Se denomina desconsuelo, a la frontera metafísica que contiene una concentración relativamente alta de dolor y desasosiego producido por los golpes de la vida que se van padeciendo desde que nacemos. Esta capa de aflicción se extiende desde la partícula más ínfima del ente y absorbe el 90% de la monotonía y pesadumbre cotidiana engrosándose cada vez más y aislando la parte central, o mejor dicho, la zona recubierta: la ternura y empatía de la persona.
El desconsuelo es un decaímiento ante una pena o angustia producida por diversos factores que son atribuídos, generalmente, al entorno del individuo que está envuelto por esta cubierta tan particular.
La concentración de esta capa es mayor en casos de soledad, depresión, abandono, baja autoestima, pérdidas, ausencias o problemas de perspectiva. Si todo ese desconsuelo fuese comprimido gracias a la contención de los afectos, esta capa tendría sólo tres lágrimas de espesor.
Este revestimiento actúa como filtro, o escudo protector, de la realidad nociva y del desamparo que llegan al punto débil del alma permitiendo que ingresen otras sensaciones de igual potencia putrefacta llegando a la superficie del ser. Esta capa conformada por sufrimiento le da una opción a la persona de aislarse y pensar que estará mejor bajo aquella zona de confort inexisistente y utópica.
Al margen de este desconsuelo, cabe mencionar que el 10% de aflicción restante está contenida en las relaciones afectivas, es peligroso para estas personas que conforman este círculo por su fuerte carácter destructivo. Elevadas concentraciones de estrago a nivel relación forman el denominado espanto que suscita en el entorno dejando como efecto colateral una ausencia irrebatible e incuestionable que deja a la persona bajo el amparo de una soledad absoluta. El origen del desconsuelo se explica en un 25% como procedente de los pensamientos lúgubres y melancólicos de la víctima y el resto es creado a partir de diversos procesos angustiosos que va presentando la vida misma, como por ejemplo los corazones rotos que oxidan y mutilan el alma: puede verse algunas veces esta tristeza consecutiva que sigue aproximadamente la misma trayectoria (protocolo del dolor idílico).
El seguimiento observacional del desconsuelo, llevado a cabo de una eternidad, ha llegado a la conclusión de que dicha capa puede considerarse seriamente amenazada por los amores, cariños y preocupaciones ajenas. Este es el motivo principal por el que se reunió la Asamblea de los Fantasmas del Pasado (ADFP) el día Viernes 13 de 666 A.C, firmando el Protocolo de Martirio. Luego de tres siglos, la ADFP proclamó el día domingo como el Día Internacional del Desasosiego.
El desgaste grave del desconsuelo provocará el aumento de alegrías, relaciones amistosas y/o amorosas, supresión de llantos, aumento de la fortaleza y autoestima, entre otras cosas. También afectará a los cultivos sensibles de las fibras del corazón.
Para preservar la tristeza hay que disminuir las salidas, las expresiones, las pasiones, la resiliencia y el cero uso de actividades creativas que destruyen la capa a un ritmo acelerado.
Por otra parte, se define como "agujero del desconsuelo" a la zona vulnerable y absorbente de felicidad donde se producen las charlas con otras personas y la desnudez del alma, fenómeno eterno observado durante noviembre (lapso de tiempo que engloba bellos colores y aromas, garantizando una recuperación de la persona). El contenido de la tristeza puede medirse en Unidades Heridas e Impulsos.
En las mediciones realizadas desde tiempos prehistóricos, se descubrieron importantes reducciones de la concentración del desasosiego de dicha capa con especial incidencia en los noviazgos. Se atribuyó este fenómeno a los aumentos de motivación y valoración interna debido a las emisiones de cariño de la otra persona.
Luego de un tiempo, se hizo un Protocolo de Resiliencia que consiste en que cada persona que esté bajo la jurisdicción del desconsuelo pueda comprometerse a reducir la mitad de la producción de tristeza a través de esperanzas cotidianas y valoración de los detalles triviales.
Valentina B. M, Licenciada en Ciencias del Dolor. Disidente del desconsuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario