jueves, 26 de diciembre de 2013

Ruleta rusa.

Estoy en el umbral de la puerta con el corazón desbocado, pero me muestro segura.
<<Sos una guerrera>> me digo, mientras inhalo lentamente ese aire tan pesado <<Demuéstralo>>, y exhalo.
Tengo que estar preparada para ver la muerte, cabe la posibilidad de que esto suceda, pero tengo que pasar esta prueba, aunque me cueste la vida.
No hay tiempo para volver atrás, tengo que hacerlo. El azar decidirá quién pagará hoy sus errores.
Siempre me dije que la suerte era para mediocres, pero en este momento me doy cuenta que realmente necesito suerte, porque el destino probablemente arremeta contra mí y haga que salde mis cuentas.
Destino. Nosotros mismos hilamos nuestro destino, vamos uniendo hilo a hilo, tejiendo una red en la que terminamos cayendo, de la que no se puede escapar.
Cierro los ojos y rezo. Noto ese temor paralizante, es realmente terrorífico sentir la muerte a tu espalda. Rezo plegarias.
Las mismas plegarias que rezaba aquella mujer esa noche antes de morir. Antes de ser asesinada. Me quito ese recuerdo de la cabeza.
<<Dios, Jesús, María. Sea quien sea el que me esté escuchando, por favor...>> Uno mi palma de la mano junto a la otra.
El mismo gesto, el mismo miedo que tenía aquella mujer, la misma figura que está detrás de ella ahora está detrás mío. Noto como mi corazón se acelera, al igual que el de ella. Siento su latir, siento como grita, como pide por favor... Noto como le tiemblan las mano y miro las mías, estaban exactamente igual que las de aquella mujer. Vuelvo a quitar ese recuerdo de mi cabeza.
Inhala, exhala, inhala y exhala.
<<Sea quien sea el que escuche mis plegarias, ayúdame. Sólo pido que me quites el miedo... Sólo eso. Sé que lo que está por venir es totalmente merecido, que hilé mi propio destino, que estoy cayendo en la red que yo misma tejí... Que esto es inevitable y no pido que lo pares. Sólo házme sentir acompañada. Házme sentir que alguien está conmigo. Sólo éso... Sentir valor, el que nunca tuve>> Separé las palmas de mis manos.
- Acá estoy destino o azar. Tómame o déjame.- digo al aire.
<<Sos una guerrera. Invulnerable.>> me digo y repito hasta creérmelo.
Entro a la sala que huele a tabaco y sudor, a delincuencia. A mí. Hay una atmósfera cargada, o quizás son mis nervios.
Doy un paso y siento a la muerte pisándome los talones.
<<Déjame en paz, sigo viva... Ya nos veremos cara a cara y me harás sufrir cuanto creas necesario. Pero mientras tanto no te necesito cerca>> Digo mentalmente a esa figura imperceptible al ojo humano.
Tomo asiento y lo veo. Mi socio, mi amigo... que ahora era mi enemigo, a quien me enfrentaba.
- ¿Estás preparada para jugar? - Me dice.
Ese tipo de comentarios eran propios de mí, ese sarcasmo lo tenía yo en momentos inexplicables, suplantaba el miedo... pero en estos momentos no había nada que pudiese tranquilizarme.
Intenté no mostrarme aterrada.
- Sí - articulé.- Lista.
Él, quien le robaba a aquella mujer que gritaba compasión, que me miraba con temor.
Noto que en medio de los dos sillones en los cuales estabamos sentados hay una caja de madera tomando el rol como mesa, y encima de ésta, una pistola.
Mi ex socio, actual enemigo, toma la pistola y le carga una sola bala.
- Empezá. - traga saliva. Se nota que está tan asustado como yo, pero está más rígido - Después de todo, vos la mataste.
Lo miro con furia. Maldito bastardo, él me había dicho que nunca dañaríamos a nadie, hasta que tomó a aquella mujer desde atrás y me dijo que le pegara un tiro, que se lo merecía... Y yo...
<<Calma. No estás haciendo esto por él, lo estás haciendo por aquella mujer. Vida por vida. O él o yo>>
Tomo el arma lentamente. Me tiembla la mano y noto como el corazón se me sale por la boca cuando llevo la pistola a mi sien.
Cierro los ojos, apoyo el dedo en el gatillo...
<<Vida por vida>> me repito.
Siento a la muerte vigilándome. Un sudor frío me recorre la espalda.
Aprieto el gatillo.
Abro los ojos... <<Sigo aquí>> me digo.
Me dí cuenta que estaba conteniendo el aire, entonces exhalo y le paso el arma sin decir una palabra. Él la toma y su mano tiembla más que la mía. Lleva el arma a la sien en un movimiento rápido y cierra los ojos con muchísima fuerza y se le escapa una lágrima. Estaba llorando.
El despiadado asesino, sangre fría como yo estaba llorando.
Aprieta el gatillo.
Sobrevive. Abre los ojos y me pasa el arma, yo la tomo y la llevo a mi sien. Cierro los ojos....
Me acuerdo cuando era niña, en asiento trasero del auto de mis padres. Era una hija única de cinco años con padres con poco dinero, casa hipotecada y auto alquilado. Recuerdo que iban a llevarme a comprar un postre para mí hasta que un camión nos dió de lleno en la puerta de mi madre. Yo cerré los ojos, como ahora. Aprieto el gatillo.
Sobrevivo.
Le paso el arma.
Mis padres murieron y yo sobreviví, quedé huérfana y no tenía familiares. Terminé en un orfanato, pero escapé un domingo cuando tenía ocho, en ese orfanato me maltrataban y pegaban. Preferí vivir en la calle.
Y crecí entre puentes, entre comida de la basura, limosnas y droga.
A los diesciséis comencé a robar, y aquí estoy, mi vida deparando del azar. Me pregunto que pensaría mi madre si viviera, pero no lo hace.
Escucho el ruido del gatillo y su cuerpo caer.
La sangre tiñe todo el piso y llega mis zapatillas...
Y yo me levanto, dejando rastros de sangre en el camino.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Posibilidad..

¿Hay tal vez una posibilidad...?,
¿... de que vuelva a ser la misma?,
¿... de volver el tiempo atrás?,
¿... de perdonarme?.
¿... de volver a quererme?.

Dime cuando mi corazón pare,
tú eres el único capaz de oírlo.

Dime cuando mi cuerpo se libre,
tú eres el único capaz de dejarlo ir.

Dime cuando mis pulmones dejen de respirar,
tú eres el único capaz de quitarme el aire.

Dime amor, dime,
¿Hay una posibilidad de rebatirlo?.

No tengo lo que necesito,
No me dejes,
no me digas adiós.

Dime cuando el silencio me atrape.

¿Hay una posibilidad?.

Dime cuando esté todo terminado,
eres el único capaz de cerrarlo.

Dime cuando me escuches caer.

¿Hay una posibilidad?
No estoy segura.

Aguas turbias

Debajo del agua se quedó,
debajo de las palabras no dichas,
debajo del llanto opreso,
debajo de las lágrimas insonoras,

Debajo del tiempo se quedó,
debajo de los años,
debajo de los meses,
debajo de las semanas,
debajo de los días.

Debajo de los ojos llorosos se quedó,
debajo de la boca húmeda,
debajo de la cara pálida,
debajo de las manos temblorosas,
debajo de las rodillas débiles.

Debajo de mi cuerpo me quebré,
debajo de mi ser me dejé ir.

Debajo de este papel digo lo impronunciable,
lo irreconocible,
lo inolvidable.

Debajo de este papel escribo mi nombre.

Debajo de este papel me dejo.

¿Qué es lo normal?

¿Normal? ¿Qué es normal? En mi opinión, lo normal es sólo lo ordinario, lo  mediocre. La vida pertenece a aquellos individuos raros y excepcionales que se atreven a ser diferentes.

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Pretendí enamorarte con poemas que nunca leíste,
con sonrisas que nunca viste,
con miradas que nunca sostuviste,
con abrazos que nunca recibiste.