Te dí un último beso y me despedí para siempre. Rezando que por favor me hayas absuelto de todo el dolor que tenía adentro. Lloraba y me desgarraba porque el adiós me acechaba y no existían las palabras.
Por primera vez, no existía frase que sirviera como despedida. Por primera vez, todo estaba dicho sin decir nada.
Y me encerré a escuchar blues. Y nunca, nunca, nunca más volviste.
Se preguntarán si nos volvimos a ver, ¿no?. Entonces bien, sí. Lo volví a ver.
¡Me tendió la mano!.
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