miércoles, 21 de enero de 2015

Subconsciente.

Me senté en la mesa. Apoyé las manos sobre un mantel bastante antaño y con bordados trabajados a mano. Sobre él, había un florero con jazmines mustios y dos tazas de café humeante.
Me giré y traté de registrar el lugar en el que estaba. Parecía que jamás lo había visitado.
Lo raro es que lo único que había era esa mesita de roble con el mantel, los juegos de café y el florero. Ni más ni menos que eso.
Notando que no tenía ninguna escapatoria, me acomodé en mi asiento.
Del más allá se veía un cuerpo de una mujer caminando hacia mí.
Era yo.
Era una versión rara de mí. Llevaba anteojos y una camisa blanca haciendo juego con una pollera y tacos negros.
Se sentó en frente mio y entrelazó sus manos por sobre la mesa.
- Te escucho. - Me dijo con una voz seria y profunda.
- No, en realidad me gustaría yo escucharte a vos.
- ¿Por qué querrías saber algo sobre mí?. Si lo sabés todo. Yo soy vos. Vos sos yo.
La miré confundida, alcé el brazo y deslicé mis dedos suavemente por el borde del platito de café.
- Ya noté que vos sos yo. Pero no sé ni dónde estamos, ni por qué vestís así y qué querés escuchar.
- Yo soy tu subconsciente. Y en este momento estamos en un lugar un tanto aleatorio de tu cabeza. - Mira atentamente el mantel - para empezar esta mesa era de tu abuela Nélida, que ya falleció. Puedo notar que la quisiste porque están los jazmines que ella tenía en su jardín.
- ¿Y cómo sabés que falleció?.
- Obviando el dato de que yo soy vos, puedo decir que murió porque los jazmines están marchitos.
- Interesante, ¿y por qué vestís así?.
- Porque supongo que querías algo formal.
- ¿Debido a que...?
- Necesitás tomarte en serio. Y parecer empresaria es una forma de expresarlo.
- Ajá. Entiendo. ¿Y qué querés escuchar?
Sonríe. Y se acomoda sus lentes.
- ¿Lo extrañás?.
- ¿A quién?
- A él - extendió la mano y señaló.
Y allí venía caminando él. O mi sueño de él. Estaba entre las sombras, pero por su manera de caminar y su cuerpo podía distinguirlo.
- No quiero verlo.
- Eso es un tanto raro considerando que las dos sabemos perfectamente que sí querés verlo.
La sombra se quedó parada sin moverse pero tampoco se retiraba del todo.
- Sí que quiero verlo
La sombra avanza un paso
- Pero no así
La sombra retrocede.
Me miro a mi versión formal de mi.
- Me dijiste que esto era mi subconsciente, ¿no?. Entonces esto no es real
- No, no lo es. A caso, ¿eso importa?.
- Si mi única forma de verlo es irreal no quiero hacerlo. Ya lo ví de esta manera muchas veces y a la mañana lo único que me quedaba era el regusto de la melancolía y el vacío de que alguna vez estuve llena. Porque esto - dije señalando todo el espacio - es un sueño.
Mi yo mira a la sombra y chasquea los dedos.
- Retirate.
La sombra se da media vuelta y se va.
Me miro.
- Valentina
- ¿Qué?
- Lo extrañamos, ¿cierto?
- Sí
- Y por eso estamos acá.
- Definitivamente
- Buscamos absolvernos de nuestros sentimientos y exonerarnos de que alguna vez pasó.
- Siendo tu subconsciente, yo diría que querés convertirlo en sombra.
- Y eso es muy malo, ¿no?
- Sí. Porque las sombras nos siguen para todos lados y no nos dejan descanso.
- Su recuerdo me va a atormentar toda la vida.
- Por ahora tomate un café.
- Me gustaría que hicieras lo mismo.
Bebo un sorbo mientras mi yo se disfraza de él y me pierdo.
Me pierdo en un yo que intenta entenderlo suplicandole que vuelva.

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