"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
sábado, 31 de enero de 2015
Visceral
Primero me consideré una persona pasional, pero sin embargo eso no me bastaba porque lo que me estaba pasando no era solamente intenso sino que hasta un punto cruzaba las fronteras de mi razón, cuestionando mi propio criterio e ideales. Flagelando mi moral.
Entonces dije.. Lo que sentí y de la manera en la que actué fue visceral. Intenso e irracional.
Mi razón me decía cómo iba a terminar la situación, pero mis ilusiones poco sutiles intentaban todo el tiempo actuar por sí solas.
Lo que nunca me dijiste
viernes, 30 de enero de 2015
El cuento del león.
Me dí cuenta de muchísimas cosas, como por ejemplo que algunos rasgos los cambié y que otros, para mi sorpresa, siguen intactos. Claramente mi personalidad o todo mi ser en sí, sufrió y está sufriendo una rebelión incesante de ideales que van y vienen, suscitan, mueren y vuelven a resucitar. De a poco la seguridad me atrapa y con ella muchísimos temas que también terminan afectándome.
Y acá viene la certeza (encuentren la ironía) que un jueves a las 11:32 am conseguí entender:
Si bien yo cambié para mi buena suerte, supongo, hay cosas en mí que siguen vigentes.
Como por ejemplo ésto, el escribir.
Escribo desde que tengo noción de existir.
Yo sabía hacer lo que hago en este momento inclusive cuando tenía cuatro años. Sólo que no sabía pasarlo a letras. ¿Pero expresarme en palabras? Siempre.
Comencé realmente a escribir cuando tenía seís años. Tenía que escribir in cuento para un proyecto de primer grado (primario). La consigna era crear una historia entre una peluquera de animales y un león. Yo hilé amor.
En mi cabecita de nena de seís años supongo que se pensaba esto; ¿Por qué el león iría a la peluquería si no era por amor?. Asociaba que el seducir a alguien conllevaba apariencia y supongo que no me equivocaba. Pero lo raro de todo esto es que el león entraba a la peluquería un tanto deprimido y salía de ella como si fuese la persona más feliz del mundo y claramente, logró enamorar a su leona.
La respuesta de mi maestra fue excelente. Fue el cuento más largo de todo el grado, y según ella, bien narrado. ¿Pero qué con el contenido?.
Una nena de seís años con baja autoestima, que era gordita y cargada por el resto de sus compañeros estaba escribiendo una historia en la cual su protagonista encontraba el amor y la felicidad una vez que se sentía bello. Díganme si eso no es un problema porque hasta el día de hoy me sigue afectando.
Yo no creo que la belleza sea felicidad, creo todo lo contrario, por eso aborrezco la idea que planteé en el cuento, porque tiene un final anti-ético. Pero tenía seís años, ¿qué se me podía decir?. ¿La maestra debía decirme que el león era bello pero infeliz?. No, eso no.
Y aunque sé que mi verdad de la infancia ya no es mi verdad, no importa cuán bien esté ordenada mi vida, si no me siento complaciente conmigo misma; no me sirve.
Éso y en el amor. Creer que alguien me puede querer más o menos acorde a qué tan linda estoy o qué tan bien me visto. Inconscientemente, me pasa. Claro que es normal para mi edad, pero lo normal es sobrevalorado porque no quiere decir que esté bien.
A los seis años me pasaba lo mismo que ahora. No existe persona en el mundo que pueda ahorrarme mis problemas más que yo. Quizás haya gente que los hace más amenos, que me consuela, que los sosiega y trata de hacer todo lo posible por exonerarme.
Y por eso reitero, me pasa lo mismo que a los seis; nadie sabe ver las situaciones desde mis ojos. No van a poder jamás tener mi perspectiva, ni yo la de ellos.
Pero si éso fuese posible, yo me pregunto, ¿qué hubiera sucedido si mi maestra se diera cuenta lo que pasaba por mi cabeza al explayarme tal manera?. Quizás hoy en día sería otra. Capaz mejor, capaz peor. Vaya a saber uno cómo sería, de todas formas, no interesa.
Sólo quiero dejar un mensaje a la gente que es un poco como yo o que tiene este rasgo característico.
Muchas veces el enemigo es uno mismo o por el contrario, el único amigo. A veces necesitamos soluciones que sólo nosotros nos podemos dar porque sólo nosotros las analizamos de aquella manera.
Entonces; dejemos de intentar reclutar un séquito de personas que nos comprendan, porque eso no nos va a ayudar. Es más, a veces sólo sirven las personas que no te entienden en absoluto pero que, a pesar de ello, te escuchan.
Porque a veces el mejor luchador somos nosotros mismos, sin opiniones ajenas.
Por eso les propongo esto: abran el armario, saquen el maldito traje de combate empolvado, vístanse y sean el guerrero que necesitan, sean su Dios y salgan a matar a sus demonios.
Dejen de esperar milagros y conviértanse en ellos. Dejen de esperar un mesías y sean guerreros.
Sean su propio ejército armado contra los abismos del mismo ser.
Y sonrían, es viernes.
martes, 27 de enero de 2015
27 de enero
Un día como hoy (27 de enero) me dí cuenta que eras un laberinto del cual dificilmente pudiese escapar.
Un año después, pude salir pero no ilesa.
Nunca se sale ilesa de vos.
miércoles, 21 de enero de 2015
Subconsciente.
Me senté en la mesa. Apoyé las manos sobre un mantel bastante antaño y con bordados trabajados a mano. Sobre él, había un florero con jazmines mustios y dos tazas de café humeante.
Me giré y traté de registrar el lugar en el que estaba. Parecía que jamás lo había visitado.
Lo raro es que lo único que había era esa mesita de roble con el mantel, los juegos de café y el florero. Ni más ni menos que eso.
Notando que no tenía ninguna escapatoria, me acomodé en mi asiento.
Del más allá se veía un cuerpo de una mujer caminando hacia mí.
Era yo.
Era una versión rara de mí. Llevaba anteojos y una camisa blanca haciendo juego con una pollera y tacos negros.
Se sentó en frente mio y entrelazó sus manos por sobre la mesa.
- Te escucho. - Me dijo con una voz seria y profunda.
- No, en realidad me gustaría yo escucharte a vos.
- ¿Por qué querrías saber algo sobre mí?. Si lo sabés todo. Yo soy vos. Vos sos yo.
La miré confundida, alcé el brazo y deslicé mis dedos suavemente por el borde del platito de café.
- Ya noté que vos sos yo. Pero no sé ni dónde estamos, ni por qué vestís así y qué querés escuchar.
- Yo soy tu subconsciente. Y en este momento estamos en un lugar un tanto aleatorio de tu cabeza. - Mira atentamente el mantel - para empezar esta mesa era de tu abuela Nélida, que ya falleció. Puedo notar que la quisiste porque están los jazmines que ella tenía en su jardín.
- ¿Y cómo sabés que falleció?.
- Obviando el dato de que yo soy vos, puedo decir que murió porque los jazmines están marchitos.
- Interesante, ¿y por qué vestís así?.
- Porque supongo que querías algo formal.
- ¿Debido a que...?
- Necesitás tomarte en serio. Y parecer empresaria es una forma de expresarlo.
- Ajá. Entiendo. ¿Y qué querés escuchar?
Sonríe. Y se acomoda sus lentes.
- ¿Lo extrañás?.
- ¿A quién?
- A él - extendió la mano y señaló.
Y allí venía caminando él. O mi sueño de él. Estaba entre las sombras, pero por su manera de caminar y su cuerpo podía distinguirlo.
- No quiero verlo.
- Eso es un tanto raro considerando que las dos sabemos perfectamente que sí querés verlo.
La sombra se quedó parada sin moverse pero tampoco se retiraba del todo.
- Sí que quiero verlo
La sombra avanza un paso
- Pero no así
La sombra retrocede.
Me miro a mi versión formal de mi.
- Me dijiste que esto era mi subconsciente, ¿no?. Entonces esto no es real
- No, no lo es. A caso, ¿eso importa?.
- Si mi única forma de verlo es irreal no quiero hacerlo. Ya lo ví de esta manera muchas veces y a la mañana lo único que me quedaba era el regusto de la melancolía y el vacío de que alguna vez estuve llena. Porque esto - dije señalando todo el espacio - es un sueño.
Mi yo mira a la sombra y chasquea los dedos.
- Retirate.
La sombra se da media vuelta y se va.
Me miro.
- Valentina
- ¿Qué?
- Lo extrañamos, ¿cierto?
- Sí
- Y por eso estamos acá.
- Definitivamente
- Buscamos absolvernos de nuestros sentimientos y exonerarnos de que alguna vez pasó.
- Siendo tu subconsciente, yo diría que querés convertirlo en sombra.
- Y eso es muy malo, ¿no?
- Sí. Porque las sombras nos siguen para todos lados y no nos dejan descanso.
- Su recuerdo me va a atormentar toda la vida.
- Por ahora tomate un café.
- Me gustaría que hicieras lo mismo.
Bebo un sorbo mientras mi yo se disfraza de él y me pierdo.
Me pierdo en un yo que intenta entenderlo suplicandole que vuelva.
viernes, 16 de enero de 2015
Ausencia
No puedo olvidarme de vos.
Arruiné todas las relaciones que podía llegar a tener cuando estabas conmigo. Y cuando te fuiste, seguí arruinando las que venían porque nada me conformaba.
¿Y te digo qué duele más?. Verte seguir adelante sin mí.
Ya sé, soy egoísta e inmadura. Pero ojalá algún día me necesites como lo hago yo. Ojalá me mandes un mensaje a la madrugada con algún pretexto tonto diciendome que querés hablar conmigo o algo que se le asemeje.
Ojalá haya herido algo más que tu estúpido ego súper enorme que tanto alimenté.
Porque cuando "estábamos" minimamente podía darme el lujo de quererte. De pensar en vos en cualquier momento del día, en cómo nos besabamos,o qué me decías. Lo hacía porque sabía que eso me pertenecía y que seguiría así.
Pero ya ni eso puedo hacer, porque los recuerdos son tan ajenos... Ni siquiera soy la de antes, ni siquiera puedo quererte sin sentirme pagana. Sin que este sentimiento sea ufano y en vano.
Ni siquiera puedo quererte sin pensar que es una estupidez.
Sólo puedo avergonzarme de cuánto me afectás y que nada te importó, que sólo vas a ir y suplantarme como lo hacés siempre porque yo no fui una excepción.
Yo no fui especial ni diferente a nadie y tengo que dejar de mentirme al respecto. Fui tan igual a cualquiera que ya no sé ni quién soy.
Tengo que dejar de jactarme que una marca te habré dejado porque fue tan sobre la arena que tarde o temprano las mismas olas del placer las van a borrar.
Y fue en vano, completamente en vano, desvivirme por dejarte algo aunque sea mínimo si sos un experto en hacer que nada ni nadie te afecte la vida de mierda que llevás. Porque no enfrentás el dolor, el olvido ni el amor. Porque no te entregaste y yo te dí todo pero no lo aceptaste.
Me cerraste la puerta en la cara y yo intenté por todos los putos medios decirte cuánto te quería y que por favor no me dejes renunciarte.
Luché y luché. Te dí todo y ese fue el error. Dejé de ser yo, me desfiguré para siempre y eso no te importó.
Porque eso te aburre.
Y te detesto tanto por haberme enamorado. Por haberme dejado en esta miseria de la ausencia que carcome todo el tiempo.
Por llorar cuando creo que estoy bien y no lo estoy. Debería estar genial en este momento de mi vida pero hay un vacío que no me deja en paz.
Porque me faltás y no sé que hacer con eso.
miércoles, 14 de enero de 2015
Segmento de "El ángel y el niño" - Arthur Rimbaud.
nunca la alegría reconforta sin nubes y una lágrima luce en la risa que duda. "
Nunca la felicidad reconforta sin dolores.
martes, 13 de enero de 2015
Mi infierno emocional.
En mi infierno emocional el tiempo continua y corroe. Todo lo que estuvo bien pasa a estar mal.
Las luces se apagan y el fuego también. Vos y yo salimos de la biblioteca que ya es cenizas.
Nos convertimos en palabras. Todo nuestro cuerpo parece un tatuaje intenso e inmenso. Llego a leer, "desamor", "ilusión", "interés", "lujuria", "narcisismo", "fracaso".
Ya no me tomás más la mano y te vas con otra. Aunque te grite que no lo hagas, aunque te diga que te quedes. Te vas.
La vereda se derrumba, Guemes se desintegra. Ahora la mano me la da mi pasado y el tiempo retrocede.
Y estoy sola, con algo en la mano. Pero esto es demasiado, demasiado incluso para mi inferno.
Sangre.
El pasado me da la mano, mi mamá llora.
El pasado me da la mano. Soy chica y un nene me escupe, me dice gorda y me pega.
Vuelvo a estar sola y el agua de la ducha corre.
Vuelvo a estar sola con la espalda contra la pared.
Mi inferno emocional, pequeños pedazos de realidad.
Mi paraíso emocional.
Es una vieja biblioteca con la que nos topamos meses atrás; que ya no se encuentra más en mi conciencia.
