Mi autodestrucción es hipócrita,
ella pacta con lo que me hace mal,
y después lo apuñala por la espalda con mi birome.
Mi autodestrucción me quiere,
me quiere tanto que no se despega,
y yo me había acostumbrado,
a acercarme un poco más a ella,
a alejarme un poco más de mi.
Pero hoy siento,
que en esta noche,
estoy a una luna más de dejarla,
estoy un paso más lejos,
porque me cansé de que me quiera,
porque me cansé de su pasado,
de las miserias que arrastra,
de las cricatrices que marcan sus pisadas,
de su corroer lento y suspicaz,
tan degradante,
tan imperceptible,
que parece óxido.
Me cansé de odiar,
si hay tanto para dar,
tanto para recibir,
¿de dónde viene el enojo?
Por eso me animo,
de mirarme al espejo,
y llamarla,
y ahí aparece la muy puta,
asoma su cabecita por mi ojo,
se desliza como una lágrima,
y se convierte en una sombra a mi lado,
me susurra,
como siempre hace,
me dice esas cosas horribles,
me muestra esas imágenes que no quiero recordar.
Esta ahí,
en el espejo,
¿no la ves?,
me sonríe con una mueca suicida,
me asusta,
pero ¡si es tan parecida a mi!
tiene mis ojos,
la auto destrucción tiene mis ojos.
Pero no pienso tardar más,
entonces rompo el espejo,
el punto de encuentro,
y la llevo a la bañera,
lugar en el cual tanto me hizo llorar,
la agarro por el cuello,
y presiono,
presiono hasta que la sangre no me llega a los dedos,
presiono hasta que me entumezco,
presiono hasta que me quedo sin fuerzas,
presiono como si mi vida dependiera eso,
y ella está ahí,
bajo el agua,
mirándome sonriente,
¡pero si está feliz por morir!
Se ahoga,
libera el poco oxígeno que tiene,
y yo sonrío triunfante,
¡la maté!,
me digo,
¡la maté a la malparida!
Pero de repente,
me siento presionada,
me siento ahogada,
liberando el poco oxígeno que me queda
Era lo que ella esperaba
Y no,
yo no había matado a la auto destrucción,
ella me había matado a mí
Y lo último que veo,
es esa mirada de suicida,
esa mirada de muerte,
a través de mis ojos.