sábado, 27 de junio de 2015

Sábado

No hizo falta hundirse bajo el agua porque la vida real ya se encargaba de ahogarla. Ahora, aquella sustancia grisácea e insulsa estancada en una bañera sólo sirve para amortiguar los gritos desesperados que larga un sábado a las siete de la tarde, cuando el sol la apaga y la lluvia decide empaparla de nostalgia.

7

"Mirame a los ojos y no te olvides de mí, que de vos depende mi existencia."
Esas siete almas lo único que buscaban era reminiscencia. Sólo querían ser inquilinos de una mente pensante, una oración recurrente e inconexa entre la monotonía aplastante. 
A veces es tan complicado ser abstracto, ser idea, ser palabra... la rutina atarea a la muchedumbre y nadie puede pensar en nada que no sea en lo que está haciendo. Vos no podés pensar en mí, yo no quiero  pensar en vos; pero no me olvides, sueño mío, no me olvides que podría desaparecer, podría desvanecerme entre tus manos (soy la sal que se diluye en el agua, desmaterializándose, convirtiendose en una partícula ínfima, casi invisible).
No me olvides que estoy en el aire, ingrávida y no tengo alas para aprender a volar. Soy una niña que vive a base de proverbios.

jueves, 25 de junio de 2015

Pesadilla

Todas mis historias empiezan con un sonido porque me gusta acostarme con lo pronunciable, lo perceptible y lo explícito. A veces todo sucede a partir de un ruido que se encuentra en mi cabeza reclamando ser pensado y otras veces las raíces se revelan en una voz tormentosa que dice una verdad innegable. Hay muchas variantes de sonidos en mi vida (no importa que mi persona esté más reflejada en el silencio que en la armonía) pero esta historia comienza con un rasgueo de un lápiz sobre un papel. Yo lo escuchaba, parecía lejano, como de otra dimensión. Bueno, ¿quién sabe?, quizás sí era de otro mundo. Lo importante era que mis oídos hacían un esfuerzo sobrehumano para lograr captarlo, era suave, constante y áspero. Parecía provenir de una persona que sabía lo que hacía porque el rasgueo jamás flaqueó. Me dispuse a seguir ese sonido, atravesando habitaciones laberínticas y pasillos inmensos llenos de oscuridad. Cada vez se escuchaba más cercano y mi alma lo sabía porque de alguna manera, lo conocía. Conocía esa sensación de volver a respirar cuando estaba cerca, esa ausencia tan presente en la habitación, la dispersión que emanaba, sus ojos ciegos y su mueca suicida. Nunca lo había visto pero lo conocía a través de mis sueños, nos habíamos citado en nuestros subconscientes. Y ahí estaba, tras esa puerta de roble, acostado en el suelo de madera moviendo con ligereza un lápiz negro logrando retratar la tristeza. Lo hubiera dejado así, ido y solo en esa lúgubre esquina desnuda de cualquier mueble. Me daba miedo acercarme, no quería romper su catarsis, no quería privarlo de su derecho a soñar. Pero ahí estaba él, un fantasma que me había ayudado a ahuyentar mis espectros en mis noches de pánico eterno, ¿cómo contener mis deseos de recostarme a su lado?
Este debate no se dio durante mucho tiempo, puesto que él se percató de mi presencia y me hizo una señal con la mano para que me acercara. Y ahí fui, tragandome todos mis miedos, mirándolo a los ojos y viendo todo ese dolor contenido, esas palabras asfixiadas que se ven encerradas en un tiempo inerte. Me acosté y apoyé mi cabeza en su pecho, estábamos juntos superando cualquier distancia y obstáculos. Los dos, ajenos al exterior, siempre caminando en la banquina, cansados de tanto cansarnos. Yo lejos de mi casa, incluso lejos de mí, estaba logrado escapar y dejar de pensar en formas para consumirme. Y él, fuera de ese lugar innombrable, podía mirarme a los ojos y verme realmente. Me observaba al desnudo, dándose cuenta de cuántas tardes pasé bajo el agua, ahogada en Pink Floyd y café oxidado. Podía sentir mi sangre sus manos, podía besar mi autodestrucción y definir lo impronunciable. Podía sostener a mi yo de once años que lloraba en un colegio abandonado.
Sin darse cuenta, sin prejuicios y siendo perceptivo, estaba reconciliando toda la violencia que había en mi interior. Me estaba conociendo en todos mis aspectos y yo lo estaba dejando entrar.
Y cuando me tomó la mano y una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo, logré abrir los ojos.
Ahora estaba en la melancolía absoluta de mi habitación y la soledad me arrastraba hacia mi lado oscuro. Estaba arruinada.

Luna nitrogenada.

Ella vivía entre las sombras, escondida en una celda con barrotes helados, paredes hechas con trozos de glaciar y piso líquido del océano atlántico norte.
En su mundo no existía el oxígeno, por eso se respiraba hidrógeno. Tampoco existían las voces y para comunicarse usaba el irrebatible, irremediable e imponente silencio.
Ella; la de ojos Venus, el asteroide desviado hacia el lado izquierdo del cosmos, la presencia ausente, la melodía desentonada y caótica, liberaba lágrimas de nitrógeno en cada cuarto menguante y le rezaba a la luna para que la exonerara de su martirio. Y en un eclipse a las tres de la madrugada, hablando con los astros, lo entendió. La solución era dejar de existir.
La epifanía fue tan clara que de un impulso logró romper los barrotes de la celda. Sin saberlo, se había convertido en un alma libre, pero decidió consumirse por la tristeza en vez de escapar y presa del pánico supermasivo tomó los barrotes y se los clavó en la yugular.
Esa noche la luna lloró.

Jueves cinco de la tarde

Necesito que vengas a prometerme que no lo vas a hacer, que me quisiste y que todavía valgo. Necesito que me recuerdes cómo me llamo, quién soy, necesito tu beso en la frente.
Nada mejoró desde la última vez que te ví. De hecho, todo se desbarrancó aún más.
Me gustaría poder mentirme, pero sé que de alguna forma extraña te importa mi estado.  Quizás me abrazarías una vez más si te lo pidiera. De todas formas, no sirve, me fui muy lejos y no tengo ganas de volver. Encontré una miseria más cómoda.
Ojalá vos seas feliz al lado de esa esperanzada, al lado de mi antítesis tan alegre y llena de fe. Yo decidí seguir sin vos hace mucho, lo sigo eligiendo, aunque haya jueves a las cinco de la tarde en los que tu ausencia me golpee.

martes, 23 de junio de 2015

23 de Junio


Martes, 23 de Junio. 00:25 (al parecer medianoche es el horario de mi muerte).
Hoy descubrí algo. A mí no me atrae su persona en sí, a mi me resquebrajan sus ideas, me embelesan sus aspiraciones literarias y su culto oscuro por la muerte. Sus misterios me cortejan, su enigma me llama y me ofusca. Sus palabras llevan ímplicitas el deseo de ser salvadas.
Él no me gusta. Yo no lo conozco, no sé nada de su persona pero si de sus lirismos. Sus ideas calladas me arrastran, ¿existe en esta tierra más miseria de la que sus palabras logran esconder?

_

De nuevo Martes, 16:29
Almorzamos juntas y charlamos. Estamos mal en el buen sentido, es increíble lo agridulces que somos. Nos reímos, parecemos casi risueñas y después nos ponemos serias, me cuenta de su vida, de cómo la está pasando... yo le digo "mírame... y decime la verdad". Nos abrazamos y me dice "está todo en tu cabeza, querete un poco".
Lloramos, lloramos por lo que pasó, por lo que pasa, por vernos, por el mundo, por las personas de mierda, por las buenas. Lloramos porque estamos solas. Lloramos porque nos tenemos. Lloramos porque ya nos cansamos de reírnos irónicamente y nos abrazamos. Ambigüedad.
Después vemos la hora y empezamos a correr. Y ahí todo es perfecto, ahí tenemos quince años y corremos cagadas de frío en plena avenida porque llegamos tarde a clases.  Ahí nos reímos porque pasa un auto fúnebre con muchas flores. Nos reímos de la muerte porque somos jóvenes y está lejana, ni nos mira.
Nos reímos porque ya no hay nada por lo que llorar. Nos reímos porque estamos para eso.
Coexistimos.

sábado, 13 de junio de 2015

Cronología inconexa a la madrugada

Sábado de Junio (o en teoría Domingo)  00:50. Sólo quería recordar la hora, quizás. Está todo en mi mente.
————
Lunes de Junio (o en teoría Martes). 00:00 exactas.
Me abrazo el dolor. En estos casos no hay nadie que lo haga por mí, no dejo que nadie vea mi lado oscuro o muerto (si es que algo de vida me queda).
"Basta, Valentina. Dejá de joder y lavate la cara" me digo. Soy fuerte y puedo matarme todas las veces que quiera. Resisto el ahogo, el poco pulso, los golpes y ataques. No soy como mis hojas de poesía. No me rompo ni me deshago.
Sí, soy distante, fría. Estoy destrozada y hecha cenizas, ¿y qué? soy y estoy sin importar cómo.
Soy la pared fría de la ducha, la caja que guardo con un dibujo suyo y una entrada de cine que maltrato cada vez que recuerdo,  soy The Dark Side of The Moon escuchado bajo un agua gélida y estancada. Soy una nena lastimada, una traga libros, una escapista, una rencorosa, estúpida, rebelde adolescente de quince años. Soy hija, soy hermana, prima, amiga, enemiga. Víctima. Agresora. Indiferente.
Soy tantas cosas que no se qué soy.
Soy todo menos yo.
Soy más de lo que era y menos de lo que quiero ser. Mi modelo es una utopía.
Me da miedo perderme. "No me dejes ahora" le escribo a alguien aunque no lo envío.
Escribo porque no quiero llorar. Sería mentira si digo que nunca lloro, porque lo hago, pero no quiero. Miro la lámpara para que se me sequen los ojos. Suena Karma Police. Entra el frío por la ventana. Lunes, medianoche exacta.
Mejor me voy a dormir. Ojalá pudiera hacerlo por siglos hasta que mi cuerpo se desintegre.
En mi lista de tareas pendientes anoto " — Conseguir una espera cercana" justo debajo de "— Comprar pasta dental y completar la carpeta de biología".
Bueno, ahora sí. Me levanto 6 am. Espero estar mejor. No estoy mal... simplemente estoy.
Ah y si de casualidad vos me estás leyendo, estuve pensando en que quizás entenderías lo que me pasa. Igual no quiero hablar de ello.
Nos vemos.

martes, 9 de junio de 2015

La distancia es el espacio.

Siempre en el momento equivocado, diciendo las cosas equivocadas y sobre todo, haciendo las cosas equivocadas. No es raro en mí.
Y sé que está mal, los intentos van a ser inútiles y la incertidumbre es inexistente si ambos sabemos cómo va a terminar esto: alejados. Vos no estás. Ni vas a estar. Y yo no quiero esperar sentada a que llegue la ausencia porque ya me cansé de aprender de la soledad, necesito entender algo que vaya más allá de mí, necesito sentir algo y dudo que vos puedas dármelo, no en este  mundo ni en este tiempo.
Sin embargo, no voy a negarlo, sin mirarme ni tocarme estás llegando a mí.  Estás superando leyes metafísicas.

martes, 2 de junio de 2015

Crisálida

Soy un insecto,
algo insignificante,
un alma transitoria,
un extracto de melodía,
un verso de una estrofa,
una canción inconclusa.

Soy un submarino,
me hundo,
me ahogo,
resisto presiones,
 y cuando todos duermen,
emergo a la superficie.

Soy nieve
tan desolada  y serafín,
tan ingrávida y colisionada,
fría y subversiva

Soy una hoja en blanco,
expectante a la llegada de nuevas palabras,
inocente ante lo impropio,
perdida entre renglones y monotonía

Soy una puerta cerrada y ventanas abiertas,
una ecuación simple para quien sepa despejarme,
 un ejercicio complejo para quien intente resolverme.

No hay respuesta,
no hay coherencia,
soy un libro inconexo,
contradictorio y firme
(No intentes leerme, te encerrarías en el acertijo)

Soy algo más de lo que era, y algo menos de lo que quiero ser;
una crisálida.