Hoy entendí que nunca me quisiste.
Hoy te necesité y me diste la espalda. Hoy me urgía un mensaje tuyo, una pregunta de cómo estoy... Necesitaba recomponerme.
Pero no, no estuviste ahí. Nunca lo hiciste.
Porque lamentablemente no soy nada más que un cuerpo hueco; para vos no existe otra cosa. No te interesa qué pienso de la vida, o de vos, o cuánto te quiero en realidad. No te interesa ni siquiera saber lo que busco, no te importa ni pensar si me vas a herir o no. Yo no te importo, nunca te importé.
Y es mi culpa. Busqué algo en vos que no existía, quería que sintieras algo nuevo, sin saber que ya lo habías sentido todo. O quizás no, no sentiste todas las clases de amor pero sí de pasiones. Pasiones ocultas, misteriosas. Jugadas. Sos un experto en éso y yo caí en la estrategia pensando que iba a ganar. Soy ciega.
Me enseñaste muchas cosas. Y no me arrepiento de haberte entregado la vida si me queda lo bueno. No me arrepiento de lo que hice.
Y me gustaría ser lo suficientemente valiente como para decirte adiós. Para afrontar el dolor.
Pero soy una cobarde. Y si no estás, mi voluntad no existe.
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
lunes, 5 de enero de 2015
Me hacés mal
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