Cuando se bajaron del tren ella le preguntó cuál era la dirección de su casa, él se la dio y expresó su duda sobre si la volvería a ver. Ella dijo que no.
Una implacable ausencia ocuparía el sitio que Nina nunca ocupó, que no debía ni quería ocupar (que incluso ya estaba reservado sin siquiera saberlo). No debía importarle porque no la conocía, sólo la había visto unos segundos y nada más.
Y ella no se enamoraba desde hace rato.
Sin embargo, cuando llegó a su casa se dispuso a escribirle una carta que luego enviaría a su dirección.
"No más melancolía ni poesía de estación.
Sos más que rutina y monotonía pero te dejás consumir por eso.
Si vas a dormir en el sillón que sea por un buen motivo y si tenés que irte, también.
Yo también me voy, siempre me voy. No encajo en ningún diagrama.
Acordate de la ruptura.
Besos,
Nina."
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
domingo, 15 de noviembre de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario