lunes, 22 de diciembre de 2014

Alguien que priorizar.

Son las 2:37 de la madrugada de un 23 de diciembre de 2014. Pasó un mes y diez días desde que se fue.
Un mes y diez días de extrañarlo, de sentir nostalgia (y melancolía), de escribir para no enviárselo nunca, de leer, de caminar, de escuchar,  de salir, de hablar y acordarme de él. Aparentemente todo me hacía acordarme de él porque efectivamente fue un todo para mí. Es como si un día el sistema solar se amputara el sol y quedara ese vacío existencial que dejó, esa resaca molesta que te hace rememorar y rememorar qué había ahí antes de quedarme solo.
Éso era él, mi sol,  mi vitamina D y ésto pasó a ser; mi estigma, un alma en pena y un fantasma.
Por ende yo cumplo el rol de desquiciada que refuta la teoría de que el olvido no existe, una creadora incansable de hipótesis sobre cómo le habrá afectado mi partida. Una fractura en el tiempo. Demasido mal para estar bien, y demasiado honesta (hacia mí) para estar mal. Soy una ironía.
Sin embargo, este mes y diez días no sólo sirvió para acordarme de él y cumplir mi rol de poeta analítica aficionada... Sino que sirvió para abrirme los ojos.
Y acá empieza el verdadero relato.
A primer instancia me autoconvencí de que pasar de página era lo mejor porque en algún momento lo iba a olvidar y todo iba a esta como antes (qué ilusa, ¿no?)
Entonces comencemos por analizar esta primera parte.
1.  El autoconvencimiento.
Usé la palabra "autoconvencer" porque es la palabra indicada. No está ahí porque quedaba linda.
Digo esto porque cuando uno desea autoconvencerse en el contexto de que anhela hacerse creer que lo que hizo está bien, tiende a mentirse.
Ya que, en su defecto, de eso trata convencer,  ¿no?;  en persuadir y dentro de la persuasión se encuentra la mentira.
Uno nunca zafa de la mentira. Ni siquiera de la de uno mismo.
Y yo me mentí.
2. La mentira.
La mentira está en el autoconvencimiento de que lo iba a olvidar.
El olvido no existe en estos casos. Las primeras veces que hacemos algo (una vez que pasan los siete años de edad) no se olvidan. Mucho más cuando se trata de un primer sentir algo por alguien.
Existe la superación pero no el olvido.
Pero esto (la superación) no era algo negociable para mí. Estaba tan dolorida y enamorada que dudaba de mi capacidad de superarlo. Sólo contaba con un único milagro... el olvido repentino que evidentemente, es inexistente para la gente como yo.
3. La ilusión.
A veces no está mal tener ilusiones. Ni siquiera está mal ser un poco utópico en ciertos casos... pero el mío no era uno de ésos.
Venía de una situación de romper todas mis ilusiones existentes y... ¿sumarle una más?. ¡Qué locura!.
Y también estupidez, considerando que yo misma soy quien me las inculco.
Yo quien sé bien que es imposible que vuelva a ser todo como antes... porque ya no soy la misma. Me marcó y dejó huellas imborrables
Fin del análisis.
Después de un tiempo empecé a pensar que estaba renunciando a algo que no iba a volver a tener. Que estaba equivocada en dejarlo ir y que lo extrañaba demasiado y me iba a terminar arrepintiendo y por orgullo no volvería.
Que era una cagona y me faltaba fuerzas para bancarme la situación.
Bien. Ahora analicemos.
1. Renunciar.
Se renuncia algo que se tiene, como yo no lo tenía; no podía renunciar a él.
Sin embargo, estaba renunciando a lo que me lastimaba y hería.  Renunciaba a la utopía (de la mala) de quererlo para mí.
2. Volver a tener.
Nunca lo tuve, por ende no vuelvo a él.
Sino que no vuelvo al autoflagelo de intentar tenerlo sabiendo es imposible.
3. Arrepentimiento y orgullo.
No sentí arrepentimiento, sino el miedo de tener arrepentimiento.
Lo extrañaba y lo veía como un signo de debilidad y de seguir queriéndolo (cosa que nunca dejé de hacer exactamente).
Y el orgullo no importaba porque lo supe perder por él. No era el problema.
Fin del análisis.
Y ahora sí. El final. Lo que aprendí.
No es que renuncie a él y me rinda. No es que me falte fuerzas para remarla y  lo deje ir y por eso soy una mediocre.
No es que me cansé de quererlo.
Ni siquiera que me arrepentí y no quiero volver por mi orgullo y rechazo.
Lo quiero y por eso lo extraño. Me quiero y por eso no lo busco
Porque finalmente, después de tanto tiempo encontré a alguien por el cual luchar, por el cual valorar y no rebajarme nunca
Yo.
Me encontré.
Y después de demostrarme tanto odio, pude hacer un gesto de cariño hacia mi y dejar el deseo de lado y priorizarme. Querer dejar de sentir dolor por algo en lo cual no hay un ápice de esperanzas.
Y a pesar de haber pocas chances me la había sacrificado. Tengo la mente tranquila de que la peleé.
Y gané mucho, pero ahora me toca saber perder.
No es por vos. No es porque no me quisiste. Es por mí y para mí.
Es porque me quiero e intento protegerme.
Lo que ayer me daba placer hoy me duele. Me lastimás y no puedo dejarte hacerlo. No podés ser mi todo ni lo merecés.
Así que hoy me perdono y... después de tanto,
me quiero.

martes, 4 de noviembre de 2014

Me río

Algo que me acuerdo y de lo que siempre me río es el cómo te conocí. Va, en realidad, no es éso, sino la primera vez que te ví; lo que causaste en mí.
Primero debería explicar el contexto, pero eso implica ser demasiado explícita con algo que es lo suficientemente privado como para decir que únicamente éramos dos personas  totalmente lejanas y contrapuestas que no estabn destinadas a cruzarse en esa instancia de sus vidas. Quizás mi perspectiva sobre vos fue incierta, subjetiva. Pero te ví y me resultaste un poco egocéntrico y confiado. Mentón en alto, personalidad despreocupada y postura desgarbada. Nada parecía importarte. Misterioso. Imposible.
Quién iba a decir que la nena que en ese momento de su vida se sintió inferior iba a ser ahora lo que es?.

