jueves, 6 de agosto de 2015

Invierno IV.

"Para que las palabras no basten hace falta una muerte en el corazón" A.P.
Yo estoy muerta. Ya no existo. Sólo respiro por compromiso.
La muerte es un acto poético (yo quiero morir desangrada en el poema).
Mirate —me dicen— siempre usando enormes remeras negras con las mismas zapatillas todos los días. Y ese pelo alborotado, siempre sin peinar. Por eso estás sola, porque no tenés onda.
Soy esas líneas negras sobre un pálido papel, por eso nadie me quiere. Porque convulsiono bajo sábanas que me ahogan para que nadie sepa que soy corporea.
Quiero desaparecer, esfumarme. Seguro nadie lo nota.
Antes de nacer tuve siete vueltas de cordón al rededor de mi pequeño cuello. Quizás mi destino era morir pero mi moira decidió que respirara a último momento. Decidió que sufriera. Esta vida no es para mí.
Es probable que estas células, esta sangre, este cuerpo tan inútil no me pertenezca en absoluto. Existo por equivocación (realmente creo que soy un boceto que Dios no desechó por pena).
Nací rota, ya me faltaban partes ni bien llegué a este mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario