sábado, 27 de junio de 2015

Sábado

No hizo falta hundirse bajo el agua porque la vida real ya se encargaba de ahogarla. Ahora, aquella sustancia grisácea e insulsa estancada en una bañera sólo sirve para amortiguar los gritos desesperados que larga un sábado a las siete de la tarde, cuando el sol la apaga y la lluvia decide empaparla de nostalgia.

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