miércoles, 29 de abril de 2015

Esta ahí, en el espejo

Mi autodestrucción es hipócrita,
ella pacta con lo que me hace mal,
y después lo apuñala por la espalda con mi birome.

Mi autodestrucción me quiere,
me quiere tanto que no se despega,
y yo me había acostumbrado,
a acercarme un poco más a ella,
a alejarme un poco más de mi.

Pero hoy siento,
que en esta noche,
estoy a una luna más de dejarla,
estoy un paso más lejos,
porque me cansé de que me quiera,
porque me cansé de su pasado,
de las miserias que arrastra,
de las cricatrices que marcan sus pisadas,
de su corroer lento y suspicaz,
tan degradante,
tan imperceptible,
que parece óxido.

Me cansé de odiar,
si hay tanto para dar,
tanto para recibir,
¿de dónde viene el enojo?

Por eso me animo,
de mirarme al espejo,
y llamarla,
y ahí aparece la muy puta,
asoma su cabecita por mi ojo,
se desliza como una lágrima,
y se convierte en una sombra a mi lado,
me susurra,
como siempre hace,
me dice esas cosas horribles,
me muestra esas imágenes que no quiero recordar.

Esta ahí,
en el espejo,
¿no la ves?,
me sonríe con una mueca suicida,
me asusta,
pero ¡si es tan parecida a mi!
tiene mis ojos,
la auto destrucción tiene mis ojos.

Pero no pienso tardar más,
entonces rompo el espejo,
el punto de encuentro,
y la llevo a la bañera,
lugar en el cual tanto me hizo llorar,
la agarro por el cuello,
y presiono,
presiono hasta que la sangre no me llega a los dedos,
presiono hasta que me entumezco,
presiono hasta que me quedo sin fuerzas,
presiono como si mi vida dependiera eso,
y ella está ahí,
bajo el agua,
mirándome sonriente,
¡pero si está feliz por morir!

Se ahoga,
libera el poco oxígeno que tiene,
y yo sonrío triunfante,
¡la maté!,
me digo,
¡la maté a la malparida!

Pero de repente,
me siento presionada,
me siento ahogada,
liberando el poco oxígeno que me queda

Era lo que ella esperaba

Y no,
yo no había matado a la auto destrucción,
ella me había matado a mí

Y lo último que veo,
es esa mirada de suicida,
esa mirada de muerte,
a través de mis ojos.

viernes, 24 de abril de 2015

Hace un tiempo,
conocí la historia de un oficial bastante peculiar,
se da a conocer como ausencia,
o como un fantasma,
pero puedo jurarles que es un ser humano.

Quizás ese sea su problema,
ser una persona,
(no sé si es mi imaginación),
pero es más idea que cuerpo,
más abstracto que concreto,
más sideral que terrestre.

Para una persona como yo,
que intenta ponerle palabras y descripciones a todo,
el oficial es una paradoja,
un acertijo,
o una ecuación que probablemente daría infinito.

Es una presencia ausente,
es un contenido tan lleno que se vacía,
es una galaxia,
aunque probablemente sea el cable a Tierra de alguien,
se mantiene al costado del mundo,
aunque probablemente alguien se centre en él.

sábado, 4 de abril de 2015

Indulto

Te ví durante estos tres días caminando taciturno, cabizbajo y orando tristemente. Fue casi imposible contener esas ganas de abrazarte que parecían intentar controlar mis brazos, tan complicado me resultó, que por un momento pensé que mi corazón no estaba preparado para soportar aquella tortura. Sentí que me hacía cenizas. Después me acordé que vos no valorás esos gestos de amor genuino que siempre quise demostrarte, entonces me alejé (nuestra historia, ¿no?. Vos manejado por la auto-destrucción y yo por el desamor).
Supongo que no me imaginé que estabas tratando de encontrarme. Por eso, cuando estaba saliendo por la puerta y me agarraste la mano mientras me decías (algo avergonzado): "¿Te parece si te llevo a tomar algo?" me mostré sorprendida. No te esperaba ahí parado, con una invitación entre manos y una media sonrisa tan dulce.
Ya sé, pensarás "si tan dulce fue, ¿por qué no me dijiste que si?". Rechacé tu invitación porque ya aprendí que nosotros dos no vamos a llegar a ningún lado nunca y que me hacés tanto mal que prefiero mantenerme a una distancia en la cual no alcances a lastimarme.
Entonces pasó algo que me sorprendió aún más y me dejó anonadada. Dijiste algo que pensé que jamás lo escucharía de tu boca: "Perdón. Realmente la pifié con vos".
No es enteramente tu culpa, es de los dos. Yo idealicé algo que no eras, y vos no me quisiste lo suficiente para decir "no".
Pero está bien, yo te perdoné desde el primer momento en el que te concí.



viernes, 3 de abril de 2015

Exonerarme

Hoy me dijeron cuatro palabras con un tono de dulzura y me derrumbé.
"¿No querés ser salvada?"
Todo el mundo busca la redención y claro que la quiero, pero ¿existe para mí?

Retiro y vuelvo

Durante estos días de mi vida estuve buscando incansablemente la fórmula para dejar de pensar. A veces me siento como si estuviese en constante funcionamiento, sin parar un minuto, sin descanso ni quietud.
Suscitó en mí las ganas de ir a un retiro espiritual, para probar nuevas experiencias, para sentir algo nuevo y obviamente, para alejarme de todas esas cosas que no tienen un cese en mi cabeza.
Llegué a aquel lugar sintiendome unn poco desentonada porque hablaban de Jesús y mi Fe es muy poca. Logré reparar en todas las personas que estaban, sin embargo no me percaté de tu presencia, le hice caso omiso inconscientemente y de repente, cuando era tiempo de meditar, te ví y me reí, porque sentí que la vida me estaba haciendo un chiste irónico.
 Pensalo así; cuando estábamos juntos, sentía que todo lo demás no existía, que el tiempo no transcurría y que las preocupaciones quedaban en ´stand by´. Vos eras mi cable a tierra, mi gravedad y el sosiego en el que siempre quería adentrarme. Después, cuando nos alejamos, vos seguiste tu camino y yo el mío, me volví una máquina incesante de ideas y pensamientos vacíos buscando a una persona como vos que me haga olvidarme de todo.
En fin, no quería encontrarte pero eras todo lo que estaba buscando.
Y no, no le hice caso a esa señal de la vida. Simplemente te saludé y seguí con lo mío.
Acá viene lo que no me animé a decirte y por eso lo plasmo en este papel para que con suerte algún día de alguna forma un tanto extraña llegue a tus manos.
No quiero volver a involucrarme con vos, no quiero volver a hablarte ni quiero volver a exigirte. Mi vacío te convirtió en un punto reconocible para mi dolor. No infectemos viejas heridas.
Sin embargo, mi tibieza vulnerable flaqueó. Nunca te ví tan débil y con la guardia baja.
Vos, tan seguro de tu persona, tan carismático y desenvuelto, ¿quién diría que te encontré con la cabeza escondida entre tus piernas orando una solución? ¿quién diría que tus facciones soberbias creadas únicamente para sonreír estarían ahora amargadas y taciturnas?.
Y cuando fue el momento de levantarse hacia la redención, te quedaste sentado. No explicaste el porqué, pero yo creo saberlo. Pensás que no merecés la salvación.
Rechazás cualquier cosa que te beneficie de manera profunda.
¿Cuándo vas a dejar de ser tan auto-destructivo?
(no importa que sea yo la que habla)
Te quiero, siempre te quise y siempre te voy a querer porque hiciste algo que nadie más logró: me conociste en todos mis aspectos.