Lo miró con todo el miedo del mundo contenido en sus ojos, lo miró y abrió la boca mientras encerraba a la ansiedad en un baúl bajo llave, en lo recóndito de su alma.
— Yo te quiero y sé que no es conveniente, pero nunca me interesó saber qué es bueno para mí. Creo que toda cosa linda en esta vida acarrea como efecto colateral al dolor. La vida es un coexistir entre la angustia y la alegría.
Él se quedó callado jugando con el borde del mantel. Siete años más grande al pedo, pensó ella, ni siquiera sabe qué hacer.
— No me querés lastimar, lo sé — continuó diciendo — pero también tenés que entender que tomando esta decisión me estás dejando en la nada y eso, para una persona como yo, es peor que el dolor.
Entonces él se levantó y dejó caer sus manos a los costados.
— Estoy cansado de lastimar gente, reconozco que soy una mierda.
Ella suspiró, agotada, saturada del tema y de intentar modificar las cuestiones. El orden de los factores no afecta al producto, lo sabía pero no lo tenía en cuenta.
— Si a mí no me importa cómo salgo de esto a vos tampoco debería importante. No sé, Irreversible.
Él frunce el ceño, intentaba buscar las palabras adecuadas.
— Sos masoquista y tenés alma de poeta, poesía que se escribe con la sangre y no con la tinta. Y que no te importe lastimarte me da el doble de responsabilidad porque a mi sí me interesa, no es algo que yo quiera. Vórtice, no quiero que te rompas.
— Ya estoy rota. Y yo creí que en eso estábamos igual pero hay algo que nos diferencia: a mí algo de vida me queda. Yo todavía siento y respiro. Vos, en cambio, estás muerto.
Y como dandole la razón, la miró a los ojos por primera vez en toda la conversación. No había rastros de vida en esas dos esferas negras, ella lo sabía, y por eso quería darle de la suya. Quería enseñarle que no todo se trataba de destruir y en el intento, cayó destruida.
— Perdón, V. Sé que no es la respuesta que esperás, pero es la que tengo.
El silencio definitivo de la chica le puso fin a todo. Internamente pensó que este no sería su momento y que ojalá, cuando lo fuese, sepa volver.
Después de todo, el tiempo y la distancia no le molestaban.
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
jueves, 6 de agosto de 2015
Últimas palabras de Irreversible y Vórtice
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