"A veces escribo sobre cosas que no valen la pena" así empecé diciendo, pero después pensé "no valdrá la pena pero sí las palabras". Y acá estoy, llenándote de letras.
Podría hablar de tu postura desgarbada, de lo bien que te queda ese cigarrillo en la boca, de esos ademanes soberbios (y un tanto divertidos) que hacés cuando alguien contradice tu discurso. Podría mencionar que caminás con altanería cuando sabés que te estoy mirando y agachás la cabeza cuando creés que no te observo.
Te gusta impresionar, te gusta sentirte inteligente. Necesitás demostrarlo. También necesitás tener el control de todo, de las personas, de mí. Nunca pedís, siempre demandás.
Tengo la obligación de escribir de tus expresivos ojos color oro, lo firme que es tu mano en mi cintura o tu boca en mi cuello. También de lo angelical que parecés estando dormido, encerrándome torpemente entre tus brazos e intentando resguardarme entre espasmos oníricos.
Y lo más lindo: la manera en la que me tocás. Llegás a mí a través de las palabras.
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
jueves, 24 de septiembre de 2015
Tarde
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