jueves, 30 de octubre de 2014

Ganas asfixiantes

Es ya tarde por la madrugada y supongo que debería descansar. Mañana va a ser un día bastante largo y agotador... Muchas cosas por hacer, la misma  rutina de siempre pero más tediosa de lo normal. Vos la conocés bien.
Sin embargo, a pesar de todo el cansancio acumulado hay algo acá adentro que me está asfixiando. Me ahogan las ganas de escribirte, de mandarte un mensaje, de saber cómo andás.
No quiero saber qué es lo que está pasando paralela e independientemente a mi melancólica noche en casa. No quiero que nadie me cuente lo que estás haciendo en este momento. Miéntanme. Diganme que te acordaste de mí entre todo el tumulto de tentaciones y nuevas oportunidades a encarar. Diganme que no hiciste nada.
Pero a pesae de todo esto, de mis preocuoaciones; el problema no es el egoísmo de sentirte mío. No es éste el sentimiento que me está estrangulando. Sino, lo que me asfixia es saber que nunca en esta vida voy a poder llegar a ser lo que vos esperás o buscás... porque ni vos mismo lo sabés.
Traté de hacerme cargo de una personalidad que nunca voy a poder tener. Tomar un rol inentendible con mi carácter.
Sabía que quererte no iba a ser sencillo, pero acá estoy intentándolo una vez más.
Y no sé si me querés o sólo es atracción momentánea. Si realmente te importa lo que tengo para decirte.
Me voy a dormir sin ir al centro del relato. No quiero darle más vueltas a este asunto. Por lo menos, ya no más por esta noche.
Brindemos con las lágrimas que ayer eran mi condena,
hasta mañana y que sueñes conmigo.

viernes, 29 de agosto de 2014

Demasiadas cosas englobadas.

Acariciaste mi rastro de dolor como si fuera algo maravillosamente desastrozo. Lo aceptaste como parte de mí, como un verso más de mi poesía, como algo más que me distingue (sin importar que sea bueno, malo o quién sabe, neutro). Éso es lo que más me gusta de vos, algo que te hace distinto a cualquiera... Que tomes mis errores, mis hendiduras, desprolijidades y las conviertas en cualidades.
Lo que me parece de lo más peculiar es que intentes estar conmigo, cuando hasta ahora estabas con muchachas que son mi antítesis. ¿Qué te llevó a prestarme atención? generalmente vas hacia lo llamativo, provocativo, con lo que se puede jugar... ¿y yo?, ¿la "nena" que se sonroja por todo?, ¿se puede jugar conmigo?. ¿Por qué?, ¿qué nos pasó?.
Me decís que no sos así con todas, que no soy como las demás, que me querés (y sé que es verdad, tus ojos se encargan de afirmarme que lo es). Y yo sonrío, y sólo dejo que pase, sólo cierro los ojos cuando siento tus labios en mi frente, o cuando se insinúan en mi oído, sólo trato de recordar ése verso de mi canción favorita mientras me acompañás a casa. Simplemente me limito a escribirte cosas que nunca llegarías a leer, o a dormir abrazada a tu sweater con una sonrisa en los labios. Me limito nunca decirte que "no" por completo (cosa que algún día será un gran problema) , a dudar. Me limito a sonrojarme cuando me acomodás el pelo detrás de mi oreja y me decís que me queda lindo. Sólo dejo que ese sentimiento de sentirme torpemente bonita por unos minutos, me invada. Me limito a rememorar conversaciones, veranos. Sólo trato de memorizar con las yemas de mis dedos cada facción de tu rostro. Me gustaría parar el tiempo cuando contorneo tus labios, rezando y suplicando que nunca me falten.
Ojalá siempre fuese así, poder tener 14 años eternamente y estar enamorada de vos de esta manera, que mi única preocupación sea la tarea de historia y en qué me voy a poner esta noche para verte. Vivir por siempre ese "Hasta luego", sabiendo que va a haber un "Hola" dentro de poco tiempo.
Te quiero, te quiero, te quiero tanto.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Mujer amante.

Se abrió la puerta,
ella se fue,
con pasos ingrávidos,
mirada furtiva,
como una criminal.

Se cerró,
y yo me escondí,
debería irme.

En la otra habitación se escucha,
la cama rechina,
la chica suspira.

Y él,
excelente ilusionista,
le vende con forma de caricia,
una mentira.

Ambos despiertan,
¿qué pasó?.

En contraposición a ÉL S.O.S

¡Hey!,
Valentina,
vete,
podrías salir lastimada,
corré,
volá.

Escapá.

Ahí viene el agujero negro,
te absorbe,
¿no lo ves?,
te mira con sus ojos café.

Ahí viene,
la caricia que te hace salir de la ruta,
el "te quiero" más sísmico.

Escapá.

Andá a los brazos seguros,
a esos que se preocupan porque llegues bien a casa.

S (V) .O.S

S. O.S
V

Envuelta,
en una bohemia sinfonía.

Tus ojos,
mirándome,
agosto,
mi avenida,
mi casa,
tu mano,
mi mano.

El baho sale de mi boca,
subtitulando un "Hasta mañana",
tu mano en mi mejilla,
retumba mi palpitación.

Me hace sentir tan única,
tan especial,
me llena,
me cubre,
tapa las heridas.

Esa protección,
ese aire de cuidado,
esa intuición de cómo me siento,
sabés lo que quiero,
inclusive antes de que yo lo sepa,
concluís mis oraciones,
como si me hubieras analizado.

Y yo,
mirándote como una niña,
anonada,
como Miguel Ángel miraría a su David.

Y yo también te quiero,
te cuidaría igual que lo hacés vos,
también te regalo miradas ocultas.

Y por sobre todo,
te conozco,
te conozco más que cualquier muchacha,
tan bien,
que inclusive cuando te das la vuelta,
puedo oír tu sonrisa torcida flotando en el asfalto.

Inquietudes.

Aceptar: Recibir voluntariamente algo que se le ofrece o propone.
Cuestionar: Poner en duda lo que parece aceptarse.
Argumento: Razonamiento que demuestra, refuta o justifica algo.
Conciencia: Conocimiento responsable y personal de una cosa determinada, como un deber o una situación.
Imponer: Exigir a alguien cumplir, soportar, pagar o aceptar una cosa.
Sumiso/a: Que se somete y se deja dominar por la fuerza de las circunstancias o por otras personas aceptando, sin cuestionarlos, su autoridad y su voluntad.
Rebelde: Que se rebela contra el poder o la autoridad.
Individualismo: Tendencia de una persona a obrar según su propia voluntad.

Puedo aceptar lo que me presentás e inclusive lo que me imponés. Puedo hacer cosas que no me convencen o que no van del todo con mis principios.  Inclusive puedo tener actitud de sumisión (que no niego que sea necesaria para establecer un cierto orden) y realizar todas las cosas que me digas por el simple hecho de que sos vos quien me las dice. Pero te voy a pedir un favor, y te ruego que lo tengas en cuenta a la hora de imponerme, exigirme, abstraerme, pedirme que acepte o lo que sea que hagas conmigo; argumentos. Te pido argumentos. Una breve justificación de la situación que puede tardarte, a lo sumo, cinco minutos de tu tiempo.
No soy una persona irrespetuosa, ni soy rebelde sin causa, soy una persona conciente y que tiene la capacidad de entender las explicaciones que me podés llegar a dar. No subestimes mi capacidad de entendimiento, ni tampoco te enojes cuando te digo que "Porque sí" y "Porque no" son argumentos inválidos. Lo que pasa es que no quiero hacer cosas sin sentido y no es que todo lo que me digas lo cuestiones, sólo que no termino de entender por qué tengo que hacerlas (o por qué no) o tampoco entiendo por qué creés que mi idea es errónea o hay que minimizarla.
Cuando cuestiono las cosas lo hago desde el respeto, sé que la razón la vas a terminar teniendo vos (no te preocupes de esa parte), pero ¿de qué sirve hacer las cosas que hago si no se por qué las hago?, ¿qué fin hay en todo eso?, ¿no suena a idiotez?, ¿a alguien que no tiene la capacidad de procesar todo y lo hace porque quiere evitar el conflicto?. Si nadie se cuestionara las cosas, si nadie es capaz de tener un pensamiento individual, vaya a saber uno en qué clase de estado estaría la sociedad. ¿No es parte de crecer?, ¿romper el molde?, ¿tener ideas propias acopladas a las que ya fueron germinadas?, ¿no es eso, acaso, lo que quieren para mí?, ¿que madure mis prinicipios?.
Quizás esté equivocada, y perdón si es así. Pero quiero tener conciencia sobre los actos que hago y también sobre mis ideologías. No me interesa pensar lo mismo que todo el mundo, quiero razonar. Y así como cuestiono lo que para mí no está argumentado, también acepto muchísimas cosas que se me ofrecen, ¿o me van a negar que no escucho atentamente cuando me explican ciertas cosas?.
Papá, me encanta como es tu pensamiento, tus posturas, como razónas y pensás. Y creéme que me encantaría llegar a tener esa personalidad, hablar de religión como lo hacés vos, hablar de política como lo hacés vos, con esa convicción en los ojos que te persuade. Pero primero, tengo que definir mis propias ideas y eso se aplica para cualquier ámbito de mi vida.
Era como cuando elegí ser salesiana y empecé con proyecto vida y oratorio. Cuando me empecé a levantar temprano para ir a constitución y encontrarme con los nenes del oratorio de Santa Catalina y vos me preparabas el mate esperando a que se haga la hora. ¿Te acordás cuando me preguntaste qué es lo que me llevaba a todo eso?, ¿qué idea tenía?. Yo te lo expliqué y te brillaron los ojos, papá. Pero todo eso llevó un recorrido para mí, tuve que auto- cuestionarme muchas cosas y prepararme en muchos sentidos, además de que fue un trabajo más personal.
Y eso es como todo, cuando arraigue mis ideas, las voy a defender con uñas y dientes. Pero por ahora me queda cuestionar lo que no me gusta de ciertos aspectos y defender lo que pienso. Y en el fondo, aunque te moleste que tu hija de catorce años te pida argumentos para todo y razones para muchas cosas, sé que estás conforme con eso. Y yo también lo estoy con tus motivos y pautas, porque todo es para mi bien y lo veo muy bien preparado. Así que, gracias. Y te quiero muchísimo, inclusive cuando no nos entendemos.

jueves, 14 de agosto de 2014

Conocer a alguien realmente, ¿será posible?. (Entre otras estupideces).

Tengo una teoría de que cuando uno conoce a alguien (es decir, se ven por primera vez) y  ambos se presentan, se habla de todas esas estupideces que uno cuenta o pregunta cuando conoce a alguien, detalles menores, superficiales. Realmente a nadie le interesa esas preguntas tan inútiles y mucho menos esas respuestas que son totalmente insignificantes al momento de conocer a la persona. Me da pena la gente que sabiendo, por ejemplo,  cuando es el cumpleaños del otro, o qué edad tiene, de qué estudia y/u trabaja, cómo se llama su padre y madre cree que ya la conoce. En realidad no, no tenés ni idea de a quién carajos tenés en frente, es como si realmente creyeramos que nuestro número de documento  es nuestra identificación. ¿Realmente creen que un par de números al azar pueden identificarnos, más allá de todas las leyes y la perorata?. No. Ni siquiera sé mi número de documento, de verdad.
Y ahora que me pongo a pensar, hay personas a las cuales realmente quiero, que son súper cercanas a mí y yo todavía no termino de entender de qué trabajan, o no me acuerdo el nombre de los padres. ¿Y creen que me interesa?, se los habré preguntado una única vez (la primera vez que nos conocimos) y nunca más. Luego de un tiempo, me encargué de otros "detalles", que de detalles no tienen nada porque para mí son los aspectos más importantes de la vida de la otra persona; serían la "información" que te lleva a conocerlos más. Porque en realidad, uno nunca termina de conocer completamente al otro.
1. Porque nunca terminamos de saber qué pensamiento se les pasa por la cabeza en tal momento. Uno no puede prevenir nada, más allá de que sea la persona más predecible. Siempre hay ataques de locura que uno nunca previene (a no ser que solamente la gente que yo "conozco" sufra de esos ataques, y eso lo cambia todo. Pero dudo que todos los que me rodeen estén locos. Quizás uno o dos son cuerdos y así y todo tienen sus ataques).
2. Porque la gente cambia. Quizás un día él o ella  te dice algo que te lleva a tal conclusión, entonces, después, se plantea una situación y vos decís "Yo sé que ella pensaría..." y quizás estás en lo cierto. Pero ella cambió de postura por una razón aleatoria, por cosas de la vida y vaya a saber uno por qué. Esto quiere decir, que en un determinado momento sí estabas en lo cierto y que ella quizás si hubiera pensado eso (hablando entre probabilidades). Pero ya no. Entonces uno puede decir, que hay momentos de la vida que conoce más o menos al otro, porque inevitablemente e impercebtiblemente (a veces) la gente cambia. Y uno, nunca termina de entender por qué hace las cosas que hace, debido a que los motivos (al igual que la persona) también cambian.
Si quieren puedo enumerar más razones por las cuales uno no termina de conocer a la persona. Pero sería muy aburrido y extenso.
En síntesis, quizás en este momento sí estén conociendo (moderadamente y hasta donde se puede) a alguien. Pero capaz mañana ya no de la misma manera. Aunque no estoy diciendo que seamos seres ciclotímicos (o quizás sí), cambiamos de pareceres al igual que la vida nos cambia situaciones. Porque en eso consta vivir, ¿no?, superar los obstáculos como podemos. Y eso hacemos.
Termino de escribir esto pensando que probablemente a la única persona que conozca a la perfección es a mí misma. Sé que clases de estupideces pienso a cada rato. Aunque no sé bien qué haría si se me plantea tal o tal situación en un futuro... O sea que no sé cómo sería yo más adelante (entonces estoy diciendo que sólo conozco a la perfección a la "yo" de este momento) Como dije, hay ataques de locura que nunca se pueden prevenir. Ni siquiera yo puedo prevenir mis propios ataques.
Buenas tardes y que tengan un buen jueves. Quizás el domingo ya no sean la misma persona.

