lunes, 5 de mayo de 2014

Oscuridad despreocupada y me dejas.

Y en la desorientada oscuridad, me abrazaste. Me dijiste que me guiarías y que me cuidarías pase lo que pase.
Tu voz... tan despreocupada como siempre, diciéndome que serías capaz de muchas cosas por mí.
Tu mano... posicionada rígida sobre mi cintura, me demostraba tanta seguridad que me terminé entregando a tu voluntad ciegamente, sabiendo que nada me pasaría porque estarías allí para sostenerme si me caía.
Y el problema era que no me importaba realmente a dónde me llevarías, no mientras estuvieras a mi lado guiándome entre las imperceptibles sombras de la multitud. No me importaba hasta dónde llegarían mis sentimientos, ni siquiera qué es lo que harías con ellos después de saber que estaría con vos a pesar de todo
Me abrazaste y luego tomaste mi mano, sentía tu pecho en mi espalda y tu respiración en mi oreja. Tu presencia me indicaba que todo iría bien, entonces me tomaste de la mano y nos inyectamos en el enorme enjambre de gente que conformaba aquella multitud en medianoche.
Fue increíble como cada paso tuyo condicionaba el mío, como tu lenguaje corporal me indicaba a dónde debería ir.
Hasta que me soltaste la mano y quedé en una rotunda oscuridad. Absorbida por el tumulto y el bullicio atronador.
Y quedé ahí, donde estoy ahora, esperándote... para que me vuelvas a guiar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario