Recibir esa llamada tuya en ese día fue una de las mejores cosas que me pasaron, la felicidad de escuchar tu voz diciendo que querías verme fue algo sencillamente... extraordinario.
Y más aún verte con esa sonrisa en la puerta de mi casa, abrazándome y preguntándome qué tal estaba.
Y bueno, pues, la respuesta era de maravilla... verte así, sonriéndome y riéndote como un niño de cinco años, con ese brillo excepcional en tus ojos me hizo sentir viva.
Y verte no sólo hizo que despertara ese vértigo en mi estómago, sino que hizo que mis ojos vieran lo que el corazón quería. Mi corazón te pedía a gritos.
Todo aquello parecía muy raro, esas cosas no me pasaban a mí. Nunca creí que algún chico aparecería en el umbral de la puerta, esperando verme, menos un chico al que yo quería. Menos vos.
Quedé extasiada durante horas, ni siquiera pude comer aquella noche. La sonrisa en mi cara era imborrable.
Pensaba en cómo iría acostarme aquella noche, cómo podría dormir con tantas cosas para , procesar, imaginar. Hasta que me dijiste que habías besado a otra muchacha, que la querías pero que ella a vos te trataba con presunción. ¿Cómo podría ser aquello?, ¿qué clase de juego macabro tenías pensado usar?, ¿pensabas en ilusionarme, hacerme sentir en el cielo y cortarme las alas?.
Lloré como una chiquilla, lloré durante dos horas. Sintiéndome mal.
¿Qué haría con todo lo que sentía?.
Sigo sin entender qué somos, qué pretendés de mí.
No te pido que me quieras. Solamente te pido que no te vayas, que no me dejes debido a que te necesito.
Empecé a necesitarte el primer día que me sonreíste. El primer día que probé tu mirada me volví adicta a ella.
No te vayas,
por favor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario