miércoles, 5 de marzo de 2014

Extrañarte.

Durante un corto tiempo nos hablamos.
Sin buscar a nadie, te encontré y eso me bastó para enamorarme.
¿Y por qué me cortaste todo tan rápido? por las noches las charlas son casuales, yo quiero las de antes, yo quiero dormirme con una sonrisa en los labios.
Durante unos tres días te extrañé como una loca desquiciada, a veces me encontraba llorando por nada, y el problema era que me saturaba esa sensación de no tenerte.
Pronto me dí cuenta que te estabas hablando con otra chica.
Y... ¿ahora te tengo que olvidar?.
Qué corto fue el amor y que largo el olvido.

Verte.

Recibir esa llamada tuya en ese día fue una de las mejores cosas que me pasaron, la felicidad de escuchar tu voz diciendo que querías verme fue algo sencillamente... extraordinario.
Y más aún verte con esa sonrisa en la puerta de mi casa, abrazándome y preguntándome qué tal estaba.
Y bueno, pues, la respuesta era de maravilla... verte así, sonriéndome y riéndote como un niño de cinco años, con ese brillo excepcional en tus ojos me hizo sentir viva.
Y verte no sólo hizo que despertara ese vértigo en mi estómago, sino que hizo que mis ojos vieran lo que el corazón quería. Mi corazón te pedía a gritos.
Todo aquello parecía muy raro, esas cosas no me pasaban a mí. Nunca creí que algún chico aparecería en el umbral de la puerta, esperando verme, menos un chico al que yo quería. Menos vos.
Quedé extasiada durante horas, ni siquiera pude comer aquella noche. La sonrisa en mi cara era imborrable.
Pensaba en cómo iría acostarme aquella noche, cómo podría dormir con tantas cosas para , procesar, imaginar. Hasta que me dijiste que habías besado a otra muchacha, que la querías pero que ella a vos te trataba con presunción. ¿Cómo podría ser aquello?, ¿qué clase de juego macabro tenías pensado usar?, ¿pensabas en ilusionarme, hacerme sentir en el cielo y cortarme las alas?.
Lloré como una chiquilla, lloré durante dos horas. Sintiéndome mal.
¿Qué haría con todo lo que sentía?.
Sigo sin entender qué somos, qué pretendés de mí.
No te pido que me quieras. Solamente te pido que no te vayas, que no me dejes debido a que te necesito.
Empecé a necesitarte el primer día que me sonreíste. El primer día que probé tu mirada me volví adicta a ella.
No te vayas,
por favor.

¿Con él o sin él?

Estoy en un punto que sufro por estar sin él, o sufro por intentar estar con él.
Prefiero sufrir intentándolo.
Creo que cuando supe todo aquello, lo acepté y supe que me iba a ser complicado continuar con esto. ¿Pero qué mas da?, me enamoré de él y asumí la situación tal como era.
Y hago todo esto porque no quiero dejar esto así, sin probar sus labios, ni ver como sus pupilas se dilatan al verme aquella noche. Es que realmente me encantaría observar esas arrugas que se le forman cuando sonríe, o sostenerle la mirada sin tener que avergonzarme, o estrecharlo entre mis brazos más de dos segundos.
Y le sonrío al futuro que me depara, con sufrimiento o sin él.

Tarde.

Logré olvidarte, logré desterrarte (a medias) de mi corazón.
Y sin embargo, olvidé cerrar la puerta. Y vuelves, sonriéndome, con un "Lo siento" entre manos, como quien quiere la cosa y sabiendo que aquellas dos sencillas palabras lo arreglarían. Volviste creyendo que yo te quería, y lo hacía, y lo hago... y me decís que me querés una y otra y otra vez, como si no te cansaras.
No paro de darte vuelta la cara, ¿no se me nota que no quiero volver al mismo punto?. No es que no sienta nada, es que no quiero volver a lo mismo. No quiero tener que abrazarme a la almohada susurrando tu nombre una vez más.
Una parte de mí enlista las razones por las cuales tuve que olvidarte, la otra parte solamente se aferra a vos.
Decís que me querés para algo serio, decís que podrías sacrificar muchas cosas por mí. Y quizás puedas llegar a hacerlo. Y me gustaría probarte, una vez más.
Pero no, ya es tarde. Cuando yo paso de página lo hago definitivo. No releeré ese cuento una vez más.

Sin título.

Recuerdo que de pequeña me encontraba llorando por un niño un poco más grande que yo.
Lloraba porque sentía que él no me querría nunca, que era imposible que algún día me mirara con otros ojos. Lloraba porque creía que todo se debía a que era fea, gorda, me faltaba lo guapa y hasta quizás debería ser más lista.
Desde ese momento hasta hoy sufrí una metamorfósis que produjo en mí cambios radicales.
Creo que a esa edad decidí cumplir el rol de leona y luchar por lo que quería.
Tengo marcas de guerra conmigo misma, tengo muchas cosas por las cuales pedirme perdón, pero dejar de luchar nunca fue una de ellas. Nunca me dí por vencida.

Darse cuenta.

Y hoy me doy cuenta de lo que soy, de lo que puedo ser capaz, de los logros que puedo tener y de la voluntad que poseo.
Me dí cuenta que los cambios radicales existen, que el camino puede mejorar, se puede ramificar y que hay miles de opciones para seguir.
Me dí cuenta que la vida se construye, pieza a pieza. También me dí cuenta que el destino se escribe y que uno lo puede modificar. Nada es seguro, nada tiene garantía, pero uno debe luchar para proteger lo suyo y lo que quiere sustentar.
Aprendí a recibir con una sonrisa las adversidades, a tener un corazón de felpa y a mantener la puerta abierta hacia las nuevas ocasiones que la vida poco a poco obsequia. Aprendí a agachar la cabeza en muestra de docilidad y aprendí a alzar el mentón en modo de sublevación.
Aprendí que a algunas reglas están para ser acatadas y otras tantas para ser refutadas. También aprendí a que uno tiene que elevar la voz por uno mismo, poque otro por vos no lo hará.
Pero aprendí, sobre todas las cosas, a dar batalla con el corazón.

viernes, 17 de enero de 2014

Carta a mi pequeña yo.

Pequeña yo:
No sé si vas a terminar de entender quién te escribe esta carta... Soy vos, quiero decir, soy vos de grande, unos cuantos años más grande de lo que sos en este momento.
Este tema me está dando vueltas la cabeza desde hace un tiempo, y creo que debo escribírtelo, porque merecés explicaciones y un consejo mío, el que me hubiera gustado recibir en ese momento.
Sé que creés que no sos linda, que tenes mucho por decirles, pero nadie te escucha... Sé que te cargan, sé que duele. Lo sé tan bien que se puede decir que lo viví en carne propia. Sé que no te unen a las salidas, que cuando encontrás algo para tapar tu cuerpo lo hacés, que crees que esto nunca va a cambiar, que nunca nadie podría llegar a enamorarse de vos, que nunca nadie podría mirar más allá de tu grasa, que nunca podrías ser la atención de nadie. Sé lo que se te cruza por la cabeza cuando ves a tus compañeras en bikini, sé lo que pensás cuando te ves en maya al espejo, sé lo que sentís cuando te critican por tu cuerpo, cuando te rechazan una y otra vez. Sé lo que es hacer dieta y ver a los demás comiendo, sé lo que se siente cuando te pregunta por qué las hacés. Sé lo que se siente que te escupan porque sos gorda, que te insulten y hasta peguen. Y hasta sé como es el gusto de tus lágrimas.
¿Y sabés que más sé? Que a pesar de todo eso, podés ser una persona maravillosa.
También tenés que saber que eso no va a terminar ahí, que la vas a tener que luchar para cambiar, para poder ser otra, para que no te pase más esto. Tenés que saber que vas a llegar a extremos inimaginables y que vas a hacer estupideces, que no te vas a querer muchísimas veces, y que vas llegar a dañarte. Y lo único que puedo decirte contra eso es que seas fuerte.
Pero también tenés que saber que todo cambia, que un buen futuro te depara, que la adolescencia es linda y que no vas a ser excluída, que los chicos te van a mirar con dulzura y te vas a enamorar con muchísima pasión.
Y te voy a decir algo, a esos que te cargan, critican, no los vas a ver nunca más en tu vida, vas a superarte de tal manera que no te va importar nada de ellos, que no te va importa mostrarles que estás feliz, que el cuerpo cambia pero la mentalidad no. Te vas a superar de tal forma que no te va interesar ninguno de ellos, porque hasta tus amigos te van a fallar.
Vos podés ser todo lo que quieras ser, tenés que verte al espejo y darte frases de ánimo. ¿Ves como te quiero, cuanto afecto te tengo al hacerte esta carta? ¿No me querés vos también por lo que te digo?, bueno, ésta es la nosotras que queremos, ¿no?. Ésta somos. Ésto sos. Con tus defectos y virtudes, pero hacete escuchar,  no llores más que todo cambia, tu sufrimiento es pasajero y todo mejora.
Y no te preocupes por los que te rodean, al fin y al cabo todo lo malo se va a ir y eso los incluye.
Así que, pequeña yo, este es mi consejo, hacete escuchar, gritá si es necesario y ya vas a tener la satisfacción de dejar todo eso atrás.
Te amo y tenés muchos motivos para amarte. El físico no tiene que ser algo contrarrestante para vos.
Espero que recibas esta carta, ojalá pueda de alguna manera hacerte llegar.
Con amor,
Vos.