En donde están todos los libros que no leí ordenados alfabeticamente, con sus respectivos olores por explorar junto con una estantería apartada y en su interior; todos los libros que ya tuve el placer de leer con mis frases subrayadas.
También hay una mesita con una cafetera y dos tazas
¿Por qué dos tazas?.
Ah, cierto. Porque también estás vos.
Esa era la biblioteca en la que nos besamos y volvemos a hacerlo.
Porque ahí el tiempo no transcurre. Porque ahí vuelvo cada vez que me siento mal, que el dolor acecha.
Porque todo empieza cuando me tomás la mano para entrar y continua cuando rozás tus labios con los míos.
Si me concentro mucho, puedo sentir el olor de tinta fresca y de tu perfume. El tacto de tus labios y de la bolsa que tenía en mano.
Si me concentro mucho se puede volver ahí. Mantener la puerta abierta a mi paraíso emocional.
Tabú.
Hasta que en mi misma me perdí y nunca más volví a ser yo.
Entonces, te convertiste en mi tabú y yo en tu diabla azul.
lunes, 12 de enero de 2015
Buscar (por Alejandra Pizarnik 1936-1972)
"No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene. "
Definición.
Como si la fuerza gravitatoria nos abandonara por un rato, el tiempo quedara estático y que por un lapso tan ínfimo y efímero sólo somos nosotros comprendiendo el verdadero sentido de la vida. Sintiéndonos tan bien como si supieramos el significado certero de la felicidad.
Quizás sean cosas ordinarias. Momentos magnifícos en situaciones tan comunes y cotidianas... fáciles de reconocer. Un viaje, un beso, una reunión con amigos o hasta una sencilla mirada. Pero nos sentimos llenos o quizás no, no estamos llenos... sino vacíos. Tan vacíos que pensamos que cualquier partícula es más grande que nosotros. Tan vacíos que no hay dolor, no existe lo superficial. Sólo nosotros y el sentimiento de ser quienes somos.
Ángel. 7-11-14
en su vientre la niña se ahogó,
la cuna vacía quedó,
y un grito de madre se oyó.
Nadie podía ayudar,
atrapada ahí estaba,
nadie supo qué decir,
los puntos se acercaban.
En los papeles figura que nació,
sin pulso,
sin corazón,
sin vida,
sin emoción,
en los papeles figura que luego murió,
una familia,
un futuro,
y una razón.
Nadie la ayudó a volar,
le cortaron las alas antes de salir,
mi pobre ángel,
mi pobre pedacito de cielo,
se ahogó entre risas que nunca soltó,
ni soltará,
ya no hay posibilidad.
Dios sólo te pido,
que a mi angelito cuides,
inocente,
y pura alma,
nunca supo qué pasó.
Antes de nacer,
murió.
Saludo
Por primera vez, no existía frase que sirviera como despedida. Por primera vez, todo estaba dicho sin decir nada.
Y me encerré a escuchar blues. Y nunca, nunca, nunca más volviste.
Se preguntarán si nos volvimos a ver, ¿no?. Entonces bien, sí. Lo volví a ver.
¡Me tendió la mano!.
Lunes 3 am.
(Te regalo mi reminiscencia).
Y si te vas, dejame la poca fe que me queda. Decime, ¿cómo hago para ser feliz?.
Alguien
¿Hay alguien acá que me lea? Pero que me lea bien, sabiendo de lo que hablo.
Porque a veces siento que hay muchas ideas en mi cabeza y no las saco porque nadie escucha con atención. Sólo pocos.
Anoche.
Pero sólo fue un lindo sueño.
(ojalá lo sintiera pesadilla).
Ilusión ilusa.
Lo digo y lo repito hasta el cansancio. Con unas ganas inherentes de que quede completamente claro.
Para mí, la felicidad no es un modelo de vida. Recalquemos el NO.
A partir de acá podemos sacar una súper explicación filosófica sobre que la felicidad es efímera y se escurre como agua entre los dedos. Que nunca vamos a vivir felices porque cada uno de los seres humanos cargamos con ciertos dolores, con "cruces" que nos marcan para siempre.
Como existe el libre albeldrío, podemos tomar nuestras propias decisiones, como somos autónomos y humanos, nos equivocamos y como nos equivocamos; duele. Y en su defecto, como hay heridas y duelen, no podemos vivir felices pero sí aprender a convivir con la tristeza.
Estamos demasiados mal para estar bien y demasiado bien para estar mal. Pero todos estamos rotos y enfermos de muerte. Y nadie puede VIVIR feliz porque la felicidad es efímera y un estado de ánimo que no dura para siempre.
Es decir, hay momentos en nuestra vida en los que realmente somos felices y nos olvidamos de todo lo demás, de las obligaciones, preocupaciones, heridas dolores y etc. Pero eso dura lo que lo bueno; poco. Y cuando caemos a la realidad la felicidad pasa.
Por eso creer que se puede vivir feliz es para los ilusos que confunden placeres, satisfacciones con lo que es la felicidad íntegra expuesta en su mayor potencial.
Porque, para mí "La felicidad es coleccionar pequeños momentos de felicidad" que nos empujan hacia adelante día a día.
Esto es completamente al margen de lo que quería hablar, porque claramente en algún momento voy a tener que hablar de la felicidad porque necesito dejar reminescencia.
Yo sólo quería decir, que en su momento vos me.hiciste una crédula ilusa y como la felicidad es para los utópicos... fui feliz.
Gracias.
domingo, 11 de enero de 2015
¿Clonazepam o café?.
No sé si estoy en el infierno de la nostalgia o en el edén de los recuerdos. No sé si es pecado acordarme o placer renunciarte.
Sólo sé que estoy en una bañera llena de agua helada a oscuras, con un libro de Alejandra Pizarnik flotando por ahí. Con un papel de tinta mustia hundido en el fondo.
Sólo sé que no sé por qué escribo... que supongo que es lo único que puedo hacer además de distinguir mis lágrimas destiladas del agua fría.
Sólo sé que después me abrazo a una caja que no sé por qué guardo. ¿Por el contenido?.
Sólo sé que termino derrumbándome de espaldas a la pared, de espaldas a la bañera, de espaldas a la caja y no sé para qué sirve dar espaldas a algo si eso no existe en la cabeza. Si la inseguridad tiene lumbre y acribilla por sí sola.
Sólo sé que subo el volumen de la música y no sé para qué lo hago si mi fuero interno grita.
Sólo sé que no puedo más y no sé por qué.
Y termino llorando, sabiendo que tengo que prepararme algo pero no sé qué, si clonazepam o café.
Fin de semana en nunca jamás.
De jeta al piso. Otra vez.
Otra vez la vida me toca la puerta y me dice, me avisa, me percata "No intentes sentir lo mismo. No persigas la utopía porque sólo sirve para caminar."
Otra vez la vida me dice cuánto te quiero.
Otra vez la vida me sosiega la paranoia sagaz.
Otra vez la vida me tira al suelo de boca.
La lumbre taciturna.
Todo este tiempo mareada ante tanto dolor reprimido me hizo pensar que no había importado el esfuerzo temerario de quererte. El coraje necio de intentarlo.
Pero la vida y el destino (en el que no creo) me dieron una señal; un mensaje tuyo de hace muchísimo tiempo, escondido en vaya a saber uno qué lugar de mi teléfono, decía "Te quiero".
Dos palabras que me llenaron de paz. Que me dejaron la mente tranquila de que algo (entre tantos errores) hice bien.
Que algo mínimo te habrá quedado de mí. Que nunca me vas a olvidar o que te va a costar hacerlo.
Te extraño.
Sábado.
No hay un sábado que no me mutilen las ganas de volverte a ver, que no fusilen mis labios ausentes.
Te juro que quise volver a empezar, volver a intentar, volver a sentir, a besar, a hablar. Pero no es lo mismo.
Nadie se va a parecer a vos nunca, entonces nadie me interesa. Nadie me importa como para escaparme de casa, como para jugarmela.
Nadie va a besarme como vos o a mirarme como vos. Nadie me va a transformar en la persona que fui antes de tu llegada.
Te juro también que no es que intente sentir lo mismo, porque tengo asumido que no lo voy a sentir. Quiero ser la disidente que idealicé.
Me fui porque tuve la voluntad suficiente como para saber decirte adiós. Me fui porque soy fuerte como para soportarlo.
Pero no puedo evitar extrañarte. Ahuyento cualquier tipo de atisbo de recuerdo que aparezca aleatoriamente en mi cabeza. Ahuyento cualquier tipo de situación que te recuerde.
Intento completamente en vano amputarte y desterrarte.
Y no me interesa conocer a nadie más. Porque besos sin amor sólo son besos.
Y mi amor te pertenece.
sábado, 10 de enero de 2015
Una ironía en rima.
Cómo duele tu ausencia cuando mi cuerpo reclama tu presencia.
Cuánto extraño nuestros lunes y cuánta falta me hacés cuando los días no son más que tristes y mis labios pierden el tinte. Qué bronca me da no acordarme de tu color de voz y que no me quede nada de vos.
Cómo duelen los sábados cuando no son de a dos y qué bien me hiciste cuando me quisiste.
Somos lo que no vamos a ser y seremos lo que no somos; una ironía.
jueves, 8 de enero de 2015
Ahora me autocuestiono varias cosas que sentí por él.
Si bien me enamoré, por un momento creí que era necia en intentar algo.
Que continué y continué por ser cabeza dura y caprichosa. Por elegir algo que no puedo tener y tratar de alcanzarlo. Era como tratar de correr rápido en un sueño. Muy frustrante.
Entonces yo me consideré una histérica. Una vez que tuviera posibilidad con lo imposible me aburriría de él.
Traté de convencerme que podía ser cualquier cosa menos amor.
Hasta que lo escuché (sí, escuché) con otra chica en una situación bastante comprometedora. Y no sentí ni bronca, ni fueron sólo sentimientos de celos. Fue angustia y dolor. Sentí que me corrompían, que flaqueaba. Que caía como tantas otras veces.
Empecé a preguntarme hasta dónde llegarían mis límites.
Después lo ví en otras circunstancias con las que, claramente, me sentí peor que mal.
Porque me encantaba. Porque más allá de que era muy mujeriego, él había llegado en el momento justo.
En el momento justo en que mi vida iba a cambiar. Él me transformó en algo mejor (al principio).
Y así pasó el tiempo, yo en las sombras. Quería volver diáfano al pecador.
Y lo intenté.
Me enamoré, no se lo dije. Mentí sobre que quería solamente diversión.
Y así la tuve.
Me convertí en otra persona que no era. Caí muy bajo.
Y él se fue con alguien que era parecida a la verdadera yo.
Se fue con alguien que sería yo si no estuviera enamorada.
Porque cuando me enamoro soy una imbécil.
Y me pregunto, si no fue histeria... ¿por qué me aguanté todas esas cosas?, ¿por qué llevé mi angustia al límite?.
Porque él había enamorado hasta mi tristeza.
lunes, 5 de enero de 2015
Hoy, disfruto el momento.
Supongo que ya dejé de pensar que ibas a venir a buscarme, que ibas a pasar por casa. Acepté que no me querías, que sólo fui un cuerpo para vos, que sólo fui deseo.
Lo supe desde el principio, pero no me importó lo suficiente para darme por vencida. Te quería demasiado como para rendirme y aceptar que nunca ibas a sentir algo por mí, que nunca te iba a mover el piso.
Capaz porque no te interesaba lo que te tenía para decir, capaz sólo intenté ser lo que vos querías que yo fuera.
La pifié muchas veces, la pifiamos.
Pero ahora ya estás atrás, ya sos pasado. Un pasado que pesa, un pasado que carcome.
El amor del vicio, de volver por esos labios de alba una y otra vez.
Pero necesito un amor recíproco. Necesito dejar de ser taciturna y utópica. Quiero algo real.
Pero ahora ya me cansé de esto, del amor.
Hoy, disfruto el momento.
Me hacés mal
Hoy entendí que nunca me quisiste.
Hoy te necesité y me diste la espalda. Hoy me urgía un mensaje tuyo, una pregunta de cómo estoy... Necesitaba recomponerme.
Pero no, no estuviste ahí. Nunca lo hiciste.
Porque lamentablemente no soy nada más que un cuerpo hueco; para vos no existe otra cosa. No te interesa qué pienso de la vida, o de vos, o cuánto te quiero en realidad. No te interesa ni siquiera saber lo que busco, no te importa ni pensar si me vas a herir o no. Yo no te importo, nunca te importé.
Y es mi culpa. Busqué algo en vos que no existía, quería que sintieras algo nuevo, sin saber que ya lo habías sentido todo. O quizás no, no sentiste todas las clases de amor pero sí de pasiones. Pasiones ocultas, misteriosas. Jugadas. Sos un experto en éso y yo caí en la estrategia pensando que iba a ganar. Soy ciega.
Me enseñaste muchas cosas. Y no me arrepiento de haberte entregado la vida si me queda lo bueno. No me arrepiento de lo que hice.
Y me gustaría ser lo suficientemente valiente como para decirte adiós. Para afrontar el dolor.
Pero soy una cobarde. Y si no estás, mi voluntad no existe.