miércoles, 13 de agosto de 2014

Me gusta pensar.

A veces me gusta pensar que si lo queremos,
podemos ser lo que realmente deseamos,
que si cierro los ojos aparecerías,
magicamente,
de la nada,
en la otra punta de mi cama.

A veces me gusta pensar que si lo queremos,
podemos ser lo que realmente deseamos,
que si cierro los ojos estarías allí tomándome de la mano,
susurrándome al oído,
¿o quién dice?,
besándome entre sábanas desprolijas.

A veces me gusta pensar que estamos destinados,
que tu mano se hizo para encajar con mi mano,
que tus ojos se hicieron para conectarse con los míos,
que mis terminaciones nerviosas existen tan sólo,
y únicamente,
para que cuando me toques pueda llegar,
a esa sensibilidad extasiante.

A veces me gusta pensar que si toco el timbre de tu casa,
si me ves en el umbral,
y si te lo digo,
y si te sonrío,
lo sabrías,
pero...
¿te quedarías?.

A veces me gusta pensar que sí,
que te quedarías,
que te prepararías para eso,
para esto que está por venir.


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