Mi vida sin él era agobiante.
Era como tener un puñal en el corazón, como tener un nudo en la garganta impidiéndome respirar. Todo mi ser lo extrañaba, cada fibra de mi cuerpo gritaba su nombre y mi alma estaba totalmente deshecha y mis labios ya habían olvidado cómo sonreír.
Pero ésa era mi vida sin él, un fin lento y agobiante. Como si la mismísima pena me acompañara cada noche.
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