi toque.
Regalame diez acuarelas,
para pintar la lluvia que no cae en febrero.
Regalame un deseo,
para poder olvidarte.
Regalame una razón,
para no hacerlo.
Regalame tu presencia,
para calmar la ausencia que siente mi cuerpo sin la fricción del tuyo.
Regalame tu ausencia,
para valorar la presencia de los miércoles a las cinco de la tarde.
Regalame una sonrisa,
para seguir creyendo.
Regalame una lágrima,
para seguir confiando.
Regalame un beso,
que es todo lo que necesito.

Otro día

Hoy es otro día,
en el que me acuerdo de vos,
y no, no estás

Hoy es otro día,
que mi cuerpo reclama tu presencia,
y sólo encuentra ausencia y nada más

Hoy es otro día,
más cerca del olvido,
más lejos de vos

Hoy es otro día,
en el que cierro los ojos,
y te veo,
un subrrealismo tan real,
como mi "estoy" sin tu "estás"

Hoy es otro día,
que entre café oxidado,
me acuerdo de lo entregado,
me acuerdo de lo caminado,
y rompo a llorar.

viernes, 6 de febrero de 2015

Seremos

Si me amás regalame un "seremos".
La gente tiende a creer que las palabras "te amo" son las más profundas, sin embargo para mí no es así.
Algo que yo valoro más es el "seremos". Tres sílabas simples pero que tienen un trasfondo que me deja más anonadada.
El "seremos" es un deseo del presente, un querer ser pero que está lejano en el tiempo y que conlleva un largo camino. Es una promesa del futuro.
Algunos dirían que si es un juramento de lo que viene no me serviría de nada porque el futuro no tiene garantías. El ahora metamorfosea y lo que es ya no es más  lo que iba a ser.
Sin embargo, eso es lo que me parece interesante del "seremos". No tengo garantías de que así sea, por ende es algo que idealizo.
Si me regalás un "seremos" me regalás una utopía que sólo sirve para caminar. Me estás regalando algo por lo cual seguir y pelear.
Y... si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.
Me estás regalando tu ahora y el que va a ser.
Entonces, ¿seremos?.

domingo, 1 de febrero de 2015

Febrero

Febrero me agarra distraída y me arranca la cabeza.
El año pasado fue lo mismo, pero con sucesos fortuitos que no sólo me hicieron avanzar; sino que me despegaron. Esos mismos hechos, o mejor vamos a llamarlos recuerdos, son los que hoy me arrastran para atrás, y en vez de hacerme avanzar, me retienen.
Qué mierda esto de ver lo que hace el tiempo con su paso. Si, ya sé... el tiempo también tiene su cara "positiva". Sin embargo, en este presente me encuentro con la cara corrosiva.
Hoy, 1 de febrero, me encuentro con el antinomio del tiempo sanador; me encuentro con la nostalgia. La malparida de la nostalgia que es tan puta que te agarra a las dos, tres de la mañana... esa voz que te suena en la cabeza que repite una escena tras otra.
"¿Te acordás cuando el 13 de febrero...?" y ahí te relata todos esos momentos que ya no están, que los meses se encargaron de llevarse para que parezcan lejanos; totalmente ajenos a vos. Esos recuerdos  secuestrados, archivados pero no olvidados (porque el del olvido ni hablemos, ni existe para mí).  Sí, exactamente hablo de esas evocaciones que el tiempo se encarga de que hasta ilusionen con ser de otra persona porque ya ni soy la misma que hace un año (y menos mal que no lo soy, o quizás qué mala suerte).
En fin, la típica nostalgia nocturna que el tiempo se encarga de fabricar año tras año. 
Pero tampoco seamos tan negativos.. porque más allá que sea cierto que mi febrero del año 2014 fue cuasiperfecto, si me pongo a pensar en todo lo que desencadenaron esas cosas que en ese tiempo me hicieron bien, yo debería decir "qué bien que estoy en este febrero, mirá lo que pasé, lo que aprendí". Pero eso no lo podemos ver por la ceguera que produce la nostalgia. Porque esta nostalgia se titula "Lo que ayer me daba placer hoy me da dolor". 
Y si me lo reformulo, si pienso en frío, mi febrero del año pasado quizás fue muy fantaseoso y genial, pero eso terminó en un acto nefasto que hoy en día quizás me deja mejor parada.
Miren qué dilema esto del tiempo. Tiempo hipócrita.
 

Lo que me digas que soy

Lo que me digas que soy,
no va a cambiar quién realmente soy,
sino quién sos vos para mí.

Lo que me digas que soy,
no me lo voy a apropiar,
no lo voy a hacer marca registrada.

Lo que me digas que soy,
no es que no me afecte,
sino, que no me lo creo.

sábado, 31 de enero de 2015

Visceral

Me puse a pensar qué palabra usaría si tengo que definir lo que sentí en esos días de mi vida.
Primero me consideré una persona pasional, pero sin embargo eso no me bastaba porque lo que me estaba pasando no era solamente intenso sino que hasta un punto cruzaba las fronteras de mi razón, cuestionando mi propio criterio e ideales. Flagelando mi moral.
Entonces dije.. Lo que sentí y de la manera en la que actué fue visceral. Intenso e irracional.
Mi razón me decía cómo iba a terminar la situación, pero mis ilusiones poco sutiles intentaban todo el tiempo actuar por sí solas.

Lo que nunca me dijiste

Lo único que nunca me dijiste era si realmente te importaba; entonces lo que nunca sabré es si te importé.

viernes, 30 de enero de 2015

El cuento del león.

Si bien recién me levanto y estoy un poco desconcentrada, me puse a leer ciertos escritos y poesías que escribí hace varios años.
Me dí cuenta de muchísimas cosas, como por ejemplo que algunos rasgos los cambié y que otros, para mi sorpresa, siguen intactos. Claramente mi personalidad o todo mi ser en sí, sufrió y está sufriendo una rebelión incesante de ideales que van y vienen, suscitan, mueren y vuelven a resucitar. De a poco la seguridad me atrapa y con ella muchísimos temas que también terminan afectándome.
Porque en sí, la seguridad es buena y necesaria, pero cuando en ciertos lugares existe en exceso se convierte en un defecto. Y la verdad, yo no quiero eso. Porque nada es completamente cierto.
Y acá viene la certeza (encuentren la ironía) que un jueves a las 11:32 am conseguí entender:
Si bien yo cambié para mi buena suerte, supongo, hay cosas en mí que siguen vigentes.
Como por ejemplo ésto, el escribir.
Escribo desde que tengo noción de existir.
Yo sabía hacer lo que hago en este momento inclusive cuando tenía cuatro años. Sólo que no sabía pasarlo a letras. ¿Pero expresarme en palabras? Siempre.
Comencé realmente a escribir cuando tenía seís años. Tenía que escribir in cuento para un proyecto de primer grado (primario). La consigna era crear una historia entre una peluquera de animales y un león. Yo hilé amor.
En mi cabecita de nena de seís años supongo que se pensaba esto; ¿Por qué el león iría a la peluquería si no era por amor?. Asociaba que el seducir a alguien conllevaba apariencia y supongo que no me equivocaba. Pero lo raro de todo esto es que el león entraba a la peluquería un tanto deprimido y salía de ella como si fuese la persona más feliz del mundo y claramente, logró enamorar a su leona.
La respuesta de mi maestra fue excelente. Fue el cuento más largo de todo el grado, y según ella, bien narrado. ¿Pero qué con el contenido?.
Una nena de seís años con baja autoestima, que era gordita y cargada por el resto de sus compañeros estaba escribiendo una historia en la cual su protagonista encontraba el amor y la felicidad una vez que se sentía bello. Díganme si eso no es un problema porque hasta el día de hoy me sigue afectando.
Yo no creo que la belleza sea felicidad, creo todo lo contrario, por eso aborrezco la idea que planteé en el cuento, porque tiene un final anti-ético. Pero tenía seís años, ¿qué se me podía decir?. ¿La maestra debía decirme que el león era bello pero infeliz?. No, eso no.
Y aunque sé que mi verdad de la infancia ya no es mi verdad, no importa cuán bien esté ordenada mi vida, si no me siento complaciente conmigo misma; no me sirve.
Éso y en el amor. Creer que alguien me puede querer más o menos acorde a qué tan linda estoy o qué tan bien me visto. Inconscientemente, me pasa. Claro que es normal para mi edad, pero lo normal es sobrevalorado porque no quiere decir que esté bien.
A los seis años me pasaba lo mismo que ahora. No existe persona en el mundo que pueda ahorrarme mis problemas más que yo. Quizás haya gente que los hace más amenos, que me consuela, que los sosiega y trata de hacer todo lo posible por exonerarme. 
Pero garantizo, que si trabajo sola soy bastante eficaz. Porque ¿cuántas veces me lastimé con situacione que yo misma decidí sentir?.
Y por eso reitero, me pasa lo mismo que a los seis; nadie sabe ver las situaciones desde mis ojos. No van a poder jamás tener mi perspectiva, ni yo la de ellos.
Pero si éso fuese posible, yo me pregunto, ¿qué hubiera sucedido si mi maestra se diera cuenta lo que pasaba por mi cabeza al explayarme tal manera?. Quizás hoy en día sería otra. Capaz mejor, capaz peor. Vaya a saber uno cómo sería, de todas formas, no interesa.
Sólo quiero dejar un mensaje a la gente que es un poco como yo o que tiene este rasgo característico.
Muchas veces el enemigo es uno mismo o por el contrario, el único amigo. A veces necesitamos soluciones que sólo nosotros nos podemos dar porque sólo nosotros las analizamos de aquella manera.
Entonces; dejemos de intentar reclutar un séquito de personas que nos comprendan, porque eso no nos va a ayudar. Es más, a veces sólo sirven las personas que no te entienden en absoluto pero que, a pesar de ello, te escuchan.
Porque a veces el mejor luchador somos nosotros mismos, sin opiniones ajenas.
Por eso les propongo esto: abran el armario, saquen el maldito traje de combate empolvado, vístanse y sean el guerrero que necesitan, sean su Dios y salgan a matar a sus demonios.
Dejen de esperar milagros y conviértanse en ellos. Dejen de esperar un mesías y sean guerreros.
Sean su propio ejército armado contra los abismos del mismo ser.
Y sonrían, es viernes.

martes, 27 de enero de 2015

27 de enero

Un día como hoy (27 de enero)  me dí cuenta que eras un laberinto del cual dificilmente pudiese escapar.
Un año después, pude salir pero no ilesa.
Nunca se sale ilesa de vos.

miércoles, 21 de enero de 2015

Subconsciente.

Me senté en la mesa. Apoyé las manos sobre un mantel bastante antaño y con bordados trabajados a mano. Sobre él, había un florero con jazmines mustios y dos tazas de café humeante.
Me giré y traté de registrar el lugar en el que estaba. Parecía que jamás lo había visitado.
Lo raro es que lo único que había era esa mesita de roble con el mantel, los juegos de café y el florero. Ni más ni menos que eso.
Notando que no tenía ninguna escapatoria, me acomodé en mi asiento.
Del más allá se veía un cuerpo de una mujer caminando hacia mí.
Era yo.
Era una versión rara de mí. Llevaba anteojos y una camisa blanca haciendo juego con una pollera y tacos negros.
Se sentó en frente mio y entrelazó sus manos por sobre la mesa.
- Te escucho. - Me dijo con una voz seria y profunda.
- No, en realidad me gustaría yo escucharte a vos.
- ¿Por qué querrías saber algo sobre mí?. Si lo sabés todo. Yo soy vos. Vos sos yo.
La miré confundida, alcé el brazo y deslicé mis dedos suavemente por el borde del platito de café.
- Ya noté que vos sos yo. Pero no sé ni dónde estamos, ni por qué vestís así y qué querés escuchar.
- Yo soy tu subconsciente. Y en este momento estamos en un lugar un tanto aleatorio de tu cabeza. - Mira atentamente el mantel - para empezar esta mesa era de tu abuela Nélida, que ya falleció. Puedo notar que la quisiste porque están los jazmines que ella tenía en su jardín.
- ¿Y cómo sabés que falleció?.
- Obviando el dato de que yo soy vos, puedo decir que murió porque los jazmines están marchitos.
- Interesante, ¿y por qué vestís así?.
- Porque supongo que querías algo formal.
- ¿Debido a que...?
- Necesitás tomarte en serio. Y parecer empresaria es una forma de expresarlo.
- Ajá. Entiendo. ¿Y qué querés escuchar?
Sonríe. Y se acomoda sus lentes.
- ¿Lo extrañás?.
- ¿A quién?
- A él - extendió la mano y señaló.
Y allí venía caminando él. O mi sueño de él. Estaba entre las sombras, pero por su manera de caminar y su cuerpo podía distinguirlo.
- No quiero verlo.
- Eso es un tanto raro considerando que las dos sabemos perfectamente que sí querés verlo.
La sombra se quedó parada sin moverse pero tampoco se retiraba del todo.
- Sí que quiero verlo
La sombra avanza un paso
- Pero no así
La sombra retrocede.
Me miro a mi versión formal de mi.
- Me dijiste que esto era mi subconsciente, ¿no?. Entonces esto no es real
- No, no lo es. A caso, ¿eso importa?.
- Si mi única forma de verlo es irreal no quiero hacerlo. Ya lo ví de esta manera muchas veces y a la mañana lo único que me quedaba era el regusto de la melancolía y el vacío de que alguna vez estuve llena. Porque esto - dije señalando todo el espacio - es un sueño.
Mi yo mira a la sombra y chasquea los dedos.
- Retirate.
La sombra se da media vuelta y se va.
Me miro.
