lunes, 27 de julio de 2015

05:19 a.m

Rostro anónimo, rostro que no se da a conocer ¿quién velará mis penas cuando ya no estés? ¿y quién le echará sal a mis heridas?
Tus pies descalzos pisan mi arena mojada, inexistente. Te lloro con lágrimas lejanas, te llamo con palabras indecibles. Todas mis yo te buscan desesperadamente, todas mis caras se ocultan en las sombras esperando a ser descubiertas.
El dolor es algo inevitable, la partida es algo irremediable y yo.Y yo soy el vórtice de un huracán de violencia. Yo corro por laberintos oscuros, yo estoy presente en el nacimiento de mi autoboicot y muero en la realización de mi esencia.
Muero en mis palabras. Estoy rota y no entiendo el lenguaje, estoy rota y la música no me envuelve.
No, ni Piazzolla, ni Camille Saint-Sëans ni nadie sabe cómo hacerme dormir.
Insomnio, maldito insomnio, maldita hora de perecer.
Barato epitafio el que escribo: "Aquí yace el cadáver de una niña ausente, olvidada".
El agua me traga, me drena, me asfixia. Ya nada sirve, ya ningun orden altera nada. Ya te vas. Ya me voy. Ya nos vamos.
Tus labios muertos no me buscan, te falta vida, te falta candor, te falta espíritu. Y yo me desvanecí en tu silencio.
Quiero quedarme pero debo irme, estúpida costumbre de encapricharme con ideas poco convenientes.
Ojalá encuentres el momento adecuado.
Ojalá visites mi tumba y me dejes una margarita.

No me interesa el tiempo ni la distancia, sólo soy existencia. Soy atemporal. Soy Valentina, tu chica ojos de planeta.

sábado, 18 de julio de 2015

Domingo 03:29
El lenguaje no alcanza las zonas carentes de significado, no logra correr este velo grisazulado que cubre mis cruces negras, no exorciza las quimeras que me toman por el cuello con sus manos frías, no arrulla a esta niña inocente que llora a los pies de un señor infartado en la arena. El lenguaje no me entiende, no me describe, no sabe dónde buscarme.
Yo tampoco sé dónde buscarme.
No me gusta presentarme, ¿qué puedo decir? si yo tampoco sé quién soy.
¿Dónde estoy? parece mi habitación pero para que exista el mi tiene que haber un yo y en este mundo no hay ningún yo. En este mundo no existe Valentina Blanco Martins. Sólo hay un cuerpo vacío en una cama rota, que solloza mientras se atrae para sí con una canción de Piazzolla de fondo.
Piazzolla. Pizarnik. La similitud es impresionante. Quizás las letras estén designadas a un sentimiento. Quizás la P, la I, la Z y la A signifiquen dolor.
Yo tengo una I y una A ¿eso explica mi tristeza?
Me gustaría conocer a Alejandra para que me acaricie el pelo y me tenga como pupila. Le preguntaría si pudo hacer algo con el dolor. Sí, ya sé que se mató en 1972, pero ¿quién sabe?
A veces pienso que nací  en el tiempo equivocado o estoy enferma de otra generación ¿por qué todos me miran raro?
Estoy encerrada en un tiempo real y tangible que tiene una alta capacidad de manipulación y violencia.
V a l e n t i n a.
¿Podré encontrarme entre valores?
I, A = dolor  V = Violencia (Vigilia)   T = Tiempo (Ahogo)
I = Inconexa (Inútil)  INSOMNIO N = Noche (soledad)   A = Aislada (abierta)

¿Entre fórmulas?
Valentina = (Dolor . Violencia) ² / (Tiempo : Soledad) + (Insomnio + Soledad)

miércoles, 15 de julio de 2015

Creí que si modificaba esa cuestión mi vida cambiaría pero sigo siendo la misma miserable acostada en la misma cama rota.
Ya me cansé de irme lejos de mí y perderme en habitaciones oscuras con cortinas cerradas, paredes agrietadas y estanterías vacías.
Me gustaría poder encontrar una fórmula maestra para exonerar todo este dolor que se acumula en mi pecho un miércoles a las ocho de la noche. Ya no sé de dónde viene ni qué hacer, sólo me recuesto y miro hacia arriba a la espera de las lágrimas.
¿A dónde escapo si el peligro soy yo? ¿cómo puedo defenderme de mi sombra?
Me miro a los ojos. Dos planetas negros que hablan muy claro: ya no estoy acá. Me fui, lejos.
Todo lo que no me di era todo lo que tenía y ya la insuficiencia no es suficiente. Ya correr no me sirve. Ya viajar no hace nada. El lenguaje me ignora, no encuentro las palabras.
Estoy buscando las alas que nunca me entregaron. Quiero dejar de estar tan hundida y aprender a volar.

Alas

A las personas que nacen sin alas les enseñan a correr rápido, pero ¿qué tal si su destino no era volar ni correr ni moverse en absoluto?
El ser humano tiene esa compulsión por llenar espacios y tapar ausencias. Está compuesto por deseos neuróticos, por anhelos resquebrajantes que gritan "vamos por lo que nos falta". Se preocupa por lo que no posee, por lo dificultoso. Es tanto así, que al frustrarse con esos obstáculos nublan el brillo de lo mejor de ellos mismos. Prefieren gastar su tiempo intentando hacer algo que, en esencia, no lograrán culminar porque el "esto no es para mí" no está en sus reducidos vocabularios.
Quizás con voluntad todo se logre. O quizás decir esto es demasiado optimista porque hay veces que ni los mejores intentos son suficientes.
Se encuentran con carencias e intentan llenarlas con lo que sea. Se conforman con mínimos, saben que no van a llegar a ser lo ideal y se mienten diciendo que lo promediado no importa.
Los que no tienen alas intentan ir tan rápido como los que vuelan. Llegan a estar cerca pero nunca en el cielo y dicen "está bien para lo que soy".
Vos podrías ser mucho más que la ausencia de una capacidad, que un "para mi condición lo que hago es aceptable". No vivimos para determinarnos eternamente.
En vez de intentar correr rápido podrías cantar y tener la voz más linda del cosmos.
Yo nací sin alas pero aprendí a escribir y eso, seres humanos, es mi presente.

Eslabón temporal perdido

Soy un vestigio.
Soy lo que queda de una niña alegre, ensimismada, creativa, ilusa e inocente. Soy esos restos, esas cenizas que están en el fondo de una caja, esa foto escolar gastada.
Soy un indicio de existencia, un boceto de persona, algo casi materializado, a medio despejar, a medio construir.
Fui, seré. No soy.

jueves, 9 de julio de 2015

'Ellos'
personificados,
teñidos de tiempos pasados,
de trenzas y rostros agrietados,
de ironía y proverbios ignorados,
de análisis y apuestas a los dados
de agua y pensamientos oscuros,
de jazmines mustios y rodillas lastimadas,
de amores y noches corrosivas,
de llantos y caricias curativas.

miércoles, 8 de julio de 2015

La caja

Soy una enamorada de lo simbólico, de las significancias. No es causante de asombro ver que intenté capturar esos meses en los que evitaste que mi mente funcionara.
Y sin darme cuenta, es lo único que me queda: una caja bordó en lo alto de una estantería. Ya no hay vestigios de nada más. Ni siquiera de tu ausencia.
Mientras la desempolvaba entendí que ya no tenía sentido seguir conservandola, ni siquiera terminé de entender por qué la había armado. Sólo sé que un 14 de febrero te olvidaste una moneda arriba mi mesa y que yo la guardé en mi bolsillo para dejar reminiscencia, demostrar que fue real. Y así fui, acumulando entradas de cine, cartas que no entregué, un dibujo que me regalaste, poesías que inspiraste, tickets.
Y tantas cosas que no recuerdo por miedo a abrir esa caja de nuevo y que tu memoria me golpee. Estamos bien, así, lejos.
Aunque si lo pensamos bien, nunca estuviste cerca. Siempre a siete años de distancia, siempre otras mujeres dividiendonos, siempre mi silencio e inocencia escondiendome.
Intenté ser lo que buscabas y me perdí (me pegaría tanto hasta lograr borrar esas acciones que, lamentablemente, me pertenecen).
Rogué y esperé tanto tu "no te vayas" que mi ilusión agonizó bajo el agua aquella tarde. Agonizó junto con tantas otras cosas.
Ahí estaba, empapada,  abrazando la caja bordó mientras el agua estancada de la bañera drenaba. Me sentí vacía porque por primera vez la soledad me molestaba. No me enseñaba. No estabas.
Y pasó un año, ya era 31 de diciembre. Cuando fueron las doce miré al cielo y te extrañé.
Qué literario, ¿no? y así fue. Así de patético. Como yo.
Me pediste perdón y te encontraste con un muro, en eso decidí convertirme. De nada sirve lo demás.
Ojalá ella te quiera tanto como yo lo hice. De verdad deseo que logres hacer muchas cosas. Dejame realizarme a mi también.
No me arruines.
Ya me cuesta demasiado así.
Te lo devuelvo todo,
inclusive lo que no me diste.
Valentina.

viernes, 3 de julio de 2015

No puedo sentir nada,
o lo reprimo.

Estoy mirando por la ventana,
el cielo está gris,
una canción de rock suena,
¿qué se supone que tengo que hacer?

Cierro los ojos,
me aferro a lo que tengo,
dejo que las ideas se suiciden,
se vayan, emigren.

No será él quien cure mi mente incesante.