Me obligué a olvidarte, a dejarte artás, a fingir que no fuiste nada para mí.
Pero realmente fuiste importante, me enamoré perdidamente de vos y no voy a mentir, pero decirlo hace que suene real y es un consuelo.
Con el tiempo me acostumbré a estar sin vos, a no recibir mensajes, me acostumbré al olvido.
Hasta que me volviste hablar.
Querías hablar conmigo para aclarar las cosas, decirme que si nunca pasó nada entre nosotros es porque no querías lastimarme, que era una buena persona y una muchacha que está para entablar una duradera relación y no un simple beso.
Me dijiste que vos sentís que las relaciones te asfixian, te atan y que no sentías nada por mí como para soportar aquello.
Me dolió.
Por otra parte, te notabas arrepentido, no parabas de repetir: "Debería haberte besado". Yo te dí las gracias. Irónico, ¿no?. Los dos sabemos perfectamente que la que salió malherida acá fui yo, hasta me aceptaste que hiciste mal las cosas, entonces... ¿qué hacía yo dándote las gracias? claro, te lo dije agradecida por no haberme besado.
Hubiera sido muy, muy doloroso para mí que me besaras y luego me dijeras "No estoy enamorado de vos". Así que gracias por no hacerlo.
Por otra parte, más allá de todo, agradezco las lindas sonrisas que me regalaste.
Y no, no quiero perderte del todo.
Me preguntaste: "¿Me querés seguir hablando? Si querés que me vaya de tu vida, juro, que no te vuelvo a molestar nunca más".
¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? ¿Vos largarte completamente de mi vida?, inaceptable.
No te vayas y no me dejes. Y aunque lo nuestro no va a ser, no quiero que te largues.
No hay comentarios:
Publicar un comentario