Creí que si modificaba esa cuestión mi vida cambiaría pero sigo siendo la misma miserable acostada en la misma cama rota.
Ya me cansé de irme lejos de mí y perderme en habitaciones oscuras con cortinas cerradas, paredes agrietadas y estanterías vacías.
Me gustaría poder encontrar una fórmula maestra para exonerar todo este dolor que se acumula en mi pecho un miércoles a las ocho de la noche. Ya no sé de dónde viene ni qué hacer, sólo me recuesto y miro hacia arriba a la espera de las lágrimas.
¿A dónde escapo si el peligro soy yo? ¿cómo puedo defenderme de mi sombra?
Me miro a los ojos. Dos planetas negros que hablan muy claro: ya no estoy acá. Me fui, lejos.
Todo lo que no me di era todo lo que tenía y ya la insuficiencia no es suficiente. Ya correr no me sirve. Ya viajar no hace nada. El lenguaje me ignora, no encuentro las palabras.
Estoy buscando las alas que nunca me entregaron. Quiero dejar de estar tan hundida y aprender a volar.
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
jueves, 3 de septiembre de 2015
Junio II.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario