Sé que hace un tiempo yo te dije que me consideraba a mí misma como una mujer con voluntad.
Que en su vida había hecho surgir grandes cambios radicales.
Sé que te dije que era una mujer que luchaba por lo que quería, que no se daba por vencida
facilmente.
Me describí como perseverante.
Pero hoy, en esta madrugada me estoy autocuestionando.
¿Soy perseverante o no seré, tal vez, una necia?.
Quizás lo único que soy es eso, necia y terca. Quizás sólo quiero que lo nuestro funcione cuando ambos sabemos que no hay oportunidad.
Entonces... ¿Qué debería hacer yo, sabiendo esto?.
¿Debería olvidarte?, pero... ¿qué hago con esto que tengo adentro?, ¿qué hago con estas poesías, escritos, cartas que nunca te entregué?, ¿qué hago con los besos que nunca me robaste?, ¿con las sonrisas?.
¿Qué hago con todo aquello que quería entregarte?.
No puedo simplemente quemar los manuscritos, no puedo cerrarle la puerta a mis sentimientos, no puedo evitar sonreír ante esos recuerdos que me carcomen cada madrugada.
Llamame loca, pero me es imposible olvidarte.
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
viernes, 7 de marzo de 2014
jueves, 6 de marzo de 2014
Soy dueña de aquello.
Sé que últimamente no estoy publicando demasiados escritos ni poesías.
Es que me es inevitable hacer referencias sobre aquel chico. Hablo sobre momentos puntuales, o varios de ellos... y no puedo publicar aquello debido a que sería como una violación a mi memoria, a mis recuerdos. Es algo privado, como un secreto.
Soy la dueña de esos momentos y no voy a venderlos. Ni siquiera a mi propia página de poesías, ni siquiera los añadiría a mi archivero de palabras.
Son míos, viven en aquellos escritos que están guardados en mi computadora. Viven en mi mente y no quiero sacarlos de allí. No quiero que se escapen, no quiero que una persona cualquiera los lea y sepa de su existencia.
No quiero que cualquiera que entre a esta página de mierda sepa lo que sentí aquella tarde en la que estuve con él, ni mucho menos quiero que sepa de la lindura de su sonrisa, de la histeria innecesaria que despierta en mí cada vez que desnuda sus dientes. No quiero que sepa lo que me dice, ni lo que le contesto.
Soy dueña de esos recuerdos. Soy dueña de lo que pasó. Y soy tan egoísta que no pienso compartirlo.
Es que me es inevitable hacer referencias sobre aquel chico. Hablo sobre momentos puntuales, o varios de ellos... y no puedo publicar aquello debido a que sería como una violación a mi memoria, a mis recuerdos. Es algo privado, como un secreto.
Soy la dueña de esos momentos y no voy a venderlos. Ni siquiera a mi propia página de poesías, ni siquiera los añadiría a mi archivero de palabras.
Son míos, viven en aquellos escritos que están guardados en mi computadora. Viven en mi mente y no quiero sacarlos de allí. No quiero que se escapen, no quiero que una persona cualquiera los lea y sepa de su existencia.
No quiero que cualquiera que entre a esta página de mierda sepa lo que sentí aquella tarde en la que estuve con él, ni mucho menos quiero que sepa de la lindura de su sonrisa, de la histeria innecesaria que despierta en mí cada vez que desnuda sus dientes. No quiero que sepa lo que me dice, ni lo que le contesto.
Soy dueña de esos recuerdos. Soy dueña de lo que pasó. Y soy tan egoísta que no pienso compartirlo.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Me busco encontrándote.
Me busco,
y estoy sentada en frente del calendario,
tachando los días que restan para volver a verte.
Me busco,
y estoy frente a una hoja de papel,
escribiendo,
y reescribiendo tu nombre.
Me busco,
y estoy con la cara pegada a la almohada,
riendo,
sonriendo,
o llorando por tus palabras.
Me busco,
y estoy mirando a la luna,
pensándote,
creándote,
imaginándote,
allí sentado junto a mí,
allí abrazándome.
Me busco de tantas formas,
pero siempre me encuentro encadenada a tí.
y estoy sentada en frente del calendario,
tachando los días que restan para volver a verte.
Me busco,
y estoy frente a una hoja de papel,
escribiendo,
y reescribiendo tu nombre.
Me busco,
y estoy con la cara pegada a la almohada,
riendo,
sonriendo,
o llorando por tus palabras.
Me busco,
y estoy mirando a la luna,
pensándote,
creándote,
imaginándote,
allí sentado junto a mí,
allí abrazándome.
Me busco de tantas formas,
pero siempre me encuentro encadenada a tí.
Escrito imprevisto.
El hombre se encontraba en su lúgubre habitación, como en tantas otras veces.
Cualquiera deduciría que este hombre con fachada solemne, enredado entre sábanas de seda negra y trajes arrugados pensaba en su fatídica e intransingente infancia, o quizás en su desdichado presente. Cualquier persona mediocre podría llegar a esta conjetura debido a que sus pupilas se dilataban cada vez que entrecerraba los ojos por culpa del imsomnio. Por más que aquel hombre fuese fuerte, y hasta en algunas tantas veces violento, no le quitaba lo humano, no le quitaba el miedo, ni los traumas de su pasado.
El pobre desgraciado no podría echarle la culpa al padre por dejarle semejantes traumas a lo largo de los años, pues claro, la sociedad victoriana de ese momento era así y era respetable que la disciplina de un padre para con sus hijos sea de aquella forma.
De niño se le enseñó que el orgullo era lo último que se perdía. Que la sociedad se dividía en estratos y que tenía que manejarse a través de la pedantería con sus inferiores, imponer autoridad a sus iguales y mostrar clemencia y lealtad a sus patrones.
Claro que este hombre creció acompañado de las falacias de su padre y madre. Pero de niño siempre fue clemente con sus inferiores y bastante imprudente con sus superiores, y por supuesto que eso conllevaba consecuencias.
Fue tanta la ferocidad de los golpes, la brusquedad en las palabras y el atraco de objetos valiosos en su vida que el niño terminó cambiando la indulgencia por la altivez.
A través de los años, se vio obligado a actuar con vanidad. Pero quién diría sino yo, que lo conozco tan bien, que a aquel hombre se le dilataban las pupilas cada vez que trataba con presunción a cualquier persona.
Su forma de ser lo acechaba, detestaba tener que seguir la indosincrasia de aquel país tan ennegrecido. Detestaba ser de los estratos sociales superiores, tener que tratar con petulancia a su ama de llaves delante de su padre o mostrar honradez a un noble narcisista. O aún más, tener que estar casado con una mujer con millones de libras esterlinas, pero vanidosa, hipócrita y por sobre todo, infiel y embustera.
Pero esa era su vida, y sería así hasta el final.
Cualquiera deduciría que este hombre con fachada solemne, enredado entre sábanas de seda negra y trajes arrugados pensaba en su fatídica e intransingente infancia, o quizás en su desdichado presente. Cualquier persona mediocre podría llegar a esta conjetura debido a que sus pupilas se dilataban cada vez que entrecerraba los ojos por culpa del imsomnio. Por más que aquel hombre fuese fuerte, y hasta en algunas tantas veces violento, no le quitaba lo humano, no le quitaba el miedo, ni los traumas de su pasado.
El pobre desgraciado no podría echarle la culpa al padre por dejarle semejantes traumas a lo largo de los años, pues claro, la sociedad victoriana de ese momento era así y era respetable que la disciplina de un padre para con sus hijos sea de aquella forma.
De niño se le enseñó que el orgullo era lo último que se perdía. Que la sociedad se dividía en estratos y que tenía que manejarse a través de la pedantería con sus inferiores, imponer autoridad a sus iguales y mostrar clemencia y lealtad a sus patrones.
Claro que este hombre creció acompañado de las falacias de su padre y madre. Pero de niño siempre fue clemente con sus inferiores y bastante imprudente con sus superiores, y por supuesto que eso conllevaba consecuencias.
Fue tanta la ferocidad de los golpes, la brusquedad en las palabras y el atraco de objetos valiosos en su vida que el niño terminó cambiando la indulgencia por la altivez.
A través de los años, se vio obligado a actuar con vanidad. Pero quién diría sino yo, que lo conozco tan bien, que a aquel hombre se le dilataban las pupilas cada vez que trataba con presunción a cualquier persona.
Su forma de ser lo acechaba, detestaba tener que seguir la indosincrasia de aquel país tan ennegrecido. Detestaba ser de los estratos sociales superiores, tener que tratar con petulancia a su ama de llaves delante de su padre o mostrar honradez a un noble narcisista. O aún más, tener que estar casado con una mujer con millones de libras esterlinas, pero vanidosa, hipócrita y por sobre todo, infiel y embustera.
Pero esa era su vida, y sería así hasta el final.
Mi vida sin él.
Mi vida sin él era agobiante.
Era como tener un puñal en el corazón, como tener un nudo en la garganta impidiéndome respirar. Todo mi ser lo extrañaba, cada fibra de mi cuerpo gritaba su nombre y mi alma estaba totalmente deshecha y mis labios ya habían olvidado cómo sonreír.
Pero ésa era mi vida sin él, un fin lento y agobiante. Como si la mismísima pena me acompañara cada noche.
Era como tener un puñal en el corazón, como tener un nudo en la garganta impidiéndome respirar. Todo mi ser lo extrañaba, cada fibra de mi cuerpo gritaba su nombre y mi alma estaba totalmente deshecha y mis labios ya habían olvidado cómo sonreír.
Pero ésa era mi vida sin él, un fin lento y agobiante. Como si la mismísima pena me acompañara cada noche.
Olvido irreversible y vuelves.
Me obligué a olvidarte, a dejarte artás, a fingir que no fuiste nada para mí.
Pero realmente fuiste importante, me enamoré perdidamente de vos y no voy a mentir, pero decirlo hace que suene real y es un consuelo.
Con el tiempo me acostumbré a estar sin vos, a no recibir mensajes, me acostumbré al olvido.
Hasta que me volviste hablar.
Querías hablar conmigo para aclarar las cosas, decirme que si nunca pasó nada entre nosotros es porque no querías lastimarme, que era una buena persona y una muchacha que está para entablar una duradera relación y no un simple beso.
Me dijiste que vos sentís que las relaciones te asfixian, te atan y que no sentías nada por mí como para soportar aquello.
Me dolió.
Por otra parte, te notabas arrepentido, no parabas de repetir: "Debería haberte besado". Yo te dí las gracias. Irónico, ¿no?. Los dos sabemos perfectamente que la que salió malherida acá fui yo, hasta me aceptaste que hiciste mal las cosas, entonces... ¿qué hacía yo dándote las gracias? claro, te lo dije agradecida por no haberme besado.
Hubiera sido muy, muy doloroso para mí que me besaras y luego me dijeras "No estoy enamorado de vos". Así que gracias por no hacerlo.
Por otra parte, más allá de todo, agradezco las lindas sonrisas que me regalaste.
Y no, no quiero perderte del todo.
Me preguntaste: "¿Me querés seguir hablando? Si querés que me vaya de tu vida, juro, que no te vuelvo a molestar nunca más".
¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? ¿Vos largarte completamente de mi vida?, inaceptable.
No te vayas y no me dejes. Y aunque lo nuestro no va a ser, no quiero que te largues.
Pero realmente fuiste importante, me enamoré perdidamente de vos y no voy a mentir, pero decirlo hace que suene real y es un consuelo.
Con el tiempo me acostumbré a estar sin vos, a no recibir mensajes, me acostumbré al olvido.
Hasta que me volviste hablar.
Querías hablar conmigo para aclarar las cosas, decirme que si nunca pasó nada entre nosotros es porque no querías lastimarme, que era una buena persona y una muchacha que está para entablar una duradera relación y no un simple beso.
Me dijiste que vos sentís que las relaciones te asfixian, te atan y que no sentías nada por mí como para soportar aquello.
Me dolió.
Por otra parte, te notabas arrepentido, no parabas de repetir: "Debería haberte besado". Yo te dí las gracias. Irónico, ¿no?. Los dos sabemos perfectamente que la que salió malherida acá fui yo, hasta me aceptaste que hiciste mal las cosas, entonces... ¿qué hacía yo dándote las gracias? claro, te lo dije agradecida por no haberme besado.
Hubiera sido muy, muy doloroso para mí que me besaras y luego me dijeras "No estoy enamorado de vos". Así que gracias por no hacerlo.
Por otra parte, más allá de todo, agradezco las lindas sonrisas que me regalaste.
Y no, no quiero perderte del todo.
Me preguntaste: "¿Me querés seguir hablando? Si querés que me vaya de tu vida, juro, que no te vuelvo a molestar nunca más".
¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? ¿Vos largarte completamente de mi vida?, inaceptable.
No te vayas y no me dejes. Y aunque lo nuestro no va a ser, no quiero que te largues.
Extrañarte.
Durante un corto tiempo nos hablamos.
Sin buscar a nadie, te encontré y eso me bastó para enamorarme.
¿Y por qué me cortaste todo tan rápido? por las noches las charlas son casuales, yo quiero las de antes, yo quiero dormirme con una sonrisa en los labios.
Durante unos tres días te extrañé como una loca desquiciada, a veces me encontraba llorando por nada, y el problema era que me saturaba esa sensación de no tenerte.
Pronto me dí cuenta que te estabas hablando con otra chica.
Y... ¿ahora te tengo que olvidar?.
Qué corto fue el amor y que largo el olvido.
Sin buscar a nadie, te encontré y eso me bastó para enamorarme.
¿Y por qué me cortaste todo tan rápido? por las noches las charlas son casuales, yo quiero las de antes, yo quiero dormirme con una sonrisa en los labios.
Durante unos tres días te extrañé como una loca desquiciada, a veces me encontraba llorando por nada, y el problema era que me saturaba esa sensación de no tenerte.
Pronto me dí cuenta que te estabas hablando con otra chica.
Y... ¿ahora te tengo que olvidar?.
Qué corto fue el amor y que largo el olvido.
Verte.
Recibir esa llamada tuya en ese día fue una de las mejores cosas que me pasaron, la felicidad de escuchar tu voz diciendo que querías verme fue algo sencillamente... extraordinario.
Y más aún verte con esa sonrisa en la puerta de mi casa, abrazándome y preguntándome qué tal estaba.
Y bueno, pues, la respuesta era de maravilla... verte así, sonriéndome y riéndote como un niño de cinco años, con ese brillo excepcional en tus ojos me hizo sentir viva.
Y verte no sólo hizo que despertara ese vértigo en mi estómago, sino que hizo que mis ojos vieran lo que el corazón quería. Mi corazón te pedía a gritos.
Todo aquello parecía muy raro, esas cosas no me pasaban a mí. Nunca creí que algún chico aparecería en el umbral de la puerta, esperando verme, menos un chico al que yo quería. Menos vos.
Quedé extasiada durante horas, ni siquiera pude comer aquella noche. La sonrisa en mi cara era imborrable.
Pensaba en cómo iría acostarme aquella noche, cómo podría dormir con tantas cosas para , procesar, imaginar. Hasta que me dijiste que habías besado a otra muchacha, que la querías pero que ella a vos te trataba con presunción. ¿Cómo podría ser aquello?, ¿qué clase de juego macabro tenías pensado usar?, ¿pensabas en ilusionarme, hacerme sentir en el cielo y cortarme las alas?.
Lloré como una chiquilla, lloré durante dos horas. Sintiéndome mal.
¿Qué haría con todo lo que sentía?.
Sigo sin entender qué somos, qué pretendés de mí.
No te pido que me quieras. Solamente te pido que no te vayas, que no me dejes debido a que te necesito.
Empecé a necesitarte el primer día que me sonreíste. El primer día que probé tu mirada me volví adicta a ella.
No te vayas,
por favor.
Y más aún verte con esa sonrisa en la puerta de mi casa, abrazándome y preguntándome qué tal estaba.
Y bueno, pues, la respuesta era de maravilla... verte así, sonriéndome y riéndote como un niño de cinco años, con ese brillo excepcional en tus ojos me hizo sentir viva.
Y verte no sólo hizo que despertara ese vértigo en mi estómago, sino que hizo que mis ojos vieran lo que el corazón quería. Mi corazón te pedía a gritos.
Todo aquello parecía muy raro, esas cosas no me pasaban a mí. Nunca creí que algún chico aparecería en el umbral de la puerta, esperando verme, menos un chico al que yo quería. Menos vos.
Quedé extasiada durante horas, ni siquiera pude comer aquella noche. La sonrisa en mi cara era imborrable.
Pensaba en cómo iría acostarme aquella noche, cómo podría dormir con tantas cosas para , procesar, imaginar. Hasta que me dijiste que habías besado a otra muchacha, que la querías pero que ella a vos te trataba con presunción. ¿Cómo podría ser aquello?, ¿qué clase de juego macabro tenías pensado usar?, ¿pensabas en ilusionarme, hacerme sentir en el cielo y cortarme las alas?.
Lloré como una chiquilla, lloré durante dos horas. Sintiéndome mal.
¿Qué haría con todo lo que sentía?.
Sigo sin entender qué somos, qué pretendés de mí.
No te pido que me quieras. Solamente te pido que no te vayas, que no me dejes debido a que te necesito.
Empecé a necesitarte el primer día que me sonreíste. El primer día que probé tu mirada me volví adicta a ella.
No te vayas,
por favor.
¿Con él o sin él?
Estoy en un punto que sufro por estar sin él, o sufro por intentar estar con él.
Prefiero sufrir intentándolo.
Creo que cuando supe todo aquello, lo acepté y supe que me iba a ser complicado continuar con esto. ¿Pero qué mas da?, me enamoré de él y asumí la situación tal como era.
Y hago todo esto porque no quiero dejar esto así, sin probar sus labios, ni ver como sus pupilas se dilatan al verme aquella noche. Es que realmente me encantaría observar esas arrugas que se le forman cuando sonríe, o sostenerle la mirada sin tener que avergonzarme, o estrecharlo entre mis brazos más de dos segundos.
Y le sonrío al futuro que me depara, con sufrimiento o sin él.
Prefiero sufrir intentándolo.
Creo que cuando supe todo aquello, lo acepté y supe que me iba a ser complicado continuar con esto. ¿Pero qué mas da?, me enamoré de él y asumí la situación tal como era.
Y hago todo esto porque no quiero dejar esto así, sin probar sus labios, ni ver como sus pupilas se dilatan al verme aquella noche. Es que realmente me encantaría observar esas arrugas que se le forman cuando sonríe, o sostenerle la mirada sin tener que avergonzarme, o estrecharlo entre mis brazos más de dos segundos.
Y le sonrío al futuro que me depara, con sufrimiento o sin él.
Tarde.
Logré olvidarte, logré desterrarte (a medias) de mi corazón.
Y sin embargo, olvidé cerrar la puerta. Y vuelves, sonriéndome, con un "Lo siento" entre manos, como quien quiere la cosa y sabiendo que aquellas dos sencillas palabras lo arreglarían. Volviste creyendo que yo te quería, y lo hacía, y lo hago... y me decís que me querés una y otra y otra vez, como si no te cansaras.
No paro de darte vuelta la cara, ¿no se me nota que no quiero volver al mismo punto?. No es que no sienta nada, es que no quiero volver a lo mismo. No quiero tener que abrazarme a la almohada susurrando tu nombre una vez más.
Una parte de mí enlista las razones por las cuales tuve que olvidarte, la otra parte solamente se aferra a vos.
Decís que me querés para algo serio, decís que podrías sacrificar muchas cosas por mí. Y quizás puedas llegar a hacerlo. Y me gustaría probarte, una vez más.
Pero no, ya es tarde. Cuando yo paso de página lo hago definitivo. No releeré ese cuento una vez más.
Y sin embargo, olvidé cerrar la puerta. Y vuelves, sonriéndome, con un "Lo siento" entre manos, como quien quiere la cosa y sabiendo que aquellas dos sencillas palabras lo arreglarían. Volviste creyendo que yo te quería, y lo hacía, y lo hago... y me decís que me querés una y otra y otra vez, como si no te cansaras.
No paro de darte vuelta la cara, ¿no se me nota que no quiero volver al mismo punto?. No es que no sienta nada, es que no quiero volver a lo mismo. No quiero tener que abrazarme a la almohada susurrando tu nombre una vez más.
Una parte de mí enlista las razones por las cuales tuve que olvidarte, la otra parte solamente se aferra a vos.
Decís que me querés para algo serio, decís que podrías sacrificar muchas cosas por mí. Y quizás puedas llegar a hacerlo. Y me gustaría probarte, una vez más.
Pero no, ya es tarde. Cuando yo paso de página lo hago definitivo. No releeré ese cuento una vez más.
Sin título.
Recuerdo que de pequeña me encontraba llorando por un niño un poco más grande que yo.
Lloraba porque sentía que él no me querría nunca, que era imposible que algún día me mirara con otros ojos. Lloraba porque creía que todo se debía a que era fea, gorda, me faltaba lo guapa y hasta quizás debería ser más lista.
Desde ese momento hasta hoy sufrí una metamorfósis que produjo en mí cambios radicales.
Creo que a esa edad decidí cumplir el rol de leona y luchar por lo que quería.
Tengo marcas de guerra conmigo misma, tengo muchas cosas por las cuales pedirme perdón, pero dejar de luchar nunca fue una de ellas. Nunca me dí por vencida.
Lloraba porque sentía que él no me querría nunca, que era imposible que algún día me mirara con otros ojos. Lloraba porque creía que todo se debía a que era fea, gorda, me faltaba lo guapa y hasta quizás debería ser más lista.
Desde ese momento hasta hoy sufrí una metamorfósis que produjo en mí cambios radicales.
Creo que a esa edad decidí cumplir el rol de leona y luchar por lo que quería.
Tengo marcas de guerra conmigo misma, tengo muchas cosas por las cuales pedirme perdón, pero dejar de luchar nunca fue una de ellas. Nunca me dí por vencida.
Darse cuenta.
Y hoy me doy cuenta de lo que soy, de lo que puedo ser capaz, de los logros que puedo tener y de la voluntad que poseo.
Me dí cuenta que los cambios radicales existen, que el camino puede mejorar, se puede ramificar y que hay miles de opciones para seguir.
Me dí cuenta que la vida se construye, pieza a pieza. También me dí cuenta que el destino se escribe y que uno lo puede modificar. Nada es seguro, nada tiene garantía, pero uno debe luchar para proteger lo suyo y lo que quiere sustentar.
Aprendí a recibir con una sonrisa las adversidades, a tener un corazón de felpa y a mantener la puerta abierta hacia las nuevas ocasiones que la vida poco a poco obsequia. Aprendí a agachar la cabeza en muestra de docilidad y aprendí a alzar el mentón en modo de sublevación.
Aprendí que a algunas reglas están para ser acatadas y otras tantas para ser refutadas. También aprendí a que uno tiene que elevar la voz por uno mismo, poque otro por vos no lo hará.
Pero aprendí, sobre todas las cosas, a dar batalla con el corazón.
Me dí cuenta que los cambios radicales existen, que el camino puede mejorar, se puede ramificar y que hay miles de opciones para seguir.
Me dí cuenta que la vida se construye, pieza a pieza. También me dí cuenta que el destino se escribe y que uno lo puede modificar. Nada es seguro, nada tiene garantía, pero uno debe luchar para proteger lo suyo y lo que quiere sustentar.
Aprendí a recibir con una sonrisa las adversidades, a tener un corazón de felpa y a mantener la puerta abierta hacia las nuevas ocasiones que la vida poco a poco obsequia. Aprendí a agachar la cabeza en muestra de docilidad y aprendí a alzar el mentón en modo de sublevación.
Aprendí que a algunas reglas están para ser acatadas y otras tantas para ser refutadas. También aprendí a que uno tiene que elevar la voz por uno mismo, poque otro por vos no lo hará.
Pero aprendí, sobre todas las cosas, a dar batalla con el corazón.
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