- Valentina
- ¿Qué?
- Lo extrañamos, ¿cierto?
- Sí
- Y por eso estamos acá.
- Definitivamente
- Buscamos absolvernos de nuestros sentimientos y exonerarnos de que alguna vez pasó.
- Siendo tu subconsciente, yo diría que querés convertirlo en sombra.
- Y eso es muy malo, ¿no?
- Sí. Porque las sombras nos siguen para todos lados y no nos dejan descanso.
- Su recuerdo me va a atormentar toda la vida.
- Por ahora tomate un café.
- Me gustaría que hicieras lo mismo.
Bebo un sorbo mientras mi yo se disfraza de él y me pierdo.
Me pierdo en un yo que intenta entenderlo suplicandole que vuelva.

viernes, 16 de enero de 2015

Ausencia

No puedo olvidarme de vos.
Arruiné todas las relaciones que podía llegar a tener cuando estabas conmigo. Y cuando te fuiste, seguí arruinando las que venían porque nada me conformaba.
¿Y te digo qué duele más?. Verte seguir adelante sin mí.
Ya sé, soy egoísta e inmadura. Pero ojalá algún día me necesites como lo hago yo. Ojalá me mandes un mensaje a la madrugada con algún pretexto tonto diciendome que querés hablar conmigo o algo que se le asemeje.
Ojalá haya herido algo más que tu estúpido ego súper enorme que tanto alimenté.
Porque cuando "estábamos" minimamente podía darme el lujo de quererte. De pensar en vos en cualquier momento del día, en cómo nos besabamos,o qué me decías. Lo hacía porque sabía que eso me pertenecía y que seguiría así.
Pero ya ni eso puedo hacer, porque los recuerdos son tan ajenos... Ni siquiera soy la de antes, ni siquiera puedo quererte sin sentirme pagana. Sin que este sentimiento sea ufano y en vano.
Ni siquiera puedo quererte sin pensar que es una estupidez.
Sólo puedo avergonzarme de cuánto me afectás y que nada te importó, que sólo vas a ir y suplantarme como lo hacés siempre porque yo no fui una excepción.
Yo no fui especial ni diferente a nadie y tengo que dejar de mentirme al respecto. Fui tan igual a cualquiera que ya no sé ni quién soy. 
Tengo que dejar de jactarme que una marca te habré dejado porque fue tan sobre la arena que tarde o temprano las mismas olas del placer las van a borrar.
Y fue en vano, completamente en vano, desvivirme por dejarte algo aunque sea mínimo si sos un experto en hacer que nada ni nadie te afecte la vida de mierda que llevás. Porque no enfrentás el dolor, el olvido ni el amor. Porque no te entregaste y yo te dí todo pero no lo aceptaste.
Me cerraste la puerta en la cara y yo intenté por todos los putos medios decirte cuánto te quería y que por favor no me dejes renunciarte.
Luché y luché. Te dí todo y ese fue el error. Dejé de ser yo, me desfiguré para siempre y eso no te importó.
Porque eso te aburre.
Y te detesto tanto por haberme enamorado. Por haberme dejado en esta miseria de la ausencia que carcome todo el tiempo.
Por llorar cuando creo que estoy bien y no lo estoy. Debería estar genial en este momento de mi vida pero hay un vacío que no me deja en paz.
Porque me faltás y no sé que hacer con eso.

miércoles, 14 de enero de 2015

Segmento de "El ángel y el niño" - Arthur Rimbaud.

" [...] Y los corazones agitados sólo gozan de alegrías tristes;
nunca la alegría reconforta sin nubes y una lágrima luce en la risa que duda. "

Nunca la felicidad reconforta sin dolores.

martes, 13 de enero de 2015

Mi infierno emocional.

En mi infierno emocional, la biblioteca se incendia y los libros están llenos de ácido.
En mi infierno emocional el tiempo continua y corroe. Todo lo que estuvo bien pasa a estar mal.
Las luces se apagan y el fuego también. Vos y yo salimos de la biblioteca que ya es cenizas.
Nos convertimos en palabras. Todo nuestro cuerpo parece un tatuaje intenso e inmenso. Llego a leer, "desamor", "ilusión", "interés", "lujuria", "narcisismo", "fracaso".
Ya no me tomás más la mano y te vas con otra. Aunque te grite que no lo hagas, aunque te diga que te quedes. Te vas.
La vereda se derrumba, Guemes se desintegra. Ahora la mano me la da mi pasado y el tiempo retrocede.
Y estoy sola, con algo en la mano. Pero esto es demasiado, demasiado incluso para mi inferno.
Sangre.
El pasado me da la mano, mi mamá llora.
El pasado me da la mano. Soy chica y un nene me escupe, me dice gorda y me pega.
Vuelvo a estar sola y el agua de la ducha corre.
Vuelvo a estar sola con la espalda contra la pared.
Mi inferno emocional, pequeños pedazos de realidad.

Mi paraíso emocional.

En mi paraíso emocional suenan los beatles todo el tiempo... Aunque en él, mi tiempo no existe porque está congelado.
Es una vieja biblioteca con la que nos topamos meses atrás; que ya no se encuentra más en mi conciencia.
En donde están todos los libros que no leí ordenados alfabeticamente, con sus respectivos olores por explorar junto con  una estantería apartada y en su interior; todos los libros que ya tuve el placer de leer con mis frases subrayadas.
También hay una mesita con una cafetera y dos tazas
¿Por qué dos tazas?.
Ah, cierto. Porque también estás vos.
Esa era la biblioteca en la que nos besamos y volvemos a hacerlo.
Porque ahí el tiempo no transcurre. Porque ahí vuelvo cada vez que me siento mal, que el dolor acecha.
Porque todo empieza cuando me tomás la mano para entrar y continua cuando rozás tus labios con los míos.
Si me concentro mucho, puedo sentir el olor de tinta fresca y de tu perfume. El tacto de tus labios y de la bolsa que tenía en mano.
Si me concentro mucho se puede volver ahí. Mantener la puerta abierta a mi paraíso emocional.

Tabú.

Podría decir que hace exactamente un año me dormía pronunciando tu nombre bajito contra la almohada. Que sonreía por tus "buenas noches" y rezaba para que nunca nunca te fueras de al lado mío.
Hasta que en mi misma me perdí y nunca más volví a ser yo.
Entonces, te convertiste en mi tabú y yo en tu diabla azul.

lunes, 12 de enero de 2015

Buscar (por Alejandra Pizarnik 1936-1972)

"No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene. "

Definición.

Momentos en los que uno se siente infinito...
Como si la fuerza gravitatoria nos abandonara por un rato, el tiempo quedara estático y que por un lapso tan ínfimo y efímero sólo somos nosotros comprendiendo el verdadero sentido de la vida. Sintiéndonos tan bien como si supieramos el significado certero de la felicidad.
Quizás sean cosas ordinarias. Momentos magnifícos en situaciones tan comunes y cotidianas... fáciles de reconocer. Un viaje, un beso, una reunión con amigos o hasta una sencilla mirada. Pero nos sentimos llenos o quizás no, no estamos llenos... sino vacíos. Tan vacíos que pensamos que cualquier partícula es más grande que nosotros. Tan vacíos que no hay dolor, no existe lo superficial. Sólo nosotros y el sentimiento de ser quienes somos.

Ángel. 7-11-14

En su vientre pidió el auxilio,
en su vientre la niña se ahogó,
la cuna vacía quedó,
y un grito de madre se oyó.

Nadie podía ayudar,
atrapada ahí estaba,
nadie supo qué decir,
los puntos se acercaban.

En los papeles figura que nació,
sin pulso,
sin corazón,
sin vida,
sin emoción,
en los papeles figura que luego murió,
una familia,
un futuro,
y una razón.

Nadie la ayudó a volar,
le cortaron las alas antes de salir,
mi pobre ángel,
mi pobre pedacito de cielo,
se ahogó entre risas que nunca soltó,
ni soltará,
ya no hay posibilidad.

Dios sólo te pido,
que a mi angelito cuides,
inocente,
y pura alma,
nunca supo qué pasó.

Antes de nacer,
 murió.
Catalina.

Saludo

Te dí un último beso y me despedí para siempre. Rezando que por favor me hayas absuelto de todo el dolor que tenía adentro. Lloraba y me desgarraba porque el adiós me acechaba y no existían las palabras.
Por primera vez, no existía frase que sirviera como despedida. Por primera vez, todo estaba dicho sin decir nada.
Y me encerré a escuchar blues. Y nunca, nunca, nunca más volviste.
Se preguntarán si nos volvimos a ver, ¿no?. Entonces bien, sí. Lo volví a ver.
¡Me tendió la mano!. 

Lunes 3 am.

Reclamo clemencia de tu ausencia. ¡No me golpees más por favor, ya estoy en el piso!.
(Te regalo mi reminiscencia).
Y si te vas, dejame la poca fe que me queda. Decime, ¿cómo hago para ser feliz?.

Alguien

¿Hay alguien acá que me lea?. Pero que me lea bien, que me lea intentando (en vano) comprenderme.
¿Hay alguien acá que me lea? Pero que me lea bien, sabiendo de lo que hablo.
Porque a veces siento que hay muchas ideas en mi cabeza y no las saco porque nadie escucha con atención. Sólo pocos.

Anoche.

Anoche soñé con vos. Soñé que volvías.
Pero sólo fue un lindo sueño.
(ojalá lo sintiera pesadilla).

Ilusión ilusa.

Lo digo y lo repito hasta el cansancio. Con unas ganas inherentes de que quede completamente claro.
Para mí, la felicidad no es un modelo de vida. Recalquemos el NO.
A partir de acá podemos sacar una súper explicación filosófica sobre que la felicidad es efímera y se escurre como agua entre los dedos. Que nunca vamos a vivir felices porque cada uno de los seres humanos cargamos con ciertos dolores, con "cruces" que nos marcan para siempre.
Como existe el libre albeldrío, podemos tomar nuestras propias decisiones, como somos autónomos y humanos, nos equivocamos y como nos equivocamos; duele. Y en su defecto, como hay heridas y duelen, no podemos vivir felices pero sí aprender a convivir con la tristeza.
Estamos demasiados mal para estar bien y demasiado bien para estar mal. Pero todos estamos rotos y enfermos de muerte. Y nadie puede VIVIR feliz porque la felicidad es efímera y un estado de ánimo que no dura para siempre.
Es decir, hay momentos en nuestra vida en los que realmente somos felices y nos olvidamos de todo lo demás, de las obligaciones, preocupaciones, heridas dolores y etc. Pero eso dura lo que lo bueno; poco. Y cuando caemos a la realidad la felicidad pasa.
Por eso creer que se puede vivir feliz es para los ilusos que confunden placeres, satisfacciones con lo que es la felicidad íntegra expuesta en su mayor potencial.
Porque, para mí "La felicidad es coleccionar pequeños momentos de felicidad" que nos empujan hacia adelante día a día.
Esto es completamente al margen de lo que quería hablar, porque claramente en algún momento voy a tener que hablar de la felicidad porque necesito dejar reminescencia.
Yo sólo quería decir, que en su momento vos me.hiciste una crédula ilusa y como la felicidad es para los utópicos... fui feliz.
Gracias.

domingo, 11 de enero de 2015

¿Clonazepam o café?.

No sé dónde estoy.
No sé si estoy en el infierno de la nostalgia o en el edén de los recuerdos. No sé si es pecado acordarme o placer renunciarte.
Sólo sé que estoy en una bañera llena de agua helada a oscuras, con un libro de Alejandra Pizarnik flotando por ahí. Con un papel de tinta mustia hundido en el fondo.
Sólo sé que no sé por qué escribo... que supongo que es lo único que puedo hacer además de distinguir mis lágrimas destiladas del agua fría.
Sólo sé que después me abrazo a una caja que no sé por qué guardo. ¿Por el contenido?.
Sólo sé que termino derrumbándome de espaldas a la pared, de espaldas a la bañera, de espaldas a la caja y no sé para qué sirve dar espaldas a algo si eso no existe en la cabeza. Si la inseguridad tiene lumbre y acribilla por sí sola.
Sólo sé que subo el volumen de la música y no sé para qué lo hago si mi fuero interno grita.
Sólo sé que no puedo más y no sé por qué.
Y termino llorando, sabiendo que tengo que prepararme algo pero no sé qué, si clonazepam o café.

Fin de semana en nunca jamás.

Si supieras lo que siento en estos días de mi vida en los que te extraño más que nunca y entiendo que jamás quise a nadie tanto como a vos, ¿te quedarías un rato más?.

De jeta al piso. Otra vez.

Otra vez la vida me demuestra que sólo soy tuya. Que vos fuiste mi mejor rock.
Otra vez la vida me toca la puerta y me dice, me avisa, me percata "No intentes sentir lo mismo. No persigas la utopía porque sólo sirve para caminar."
Otra vez la vida me dice cuánto te quiero.
Otra vez la vida me sosiega la paranoia sagaz.
Otra vez la vida me tira al suelo de boca.

La lumbre taciturna.

Todo este tiempo que viví en la penuria de extrañarte me hizo creer en la falacia de que no me quisiste.
Todo este tiempo mareada ante tanto dolor reprimido me hizo pensar que no había importado el esfuerzo temerario de quererte. El coraje necio de intentarlo.
Pero la vida y el destino  (en el que no creo) me dieron una señal; un mensaje tuyo de hace muchísimo tiempo, escondido en vaya a saber uno qué lugar de mi teléfono,  decía "Te quiero".
Dos palabras que me llenaron de paz. Que me dejaron la mente tranquila de que algo (entre tantos errores) hice bien.
Que algo mínimo te habrá quedado de mí. Que nunca me vas a olvidar o que te va a costar hacerlo.
Te extraño.

Sábado.

No hay un sábado que no me secuestren esos recuerdos que tan bonitos adornaste. No hay un sábado que no sea violento.
No hay un sábado que no me mutilen las ganas de volverte a ver, que no fusilen mis labios ausentes.
Te juro que quise volver a empezar, volver a intentar, volver a sentir, a besar, a hablar. Pero no es lo mismo.
Nadie se va a parecer a vos nunca, entonces nadie me interesa. Nadie me importa como para escaparme de casa, como para jugarmela.
Nadie va a besarme como vos o a mirarme como vos. Nadie me va a transformar en la persona que fui antes de tu llegada.
Te juro también que no es que intente sentir lo mismo, porque tengo asumido que no lo voy a sentir. Quiero ser la disidente que idealicé.
Me fui porque tuve la voluntad suficiente como para saber decirte adiós. Me fui porque soy fuerte como para soportarlo.
Pero no puedo evitar extrañarte. Ahuyento cualquier tipo de atisbo de recuerdo que aparezca aleatoriamente en mi cabeza. Ahuyento cualquier tipo de situación que te recuerde.
Intento completamente en vano amputarte y desterrarte.
Y no me interesa conocer a nadie más. Porque besos sin amor sólo son besos.
Y mi amor te pertenece.

sábado, 10 de enero de 2015

Una ironía en rima.

Cómo duele tu ausencia cuando mi cuerpo reclama tu presencia.
Cuánto extraño nuestros lunes y cuánta falta me hacés cuando los días no son más que tristes y mis labios pierden el tinte. Qué bronca me da no acordarme de tu color de voz y que no me quede nada de vos.
Cómo duelen los sábados cuando no son de a dos y qué bien me hiciste cuando me quisiste.
Somos lo que no vamos a ser y seremos lo que no somos; una ironía.

jueves, 8 de enero de 2015

Ahora me autocuestiono varias cosas que sentí por él.
Si bien me enamoré, por un momento creí que era necia en intentar algo.
Que continué y continué por ser cabeza dura y caprichosa. Por elegir algo que no puedo tener y tratar de alcanzarlo. Era como tratar de correr rápido en un sueño. Muy frustrante.
Entonces yo me consideré una histérica. Una vez que tuviera posibilidad con lo imposible me aburriría de él.
Traté de convencerme que podía ser cualquier cosa menos amor.
Hasta que lo escuché (sí, escuché) con otra chica en una situación bastante comprometedora. Y no sentí ni bronca, ni fueron sólo sentimientos de celos. Fue angustia y dolor. Sentí que me corrompían, que flaqueaba. Que caía como tantas otras veces.
Empecé a preguntarme hasta dónde llegarían mis límites.
Después lo ví en otras circunstancias con las que, claramente, me sentí peor que mal.
Porque me encantaba. Porque más allá de que era muy mujeriego, él había llegado en el momento justo.
En el momento justo en que mi vida iba a cambiar. Él me transformó en algo mejor (al principio).
Y así pasó el tiempo, yo en las sombras. Quería volver diáfano al pecador.
Y lo intenté.
Me enamoré, no se lo dije. Mentí sobre que quería solamente diversión.
Y así la tuve.
Me convertí en otra persona que no era. Caí muy bajo.
Y él se fue con alguien que era parecida a la verdadera yo.
Se fue con alguien que sería yo si no estuviera enamorada.
Porque cuando me enamoro soy una imbécil.
Y me pregunto, si no fue histeria... ¿por qué me aguanté todas esas cosas?, ¿por qué llevé mi angustia al límite?.
Porque él había enamorado hasta mi tristeza.

lunes, 5 de enero de 2015

Hoy, disfruto el momento.

Supongo que ya dejé de pensar que ibas a venir a buscarme, que ibas a pasar por casa. Acepté que no me querías, que sólo fui un cuerpo para vos, que sólo fui deseo.
Lo supe desde el principio, pero no me importó lo suficiente para darme por vencida. Te quería demasiado como para rendirme y aceptar que nunca ibas a sentir algo por mí, que nunca te iba a mover el piso.
Capaz porque no te interesaba lo que te tenía para decir, capaz sólo intenté ser lo que vos querías que yo fuera.
La pifié muchas veces, la pifiamos.
Pero ahora ya estás atrás, ya sos pasado. Un pasado que pesa, un pasado que carcome.
El amor del vicio, de volver por esos labios de alba una y otra vez.
Pero necesito un amor recíproco. Necesito dejar de ser taciturna y utópica. Quiero algo real.
Pero ahora ya me cansé de esto, del amor.
Hoy, disfruto el momento.

Me hacés mal

Hoy entendí que nunca me quisiste.
Hoy te necesité y me diste la espalda. Hoy me urgía un mensaje tuyo, una pregunta de cómo estoy... Necesitaba recomponerme.
Pero no, no estuviste ahí. Nunca lo hiciste.
Porque lamentablemente no soy nada más que un cuerpo hueco; para vos no existe otra cosa. No te interesa qué pienso de la vida, o de vos, o cuánto te quiero en realidad. No te interesa ni siquiera saber lo que busco, no te importa ni pensar si me vas a herir o no. Yo no te importo, nunca te importé.
Y es mi culpa. Busqué algo en vos que no existía, quería que sintieras algo nuevo, sin saber que ya lo habías sentido todo. O quizás no, no sentiste todas las clases de amor pero sí de pasiones. Pasiones ocultas, misteriosas. Jugadas. Sos un experto en éso y yo caí en la estrategia pensando que iba a ganar. Soy ciega.
Me enseñaste muchas cosas. Y no me arrepiento de haberte entregado la vida si me queda lo bueno. No me arrepiento de lo que hice.
Y me gustaría ser lo suficientemente valiente como para decirte adiós. Para afrontar el dolor.
Pero soy una cobarde. Y si no estás, mi voluntad no existe.