jueves, 6 de agosto de 2015

Invierno lo que sigue.

Maldigo la hora de tu partida desde febrero.
04:10 te despertás
04:35 te despedís
05:00 los demonios me llaman para ahogarme en lo profundo de mi bañera repleta de espejos.
Tu uniforme yace tendido sobre tu cama, tu desagrado se incrementa y me deja sola.
Sola. No quiero estarlo pero lo estoy. Silencio cuasiperfecto el que dejás tras tus pisadas encendidas.
Nunca conocí tus ojos pero sé que están muertos. Nunca llegué a tu alma pero sé que no me quiere y no te culpo.
No te culpo por ser todo lo que necesito pero sin vida, no te culpo por cuidarme y no querer lastimarme, no te culpo por no entender que el dolor y yo somos amigos.
Ojalá pudieras soplar la poca vida que me queda. Antes que nada prefiero la pena, antes que el silencio prefiero oir mis desgarraduras.
Rompeme (es fácil, es rápido) soy frágil. Soy un bloque de cemento que resguarda una placa de cristal muy fina. Desmoronaste todos mis muros y llegaste.
No, perdón, me corrijo. A veces me olvido que sos un fantasma: no derribaste mis paredes, las traspasaste. Sí, así, caminando tranquilamente.

19:00 hora de la espera.

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