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Qué pasó anoche?

Poesía,
folk,
un cigarillo a medio fumar,
una mirada media perdida.

Palabras,
alcohol,
la misma chica en la habitación,
la misma sensación de insatisfacción.

Vos,
la avenida,
el mismo desastre,
el mismo coche estacionado.

Los signos,
el interrogante,
la misma pregunta,
¿qué pasó anoche?.

¿Diferente?

Fue uno de tus tantos juegos,
¿no te aburre lo mismo de siempre?,
¿el mismo chiste?,
¿la misma sonrisa tonta?,
¿la misma chica insulsa?,
¿la mirada vacía?.

Fue uno de tus tantos juegos,
¿o no?.

¿O conmigo lo notaste diferente?,
a caso,
¿será mi mirada?,
¿será?,
¿será que te encontraste conmigo?,
¿será que te acaricié sintiéndolo?,
¿o que te regalé mi mejor sonrisa?,
¿y te mostré mi mejor lado?.

¿Lo notaste diferente?,
¿Y el camino a casa?,
¿qué sentías?.

¿Lo notaste diferente?,
¿qué le dijiste a tu almohada esa noche?,
¿pronunciaste mi nombre antes de dormir?.

Me gusta pensar.

A veces me gusta pensar que si lo queremos,
podemos ser lo que realmente deseamos,
que si cierro los ojos aparecerías,
magicamente,
de la nada,
en la otra punta de mi cama.

A veces me gusta pensar que si lo queremos,
podemos ser lo que realmente deseamos,
que si cierro los ojos estarías allí tomándome de la mano,
susurrándome al oído,
¿o quién dice?,
besándome entre sábanas desprolijas.

A veces me gusta pensar que estamos destinados,
que tu mano se hizo para encajar con mi mano,
que tus ojos se hicieron para conectarse con los míos,
que mis terminaciones nerviosas existen tan sólo,
y únicamente,
para que cuando me toques pueda llegar,
a esa sensibilidad extasiante.

A veces me gusta pensar que si toco el timbre de tu casa,
si me ves en el umbral,
y si te lo digo,
y si te sonrío,
lo sabrías,
pero...
¿te quedarías?.

A veces me gusta pensar que sí,
que te quedarías,
que te prepararías para eso,
para esto que está por venir.


Desastre.

Soy un desastre,
por fuera,
y por dentro.

Soy un desastre,
buscando,
indagando,
pensando,
y preguntándome,
¿y ahora?.

No sé lo que va a pasar,
pero no importa,
porque ahora sólo estas vos,
 esta noche fría de Julio,
y la avenida que tanto conozco,
la que lleva a casa mientras,
mirándome a los ojos,
estamos prendiéndonos fuego.

Me dejé ir la noche pasada,
la ducha me ahogó,
el papel se mojó,
¿qué había escrito?,
el alcohol me delató.

Esto que prendiste,
esta brecha inmaculada,
me consume poco a poco,
soy casi cenizas,
soy un un montón de sedimentos,
perdidos en un beso que no fue beso.

Con el tiempo...

Con el tiempo uno aprende de memoria las plegarias,
a agarrar un rosario,
a entonar cánticos tristes.

Porque cuando uno ve,
cuando uno ve demasiado,
cuando uno entierra lo que sabe,
se silencia,
se autofusila,
es inevitable recurrir a la desesperación.

Con el tiempo uno se aprende de memoria el padre nuestro,
el ave maría,
al ángel de la guarda.

Porque cuando uno se desgarra,
cuando uno se quiebra,
cuando uno se cae en un agujero negro,
y no existe mano capaz para sacarte de ahí,
recurre a invocar ayudas trascendentales.

Con el tiempo uno aprende a exorcizar,
a matar a los demonios del pasado,
a aniquilar los flashbacks perversos,
a desbloquear esos recuerdos tan de mierda,
que aparecen,
desaparecen,
reaparecen,
día tras día,
noche tras noche,
mátandote,
apuñalándote.


miércoles, 6 de agosto de 2014

Volvamos.

Las personas, ahora, camuflan lo que sienten. Regalan sonrisas y marcan las miradas. Seleccionan los momentos con una foto. Dejan las historias sin final. Olvidan lo que sienten antes incluso de saberlo. Ahora se dice "te quiero" como quien dice "hola". Los besos son fáciles de conseguir y se volvieron rutina. Si eso les llena, si eso les hace realmente feliz... está bien, pero eso no es para mí. Porque cuando yo digo "te quiero" , es porque te quiero, de verdad, sin contratos, ni papeles, sin interés, y con todas las consecuencias que conlleva hacerlo.
Y todo es directamente proporcional. Cuanto más finjamos que existe amor, más va costar encontrar a alguien verdadero. Cuanto más creamos que lo esencial es lo superficial, más nos va a costar sentir.
Hay que luchar por esos momentos tan únicos, por esas miradas, hay que volver a valorizarlas, darles el sentido que inicialmente tenían. Hay que volver a las pupilas dilatadas, a las mejillas coloradas, a las risitas tontas, a los suspiros, al cortejo. Hay que volver a los ideales... A las cartas que no se envían, a las rosas, a los bombones, a las sonrisas secretas tras la puerta, a los llantos con la almohada, a la necedad.
Dejemos atrás los "cuidate" vacíos, las caricias huecas de sentido.
Basta del "te amo" tan ufano, presuntuoso. Volvamos a saber lo que sentimos, a estar seguros de que luchamos por una sola y única person

martes, 5 de agosto de 2014

Inventale el título que quieras, sigue siendo la misma mierda.

Amor. Ya estoy cansada de hablar de esta palabra que no conozco, que apenas pudo pasarme por al lado.
Hay muchas clases de amor; por ejemplo, el que puede tener una madre para con su hijo, o una abuela para con su nieto, o un amigo para con un amigo y así sucesivamente. Y yo no hablo de esos amores, yo hablo del amor que le tiene un alguien a otro alguien cuando lo besa dejando el corazón en sus labios, del amor eufórico que te hace sentir huracanes de la mejor elite en tu estómago. Del amor mutuo, del que se contagia. El amor que te lleva a estar despierto toda la noche o a sonreír todo el día.
Estoy cansada de esa puta palabra, "amor". Qué palabra de mierda para personas como yo, personas con elecciones como las mías, personas chapadas a la antigua, que olvidaron al tiempo en una esquina o que son tan caprichosas que no pueden conformarse con otras alternativas. Porque yo soy así, para mí el amor no es un pacto, no es un "yo te quiero y vos tratame bien", no, el amor es mutuo. El amor es amor. Y yo quiero éso, no sus derivados. No quiero que alguien insulso me de su mano insulsa con su cariño artificial y su mirada vacía. Quiero que él tan lleno de sus características, me de su mano tan especial con su mirada tan llena de esos sentimientos que me dejan extasiada.
Y como el amor no es cariño, él tampoco es cualquier chico con linda sonrisa. No quiero a los derivados del amor como tampoco quiero a alguien parecido a él. No soy conformista. No quiero alternativas, semejanzas, quiero lo que quiero y punto. Si no es eso, no va a ser otra cosa.
¿Soledad o sentir el vacío de saber que a quien supuestamente querés no lo amás todo lo que podés?. Prefiero quedarme con mis poesías desgarradas antes que dejar de escribir porque soy una mediocre conformista que se cruza a quien sea y le regala un puto "te quiero" barato que tiene cualquier significado menos del "te quiero" lleno de sentimientos.

jueves, 15 de mayo de 2014

Crónico.

Ves como la muerte se presenta detrás tuyo día a día, como lentamente va posando su manto negro sobre vos.
Cada mañana, te ves al espejo como otras tantas veces, y por cada mirada te empezás a ver decaida, desgastada. Salís, y saludás a tu familia, que te recibe con una sonrisa, pero con los ojos inyectados de lágrimas. Ellos piensan que no los escuchás llorar durante la noche, sin embargo, vos sos consciente de cada lágrima que derraman, con ganas de salir y secárselas.
El médico te dice que todo es tratable, que nada es terminal. Te ofrece muchas medicinas impagables que lo único que hacen es que tus padres hipotequen la casa para poder pagarlas.
Comienzas con tratamientos, te quedás en el hospital y todo el mundo se compadece de vos. Tus amigos ya te miran como si lo único que hay en la cama es un cadáver. Pero todavía sos vos, todavía sos la muchachita que se reía con ellos en los recreos, ¡seguís ahí y ellos ya te miran apenados, como si nunca más volvieras a ser la misma!.
Ahora, al despertarte en esa habitación higienizada, en la almohada encontrás hebras de tu cabello rubio. No parás de rechazar el tratamiento, vomitando a cualquier momento. Tus labios resecos y cortajeados, tus ojos dilatados y cansados, tus manos cansadas de sostener la de tu madre.
Y tu madre, ¡aquella mujer!. No podés creer como puede ponerle tanto esfuerzo a la "cosa". Como puede empeñarse en evitar que la veas llorar, como puede hacerse fuerte y sostenerte cuando vomitás todas las madrugadas. Le debés todo. Le debés tu vida.
Finalmente, te devuelven a tu hogar.
Y ahora te ves al espejo y ya no sos la misma, entendés la reacción de tus amigos. En el espejo no estás vos, sólo un atisbo de lo que fuiste.
Y el poco tiempo pasa, y continuás escuchando a tu familia llorar por las noches, como llegan las deudas de todos lados. En algún punto, sabés que todo se va a agotar.
Sin embargo, la cosa mejora. "Quizás no volveré al colegio, pero por lo menos ya puedo pararme sola", te decís, dándote fuerzas para continuar.
Y un día, te levantás con mucho dolor.
El médico, con esa mirada compadeciente que tanto odiás, te dice lo mismo que antes "Comenzaremos con la quimioterapia la semana que viene. El cáncer es tratable, niña. Pero esta vez, hay que tratarlo con otras medicinas". Malditas medicinas.
Te negás a pasar todo devuelta, pero al ver el rosotro suplicante de tu madre, ¿qué te queda por hacer?, ¿decirle que te deje allí?, ¿qué pasaría con el "Madre, te debo todo"?.
Entonces todo comienza devuelta, como una especie de reset. Pero esta vez, la esperanza no existe, esta vez sabés que el manto negro esta ya envolviéndose, que no importa cuánto te retuerzas, grites y pelees. Ya está allí, pisándote los talones. Ya ni rezás. ¿Para qué nadar contra la fuerte corriente?. Si es ése tu destino, pues, irás con él.
Pedís que saquen todos los espejos de la habitación. Lo que tu alma carga, ya no es tu cuerpo. No querés verte morir.
Dejás que tu madre te diga lo que quiera, sólo acariciás su cabello y sostienes su mano a la noche.
Hasta que un día la soltás.

lunes, 12 de mayo de 2014

Noche intacta.

Es sólo otra noche,
y yo sigo igual,
impertérrita ante la luna,
abrazada a tu sweater,
tan lejana y tan próxima.

Abriendo los ojos,
y viendo por primera vez,
esa secuencia de tus labios besándome,
de tus manos en mi cintura,
de tu mirada apaciguada recorriendo mi rostro.

Es sólo otra noche,
me digo,
Es sólo otra noche lejos tuyo.

Es sólo tu mirada intacta otra vez,
tus labios embalsamados en mi mejilla,
una y otra vez,
soñándote.

lunes, 5 de mayo de 2014

Oscuridad despreocupada y me dejas.

Y en la desorientada oscuridad, me abrazaste. Me dijiste que me guiarías y que me cuidarías pase lo que pase.
Tu voz... tan despreocupada como siempre, diciéndome que serías capaz de muchas cosas por mí.
Tu mano... posicionada rígida sobre mi cintura, me demostraba tanta seguridad que me terminé entregando a tu voluntad ciegamente, sabiendo que nada me pasaría porque estarías allí para sostenerme si me caía.
Y el problema era que no me importaba realmente a dónde me llevarías, no mientras estuvieras a mi lado guiándome entre las imperceptibles sombras de la multitud. No me importaba hasta dónde llegarían mis sentimientos, ni siquiera qué es lo que harías con ellos después de saber que estaría con vos a pesar de todo
Me abrazaste y luego tomaste mi mano, sentía tu pecho en mi espalda y tu respiración en mi oreja. Tu presencia me indicaba que todo iría bien, entonces me tomaste de la mano y nos inyectamos en el enorme enjambre de gente que conformaba aquella multitud en medianoche.
Fue increíble como cada paso tuyo condicionaba el mío, como tu lenguaje corporal me indicaba a dónde debería ir.
Hasta que me soltaste la mano y quedé en una rotunda oscuridad. Absorbida por el tumulto y el bullicio atronador.
Y quedé ahí, donde estoy ahora, esperándote... para que me vuelvas a guiar.

viernes, 7 de marzo de 2014

Olvido imposibilitado.

Sé que hace un tiempo yo te dije que me consideraba a mí misma como una mujer con voluntad.
Que en su vida había hecho surgir grandes cambios radicales.
Sé que te dije que era una mujer que luchaba por lo que quería, que no se daba por vencida
facilmente.
Me describí como perseverante.
Pero hoy, en esta madrugada me estoy autocuestionando.
¿Soy perseverante o no seré, tal vez, una necia?.
Quizás lo único que soy es eso, necia y terca. Quizás sólo quiero que lo nuestro funcione cuando ambos sabemos que no hay oportunidad.
Entonces... ¿Qué debería hacer yo, sabiendo esto?.
¿Debería olvidarte?, pero... ¿qué hago con esto que tengo adentro?, ¿qué hago con estas poesías, escritos, cartas que nunca te entregué?, ¿qué hago con los besos que nunca me robaste?, ¿con las sonrisas?.
¿Qué hago con todo aquello que quería entregarte?.
No puedo simplemente quemar los manuscritos, no puedo cerrarle la puerta a mis sentimientos, no puedo evitar sonreír ante esos recuerdos que me carcomen cada madrugada.
Llamame loca, pero me es imposible olvidarte.

jueves, 6 de marzo de 2014

Soy dueña de aquello.

Sé que últimamente no estoy publicando demasiados escritos ni poesías.
Es que me es inevitable hacer referencias sobre aquel chico. Hablo sobre momentos puntuales, o varios de ellos... y no puedo publicar aquello debido a que sería como una violación a mi memoria, a mis recuerdos. Es algo privado, como un secreto.
Soy la dueña de esos momentos y no voy a venderlos. Ni siquiera a mi propia página de poesías, ni siquiera los añadiría a mi archivero de palabras.
Son míos, viven en aquellos escritos que están guardados en mi computadora. Viven en mi mente y no quiero sacarlos de allí. No quiero que se escapen, no quiero que una persona cualquiera los lea y sepa de su existencia.
No quiero que cualquiera que entre a esta página de mierda sepa lo que sentí aquella tarde en la que estuve con él, ni mucho menos quiero que sepa de la lindura de su sonrisa, de la histeria innecesaria que despierta en mí cada vez que desnuda sus dientes. No quiero que sepa lo que me dice, ni lo que le contesto.
Soy dueña de esos recuerdos. Soy dueña de lo que pasó. Y soy tan egoísta que no pienso compartirlo.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Me busco encontrándote.

Me busco,
y estoy sentada en frente del calendario,
tachando los días que restan para volver a verte.

Me busco,
y estoy frente a una hoja de papel,
escribiendo,
y reescribiendo tu nombre.

Me busco,
y estoy con la cara pegada a la almohada,
riendo,
sonriendo,
o llorando por tus palabras.

Me busco,
y estoy mirando a la luna,
pensándote,
creándote,
imaginándote,
allí sentado junto a mí,
allí abrazándome.

Me busco de tantas formas,
pero siempre me encuentro encadenada a tí.

Escrito imprevisto.

El hombre se encontraba en su lúgubre habitación, como en tantas otras veces.
Cualquiera deduciría que este hombre con fachada solemne, enredado entre sábanas de seda negra y trajes arrugados pensaba en su fatídica e intransingente infancia, o quizás en su desdichado presente. Cualquier persona mediocre podría llegar a esta conjetura  debido a que sus pupilas se dilataban cada vez que entrecerraba los ojos por culpa del imsomnio. Por más que aquel hombre fuese fuerte, y hasta en algunas tantas veces violento, no le quitaba lo humano, no le quitaba el miedo, ni los traumas de su pasado.
El pobre desgraciado no podría echarle la culpa al padre por dejarle semejantes traumas a lo largo de los años, pues claro,  la sociedad victoriana de ese momento era así y era respetable que la disciplina de un padre para con sus hijos sea de aquella forma.
De niño se le enseñó que el orgullo era lo último que se perdía. Que la sociedad se dividía en estratos y que tenía que manejarse a través de la pedantería con sus inferiores, imponer autoridad a sus iguales  y mostrar clemencia y lealtad a sus patrones.
Claro que este hombre creció acompañado de las falacias de su padre y madre. Pero de niño siempre fue clemente con sus inferiores y bastante imprudente con sus superiores, y por supuesto que eso conllevaba consecuencias.
Fue tanta la ferocidad de los golpes, la brusquedad en las palabras y el atraco de objetos valiosos en su vida que el niño terminó cambiando la indulgencia por la altivez.
A través de los años, se vio obligado a actuar con vanidad. Pero quién diría sino yo, que lo conozco tan bien, que a aquel hombre se le dilataban las pupilas cada vez que trataba con presunción a cualquier persona.
Su forma de ser lo acechaba, detestaba tener que seguir la indosincrasia de aquel país tan ennegrecido. Detestaba ser de los estratos sociales superiores, tener que tratar con petulancia a su ama de llaves delante de su padre o  mostrar honradez a un noble narcisista. O aún más, tener que estar casado con una mujer con millones de libras esterlinas, pero vanidosa, hipócrita y por sobre todo, infiel y embustera.
Pero esa era su vida, y sería así hasta el final.

Mi vida sin él.

Mi vida sin él era agobiante.
Era como tener un puñal en el corazón, como tener un nudo en la garganta impidiéndome respirar. Todo mi ser lo extrañaba, cada fibra de mi cuerpo gritaba su nombre y mi alma estaba totalmente deshecha y mis labios ya habían olvidado cómo sonreír.
Pero ésa era mi vida sin él, un fin lento y agobiante. Como si la mismísima pena me acompañara cada noche.

Olvido irreversible y vuelves.

Me obligué a olvidarte, a dejarte artás, a fingir que no fuiste nada para mí.
Pero realmente fuiste importante, me enamoré perdidamente de vos y no voy a mentir, pero decirlo hace que suene real y es un consuelo.
Con el tiempo me acostumbré a estar sin vos, a no recibir mensajes, me acostumbré al olvido.
Hasta que me volviste hablar.
Querías hablar conmigo para aclarar las cosas, decirme que si nunca pasó nada entre nosotros es porque no querías lastimarme, que era una buena persona y una muchacha que está para entablar una duradera relación y no un simple beso.
Me dijiste que vos sentís que las relaciones te asfixian, te atan y que no sentías nada por mí como para soportar aquello.
Me dolió.
Por otra parte, te notabas arrepentido, no parabas de repetir: "Debería haberte besado". Yo te dí las gracias. Irónico, ¿no?. Los dos sabemos perfectamente que la que salió malherida acá fui yo, hasta me aceptaste que hiciste mal las cosas, entonces... ¿qué hacía yo dándote las gracias? claro, te lo dije agradecida por no haberme besado.
Hubiera sido muy, muy doloroso para mí que me besaras y luego me dijeras "No estoy enamorado de vos". Así que gracias por no hacerlo.
Por otra parte, más allá de todo, agradezco las lindas sonrisas que me regalaste.
Y no, no quiero perderte del todo.
Me preguntaste: "¿Me querés seguir hablando? Si querés que me vaya de tu vida, juro, que no te vuelvo a molestar nunca más".
¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? ¿Vos largarte completamente de mi vida?, inaceptable.
No te vayas y no me dejes. Y aunque lo nuestro no va a ser, no quiero que te largues.

Extrañarte.

Durante un corto tiempo nos hablamos.
Sin buscar a nadie, te encontré y eso me bastó para enamorarme.
¿Y por qué me cortaste todo tan rápido? por las noches las charlas son casuales, yo quiero las de antes, yo quiero dormirme con una sonrisa en los labios.
Durante unos tres días te extrañé como una loca desquiciada, a veces me encontraba llorando por nada, y el problema era que me saturaba esa sensación de no tenerte.
Pronto me dí cuenta que te estabas hablando con otra chica.
Y... ¿ahora te tengo que olvidar?.
Qué corto fue el amor y que largo el olvido.

Verte.

Recibir esa llamada tuya en ese día fue una de las mejores cosas que me pasaron, la felicidad de escuchar tu voz diciendo que querías verme fue algo sencillamente... extraordinario.
Y más aún verte con esa sonrisa en la puerta de mi casa, abrazándome y preguntándome qué tal estaba.
Y bueno, pues, la respuesta era de maravilla... verte así, sonriéndome y riéndote como un niño de cinco años, con ese brillo excepcional en tus ojos me hizo sentir viva.
Y verte no sólo hizo que despertara ese vértigo en mi estómago, sino que hizo que mis ojos vieran lo que el corazón quería. Mi corazón te pedía a gritos.
Todo aquello parecía muy raro, esas cosas no me pasaban a mí. Nunca creí que algún chico aparecería en el umbral de la puerta, esperando verme, menos un chico al que yo quería. Menos vos.
Quedé extasiada durante horas, ni siquiera pude comer aquella noche. La sonrisa en mi cara era imborrable.
Pensaba en cómo iría acostarme aquella noche, cómo podría dormir con tantas cosas para , procesar, imaginar. Hasta que me dijiste que habías besado a otra muchacha, que la querías pero que ella a vos te trataba con presunción. ¿Cómo podría ser aquello?, ¿qué clase de juego macabro tenías pensado usar?, ¿pensabas en ilusionarme, hacerme sentir en el cielo y cortarme las alas?.
Lloré como una chiquilla, lloré durante dos horas. Sintiéndome mal.
¿Qué haría con todo lo que sentía?.
Sigo sin entender qué somos, qué pretendés de mí.
No te pido que me quieras. Solamente te pido que no te vayas, que no me dejes debido a que te necesito.
Empecé a necesitarte el primer día que me sonreíste. El primer día que probé tu mirada me volví adicta a ella.
No te vayas,
por favor.

¿Con él o sin él?

Estoy en un punto que sufro por estar sin él, o sufro por intentar estar con él.
Prefiero sufrir intentándolo.
Creo que cuando supe todo aquello, lo acepté y supe que me iba a ser complicado continuar con esto. ¿Pero qué mas da?, me enamoré de él y asumí la situación tal como era.
Y hago todo esto porque no quiero dejar esto así, sin probar sus labios, ni ver como sus pupilas se dilatan al verme aquella noche. Es que realmente me encantaría observar esas arrugas que se le forman cuando sonríe, o sostenerle la mirada sin tener que avergonzarme, o estrecharlo entre mis brazos más de dos segundos.
Y le sonrío al futuro que me depara, con sufrimiento o sin él.

Tarde.

Logré olvidarte, logré desterrarte (a medias) de mi corazón.
Y sin embargo, olvidé cerrar la puerta. Y vuelves, sonriéndome, con un "Lo siento" entre manos, como quien quiere la cosa y sabiendo que aquellas dos sencillas palabras lo arreglarían. Volviste creyendo que yo te quería, y lo hacía, y lo hago... y me decís que me querés una y otra y otra vez, como si no te cansaras.
No paro de darte vuelta la cara, ¿no se me nota que no quiero volver al mismo punto?. No es que no sienta nada, es que no quiero volver a lo mismo. No quiero tener que abrazarme a la almohada susurrando tu nombre una vez más.
Una parte de mí enlista las razones por las cuales tuve que olvidarte, la otra parte solamente se aferra a vos.
Decís que me querés para algo serio, decís que podrías sacrificar muchas cosas por mí. Y quizás puedas llegar a hacerlo. Y me gustaría probarte, una vez más.
Pero no, ya es tarde. Cuando yo paso de página lo hago definitivo. No releeré ese cuento una vez más.

Sin título.

Recuerdo que de pequeña me encontraba llorando por un niño un poco más grande que yo.
Lloraba porque sentía que él no me querría nunca, que era imposible que algún día me mirara con otros ojos. Lloraba porque creía que todo se debía a que era fea, gorda, me faltaba lo guapa y hasta quizás debería ser más lista.
Desde ese momento hasta hoy sufrí una metamorfósis que produjo en mí cambios radicales.
Creo que a esa edad decidí cumplir el rol de leona y luchar por lo que quería.
Tengo marcas de guerra conmigo misma, tengo muchas cosas por las cuales pedirme perdón, pero dejar de luchar nunca fue una de ellas. Nunca me dí por vencida.

Darse cuenta.

Y hoy me doy cuenta de lo que soy, de lo que puedo ser capaz, de los logros que puedo tener y de la voluntad que poseo.
Me dí cuenta que los cambios radicales existen, que el camino puede mejorar, se puede ramificar y que hay miles de opciones para seguir.
Me dí cuenta que la vida se construye, pieza a pieza. También me dí cuenta que el destino se escribe y que uno lo puede modificar. Nada es seguro, nada tiene garantía, pero uno debe luchar para proteger lo suyo y lo que quiere sustentar.
Aprendí a recibir con una sonrisa las adversidades, a tener un corazón de felpa y a mantener la puerta abierta hacia las nuevas ocasiones que la vida poco a poco obsequia. Aprendí a agachar la cabeza en muestra de docilidad y aprendí a alzar el mentón en modo de sublevación.
Aprendí que a algunas reglas están para ser acatadas y otras tantas para ser refutadas. También aprendí a que uno tiene que elevar la voz por uno mismo, poque otro por vos no lo hará.
Pero aprendí, sobre todas las cosas, a dar batalla con el corazón.

viernes, 17 de enero de 2014

Carta a mi pequeña yo.

Pequeña yo:
No sé si vas a terminar de entender quién te escribe esta carta... Soy vos, quiero decir, soy vos de grande, unos cuantos años más grande de lo que sos en este momento.
Este tema me está dando vueltas la cabeza desde hace un tiempo, y creo que debo escribírtelo, porque merecés explicaciones y un consejo mío, el que me hubiera gustado recibir en ese momento.
Sé que creés que no sos linda, que tenes mucho por decirles, pero nadie te escucha... Sé que te cargan, sé que duele. Lo sé tan bien que se puede decir que lo viví en carne propia. Sé que no te unen a las salidas, que cuando encontrás algo para tapar tu cuerpo lo hacés, que crees que esto nunca va a cambiar, que nunca nadie podría llegar a enamorarse de vos, que nunca nadie podría mirar más allá de tu grasa, que nunca podrías ser la atención de nadie. Sé lo que se te cruza por la cabeza cuando ves a tus compañeras en bikini, sé lo que pensás cuando te ves en maya al espejo, sé lo que sentís cuando te critican por tu cuerpo, cuando te rechazan una y otra vez. Sé lo que es hacer dieta y ver a los demás comiendo, sé lo que se siente cuando te pregunta por qué las hacés. Sé lo que se siente que te escupan porque sos gorda, que te insulten y hasta peguen. Y hasta sé como es el gusto de tus lágrimas.
¿Y sabés que más sé? Que a pesar de todo eso, podés ser una persona maravillosa.
También tenés que saber que eso no va a terminar ahí, que la vas a tener que luchar para cambiar, para poder ser otra, para que no te pase más esto. Tenés que saber que vas a llegar a extremos inimaginables y que vas a hacer estupideces, que no te vas a querer muchísimas veces, y que vas llegar a dañarte. Y lo único que puedo decirte contra eso es que seas fuerte.
Pero también tenés que saber que todo cambia, que un buen futuro te depara, que la adolescencia es linda y que no vas a ser excluída, que los chicos te van a mirar con dulzura y te vas a enamorar con muchísima pasión.
Y te voy a decir algo, a esos que te cargan, critican, no los vas a ver nunca más en tu vida, vas a superarte de tal manera que no te va importar nada de ellos, que no te va importa mostrarles que estás feliz, que el cuerpo cambia pero la mentalidad no. Te vas a superar de tal forma que no te va interesar ninguno de ellos, porque hasta tus amigos te van a fallar.
Vos podés ser todo lo que quieras ser, tenés que verte al espejo y darte frases de ánimo. ¿Ves como te quiero, cuanto afecto te tengo al hacerte esta carta? ¿No me querés vos también por lo que te digo?, bueno, ésta es la nosotras que queremos, ¿no?. Ésta somos. Ésto sos. Con tus defectos y virtudes, pero hacete escuchar,  no llores más que todo cambia, tu sufrimiento es pasajero y todo mejora.
Y no te preocupes por los que te rodean, al fin y al cabo todo lo malo se va a ir y eso los incluye.
Así que, pequeña yo, este es mi consejo, hacete escuchar, gritá si es necesario y ya vas a tener la satisfacción de dejar todo eso atrás.
Te amo y tenés muchos motivos para amarte. El físico no tiene que ser algo contrarrestante para vos.
Espero que recibas esta carta, ojalá pueda de alguna manera hacerte llegar.
Con amor,
Vos.