sábado, 4 de abril de 2015

Indulto

Te ví durante estos tres días caminando taciturno, cabizbajo y orando tristemente. Fue casi imposible contener esas ganas de abrazarte que parecían intentar controlar mis brazos, tan complicado me resultó, que por un momento pensé que mi corazón no estaba preparado para soportar aquella tortura. Sentí que me hacía cenizas. Después me acordé que vos no valorás esos gestos de amor genuino que siempre quise demostrarte, entonces me alejé (nuestra historia, ¿no?. Vos manejado por la auto-destrucción y yo por el desamor).
Supongo que no me imaginé que estabas tratando de encontrarme. Por eso, cuando estaba saliendo por la puerta y me agarraste la mano mientras me decías (algo avergonzado): "¿Te parece si te llevo a tomar algo?" me mostré sorprendida. No te esperaba ahí parado, con una invitación entre manos y una media sonrisa tan dulce.
Ya sé, pensarás "si tan dulce fue, ¿por qué no me dijiste que si?". Rechacé tu invitación porque ya aprendí que nosotros dos no vamos a llegar a ningún lado nunca y que me hacés tanto mal que prefiero mantenerme a una distancia en la cual no alcances a lastimarme.
Entonces pasó algo que me sorprendió aún más y me dejó anonadada. Dijiste algo que pensé que jamás lo escucharía de tu boca: "Perdón. Realmente la pifié con vos".
No es enteramente tu culpa, es de los dos. Yo idealicé algo que no eras, y vos no me quisiste lo suficiente para decir "no".
Pero está bien, yo te perdoné desde el primer momento en el que te concí.



No hay comentarios:

Publicar un comentario